Francisca Vargas, la bruja del Carrizal que se convertía en cabro y en lechuza

En 1938, en los tiempos del general Carías, hubo mujeres acusadas de hechiceras y raterismo. Del archivo digital de www.erandique.com extrajimos a algunas de las más famosas

  • Actualizado: 29 de agosto de 2026 a las 10:18
Francisca Vargas, la bruja del Carrizal que se convertía en cabro y en lechuza

Tegucigalpa, Honduras.- En El Carrizal, el nombre de Francisca Vargas provocaba escalofríos. Lo mejor era no meterse con ella, cambiarse de acera para evitar problemas, bajarle la mirada, rezar un Padre Nuestro y tres Ave María...

Nadie se atrevía a cuestionarla o a irrespetarla. Pero dicen que a todo chancho le llega su Nochebuena.

“La Policía de Investigación tuvo conocimiento hace varios días que la señora Francisca Vargas se dedicaba a operaciones de brujería en las aldeas de La Cuesta y El Carrizal, poniendo en alarma a todos aquellos vecinos en donde se había hecho general la creencia entre la gente sencilla que ella tenía pacto con el Diablo”, publicó Revista de Policía en su edición del 31 de diciembre de 1938.

Y agregaba que algunos informantes aseveraron “haber visto a la señora Vargas convertida en cabro o en lechuza; pero la Investigación, en vista de que ninguno había sido perjudicado por la supuesta bruja Vargas, no hizo ningún mérito”.

Doña Paca —me disculpan lo confianzudo— quedó en libertad, pero siguió en las andadas y fue capturada después de que varias personas acudieron a la Policía a denunciarla.

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La señora Francisca Vargas prestó servicios médicos a algunos enfermos a quienes aplicó herbajes que les provocaron vómitos y dolores de estómago, agravando el estado de dichos pacientes, por cuyo motivo se ordenó su captura, la que se efectuó el 22 de noviembre recién pasado —relató Revista de Policía.

Durante el interrogatorio en el Departamento de Investigación, declaró, sin un asomo de arrepentimiento, que se dedicaba a curar enfermos con raíces y cascaritas de plantas, cebos y mantecas de animalitos silvestres.

—Creo que me encuentro detenida por denuncia de un señor de apellido Gómez, porque no le hizo efecto un medicamento que preparé para curarlo de una enfermedad. Yo le cobré cien lempiras y él estuvo de acuerdo y hasta me pagó por adelantado treinta y tres lempiras —comenzó declarando la acusada.

—¿Qué pasó después? —le preguntaron a la bruja, digo, a doña Paca.

—Le preparé varias botellas con un medicamento compuesto de raíces de coralillo, coyol, friegaplato, lengua de ciervo, contrahierba, marapacica, conchas de jinicuao, berbería, cohoyos de molulú, apazote, granos de culantro, cebada, anís, canela, alhucema, ajonjolí y otros que no recuerdo.

—¿Y el señor Gómez se lo tomó?

—Sí, por copitas, pero con las primeras dosis le atacó un fuerte dolor de estómago... Le preparé un lavado intestinal con raíces de berro, conchas de caulote, jugo de limón y jabón de cerdo, porque se le habían atornillado los intestinos.

Francisca Vargas concluyó diciendo: “Nunca me he convertido en lechuza ni en cabro... Si así fuera, ya me hubiera salido de la bartolina”.

La bruja estuvo encerrada solamente unos días. No se sabe si le puso fin a su pacto con El Cachudo o si siguió en las andadas. De eso hace ochenta y ocho años, y yo estaba lejos de nacer.

Francisca Vargas fue señalada en 1938 por habitantes de El Carrizal y La Cuesta de practicar brujería y tener, según las creencias populares, un supuesto pacto con el Diablo.

OTRA BRUJA

Antonia Salinas fue capturada en el Barrio Abajo. Como doña Francisca Vargas, también fue acusada de hechicería.

La Policía tomó la denuncia, llegó a su casa y, al revisar su cuarto, encontró debajo de la cama dos muñecos de cera, uno semejando un hombre y el otro a una mujer, amorosamente abrazados y traspasados por alfileres.

Los muñecos aludidos —informó Revista de Policía— fueron encontrados dentro de una caja de cartón, arropados con una camisa usada de hombre; en la misma caja había un par de ataderas, hojas de ruda, cuatro candelas, una en cada esquina de la caja, y unas cartas eróticas firmadas por un señor Escoto S., para quien se supone había sido preparado el mencionado maleficio, el que puede verse en medio del fotograbado.

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Al ser interrogada, Antonia Salinas dijo, con toda la tranquilidad del mundo, que se dedicaba a “amarrar” a los hombres para que estos fueran sometidos por las mujeres a su voluntad.

“Mis amarres convierten a un hombre en esclavo y lo dejan sujeto a la voluntad de la enamorada, afianzando amor y fidelidad perpetuamente”, señaló Antonia Salinas.

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No era la primera vez que la “amarradora” había sido detenida. El 15 de marzo de 1935 fue detenida por robarse unos trastos de cocina en perjuicio de varios vecinos; el 24 de enero de 1937 fue detenida por robarle 28.45 lempiras al señor Antonio Silva. El 15 de agosto de 1938 quedó nuevamente detenida por estafar con varios lempiras a la señora Gregoria Lagos.

Revista de Policía concluía la crónica con el siguiente consejo: “Debemos cuidarnos y prevenirnos de estas peligrosas aves que abundan en nuestro medio, que por un modus vivendi, ignorancia o por espíritu de crueldad son capaces de hacer ingerir bebidas asquerosas o tóxicas que pueden causar trastornos orgánicos, locura o despedir a los confiados de este mundo de VIVOS”.

La Revista de Policía documentó en la década de 1930 los casos de mujeres acusadas de hechicería, estafa y robo, entre ellas Martha Rodezno Bueso, una joven señalada por varios hurtos en Tegucigalpa.

COLECCIÓN DE FICHAS

Decía la gente de antes que “en los tiempos de mi general Carías los hondureños dormíamos con las puertas y ventanas abiertas y nadie se metía a robar”.

Nos han mentido.

Es cierto que los niveles de delincuencia de ese entonces son “bombones” si los comparamos con los de las últimas décadas, pero eso no quiere decir que todo era color de rosa.

Delincuentes había, incluyendo a mujeres. Martha Rodezno Bueso, originaria de Santa Rosa de Copán, de apenas 18 años, soltera, de oficios domésticos, era una de las ladronas más conocidas de Tegucigalpa.

Encontramos su historia en el Archivo Digital de www.erandique.com en Revista de Policía.

El 25 de agosto de 1938 fue detenida por la Oficina de Investigación, acusada de robar ropa en una casa particular. El 19 de septiembre volvió a ser detenida por robarle un par de zapatillas a la señora Corina de Bustamante.

Desde robos de artículos personales, hasta por preparar bebedizos que ponían en peligro la salud de sus clientes, estas mujeres enfrentaban varias acusaciones.

Quedó en libertad, pero apenas nueve días más tarde fue detenida, según narra Revista de Policía, “a pedimento del señor Anselmo Maradiaga, por haberle encontrado abriendo una gaveta en su Agencia Fiscal y haberle dado una pedrada a la señora Celestina Flores”.

Revista de Policía agrega: “Martha Rodezno Bueso fue detenida nuevamente el 13 de octubre de 1938, a pedimento de la señora Catalina Maradiaga, por haberle hurtado varias prendas de vestir de su uso personal juntamente con la suma de ocho lempiras con nueve centavos”.

Martha Rodezno Bueso también desapareció del radar de la temida Policía de la dictadura de Tiburcio Carías Andino. ¿Habrá ido donde doña Francisca para que le enseñara el arte de convertirse en lechuza?

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