Tegucigalpa, Honduras.- Santos Gómez cantó con la claridad de un jilguero. Aunque al inicio del interrogatorio negó su participación en el asesinato del doctor Francisco Sánchez, director del Hospital General San Felipe, el interrogatorio al que fue sometido en las oficinas de la Central de Policía "aclaró su mente y afinó su garganta".
El general Camilo R. Reina, jefe de la temida Policía Nacional del gobierno de Tiburcio Carías Andino, acababa de doblegar al detenido y de inmediato ordenó la búsqueda y captura de Trinidad Saborío, cabecilla de los criminales.
Lea aquí la primera parte de este reportaje: 1935: El crimen del doctor Sánchez, director del Hospital San Felipe
Una vez cometido el asesinato del doctor Sánchez, su vehículo estuvo aparcado durante más de siete horas frente a una casa de habitación ubicada en Los Nichos, en la carretera que conduce de Tegucigalpa hacia el sur del país. Hasta allí llegaron los subalternos del general Reina.
Saborío no estaba, pero los agentes de investigación encontraron un pantalón, un machete, un saco rasgado y un pedazo de cabuya.
Regresaron de inmediato a la Central de Policía. En el análisis de laboratorio fueron descubiertas manchas de sangre en la bragueta del pantalón.
El general Reina ordenó intensificar la búsqueda de Saborío.
Alguien "sopló" dónde estaba escondido y fue capturado en horas de la noche en La Leona. Tenía un revólver .38 Special, alrededor de veinticinco balas, tres lempiras y un disfraz que le permitió ocultar su verdadera identidad durante poco tiempo.
Era el segundo integrante de la banda en ser capturado; el primero fue Santos Gómez.
Doscientos lempiras
El interrogatorio de Trinidad Saborío inició a las nueve de la noche y terminó tres horas más tarde. Al principio lo negó todo y se declaró inocente. Es posible que haya recibido más que simples coscorrones, pues la Policía Nacional del general Carías era famosa por la brutalidad de sus métodos. Así, Saborío lo confesó todo.
Los demás miembros de la banda fueron capturados con rapidez: Gregorio Baquedano, en la aldea La Soledad, y Pablo Aplícano, en Tegucigalpa.
Hilaria de Saborío, esposa del líder de la banda, solicitó al general Reina el envío de seguridad. Los agentes asignados fueron Félix Orantes, Leonidas Funes y Héctor Padilla.
"Estuvimos allí hasta que oscureció y se puso la luna —narraría uno de los agentes—, y en ese momento empezaron a ladrar los perros de la casa cuando llegaron dos individuos. Les dijimos que se detuvieran y comenzaron a disparar. Nosotros respondimos; ellos emprendieron la huida y fue imposible capturarlos".
Mientras tanto, el cadáver del doctor Sánchez era velado en el Hospital San Felipe, donde permanecería veinte horas antes de ser trasladado al Paraninfo de la Universidad Central. Al velatorio asistieron el propio presidente Carías Andino, ministros, médicos y más de tres mil particulares, entre ellos pacientes y amigos del infortunado.
El doctor Sánchez fue sepultado en el Cementerio General.
"Jamás la ciudad de Tegucigalpa había experimentado la conmoción de esta mañana, cuando de boca en boca corría la noticia de que el doctor Francisco Sánchez, director general del Hospital San Felipe, había sido asesinado en un punto de la carretera del Sur", dijo Diario La Época.
Más detalles del asesinato emergieron a medida que los interrogatorios a los capturados continuaban. Antes de asesinarlo, Trinidad Saborío hizo firmar al doctor Sánchez un cheque por doscientos lempiras, que más tarde cambiaría en el Banco Atlántida."Durante el registro en la casa de Hilaria Velásquez de Saborío —informó la Revista de Policía—, los agentes encontraron un cuadro con el dibujo de un anciano de barba larga, y se cree que de esa pintura tomó modelo Trinidad Saborío para disfrazarse, además de varias botellas de cerveza".
Según las averiguaciones realizadas por el general Reina, la banda interceptó al doctor Sánchez cuando este iba a la altura de la zona conocida como "La Burrera", en Tegucigalpa. Lo amarraron y lo llevaron hasta Los Nichos, en El Tizatillo.
Su cadáver fue encontrado a la orilla de la carretera, dentro del monte, atado miserablemente con fuertes pitas. El presidente Carías Andino fue notificado de inmediato, relató La Época en su edición de la tarde del 5 de julio.
Saborío, exagente de la policía en Puerto Cortés
Trinidad Saborío tenía treinta y siete años al momento de cometer el asesinato del doctor Sánchez. Estaba casado con Hilaria Velásquez. Era chofer y agricultor. Durante la administración del general Rafael López Gutiérrez se desempeñó como agente de la Policía en Puerto Cortés.
Narración de la Revista de Policía:
"Cerca de cuatrocientas personas, llenas de la más ardiente curiosidad, contemplaron la captura del ya famoso delincuente, hecho que tuvo por escenario la casa del caballero Ernesto López Callejas, en las inmediaciones del Parque La Leona. Ya es sabido que la multiplicidad de ojos no sirve más que para complicar la relación de los acontecimientos, dando quienes actúan de testigos presenciales informes encontrados y sin nexos razonables".
"De modo que nosotros —agrega—, a fin de no suministrar a nuestros lectores un reportaje infundado, nos dirigimos hoy por la mañana, telefónicamente, a la bella y distinguida señora doña Carmen de López Callejas, quien, de la manera más cortés, nos relató el vívido papel que en esta tragedia le cupo representar".
Diario El Cronista también estuvo presente durante la captura del criminal. En parte de su nota periodística dijo:
"A la vista de Trinidad Saborío, un rumor de ira y de protesta se levantó de la multitud. Insultos velados o francas imprecaciones sonaron por doquier y fue tan vigorosa, en cierto momento, la manifestación de protesta, que la idea del linchamiento se nos dibujó nítida en la mente. Pero un piquete de la Policía impidió que la cólera de los circunstantes se desbordara por cauces sangrientos".
Los demás miembros de la banda dieron distintas versiones de lo sucedido. Los diversos diarios hondureños los nombraron "los cuatro jinetes del Apocalipsis".
"¿Qué clase de hombres son estos? Labradores, carpinteros rudos, elementos nacidos en las más bajas capas sociales, tipos clásicos en los países cuya crisis espiritual y política no les ha permitido extirpar, de los campos y aun de los poblados, el primitivismo y la miseria moral".
Así se refería El Cronista a los asesinos.
¿Qué más dijeron Trinidad Saborío, Gregorio Baquedano, Pablo Aplícano y Santos Gómez? En la tercera y última parte de esta serie lo sabremos.