1935: En La Leona fue capturado el "anciano" que asesinó al doctor Sánchez

Honduras se conmovió con la noticia del asesinato del director del Hospital San Felipe. En la tercera y última parte, contamos sobre el ridículo disfraz que utilizo Trinidad Saborío

  • Actualizado: 15 de agosto de 2026 a las 10:15
1935: En La Leona fue capturado el anciano que asesinó al doctor Sánchez

Tegucigalpa, Honduras.- Antes de asesinar a machetazos al doctor Francisco Sánchez, Trinidad Saborío le hizo firmar un cheque por la cantidad de doscientos lempiras que más tarde cambiaría en una sucursal bancaria de Tegucigalpa.

En esta tercera y última entrega contaremos algunos de los hechos que concluyeron con la muerte del director del Hospital General San Felipe.

1935: El crimen del doctor Sánchez, director del Hospital San Felipe

En su publicación del 31 de julio de 1935, la Revista de Policía (si desea consultar la edición completa, puede encontrarla en la Hemeroteca Digital de www.erandique.com) relató que la banda de criminales, después de secuestrar al doctor Sánchez, lo amarró y lo golpeó con brutalidad.

La banda tenía un líder: Trinidad Saborío. Nicaragüense. Treinta y siete años. Chofer y agricultor. Casado con Hilaria Vásquez. Residente en Los Nichos, sector cercano a El Tizatillo, sobre la carretera que conduce de Tegucigalpa hacia el sur de Honduras.

Trinidad Saborío, jefe de la banda de delincuentes que mataron al doctor.

Durante el gobierno de Rafael López Gutiérrez, presidente de 1920 a 1924, Saborío se desempeñó como agente de Policía en Puerto Cortés. Una vez sin trabajo, comenzó a ganarse la vida como chofer.

“Hay informes de que se prestaba para hacer zanganadas de parte de personas que necesitaban realizar sus fechorías fuera de la capital”, informó la Revista de Policía. Apenas circuló la noticia de la desaparición del doctor Sánchez, el presidente Tiburcio Carías Andino ordenó al director de Policía, general Camilo R. Reina, esclarecer el crimen.

1935: Los "cuatro jinetes del apocalipsis" asesinaron al doctor Sánchez

Gracias a doña Josefita Lardizábal

Los primeros sospechosos capturados negaron su participación en el secuestro y asesinato del médico. Sin embargo, Reina logró finalmente —seguramente aplicó algunas torturas— que revelaran el nombre del “cerebro”: Trinidad Saborío.

En ese momento, Saborío se encontraba refugiado en el barrio La Leona, en casa de Ernesto López Callejas. Al momento de la captura, la multitud estuvo a punto de lincharlo, pero los agentes policiales lo impidieron.

Un periodista del diario La Época llamó a la casa de López Callejas. Contestó su esposa, doña Carmen.

“Cuenta doña Carmen de López, todavía con un eco de inquietud en la voz, que, como a eso de las siete de la noche, encontrándose completamente sola, una figura se presentó de pronto a la puerta de la residencia. No muy segura por el extraño aspecto del visitante, salió con premura a recibirlo, hallando que se trataba de un ancianito, tales sus palabras”,relató La Época.

Y agregó: “El ancianito vestía estrafalariamente y calzaba una enorme barba”. La noche había cerrado desde hacía tiempo —escribió el periodista—; por esto, tal vez nuestra gentil informante no paró mientes en el tosco y risible disfraz con que el protagonista de este sangriento suceso trataba de cubrir su invencible tribulación y su pavor a la cólera de una sociedad que reclamaba justicia contra los autores del menos justificable de los crímenes.

El disfraz que uso Trino Saborío.

—¿Qué desea...? —le preguntó al “anciano”.

—¡Que me permita usar su teléfono para pedir un carro al punto!

“Ante tan extraña respuesta, la atemorizada dueña de casa preguntó al sujeto quién era y por qué acudía a ella. En respuesta, nuestro hombre se quitó el andrajoso sombrero y habló lo suficiente para ser reconocido. ¡¡Cierre la puerta!!”, prosigue La Época.

Los López Callejas eran padrinos de bautismo de uno de los hijos de Trinidad Saborío.

Ya en el interior de la casa, el fugitivo dio muestras de mayor calma. Contó a «su comadre» la crítica situación en que se encontraba —doña Carmen ya estaba enterada y por eso era víctima de la más oprimente angustia— y le pidió, con voz tranquila, que le llamara un carro al Parque Central, relata La Época.

“Sí, sí, sí”, contestaba la señora a cada cosa que Saborío le pedía. Se marchó a una de las salas para llamar al taxi...

Pero quien regresó a la sala donde Saborío se consumía en la espera no fue la figurita agraciada de la señora López Callejas, sino tres robustos agentes de la sección de La Leona, llamados precipitadamente por la popular Josefita Lardizábal, cuya intervención en este caso fue providencial, refiere La Época.

Josefita ascendía la cuesta de La Leona a unos pasos del «anciano», hasta que este se detuvo frente a la casa de los López Callejas. Un dato: Josefita Lardizábal era hermana de doña Carmen.

En medio de la oscuridad, Josefita escuchó la voz de su hermana:

—Está bien, Trino.

Sin ser policía, comprendió que se trataba de Trinidad Saborío, el asesino que estaba en boca de todos.

Josefita fue a la estación de Policía de La Leona y regresó acompañada por tresagentes del orden.

De esa forma cayó el asesino.

Así fue el asesinato

Durante el interrogatorio al que fue sometido, Gregorio Baquedano dio pormenores de los hechos.

“Trinidad llevaba muchos días hablando de la urgencia que tenía de dinero y que, para conseguirlo, llamaría a Los Nichos a un doctor contra quien habían fraguado un plan.

Baquedano se fingiría enfermo, como efectivamente sucedió”, relata La Época.

Se dice que Saborío recorrió varias sucursales bancarias hasta que logró cambiar el cheque.

La banda demostró sangre fría y crueldad para asesinar al doctor Sánchez. Una vez cometido el crimen, sin embargo, los asesinos actuaron con torpeza. La primera de ellas: el vehículo de la víctima quedó estacionado frente a la casa de Trinidad Saborío.

El carro de la víctima.

El automóvil sería la clave para comenzar a descifrar el caso.

El doctor Sánchez llegó a Los Nichos al mediodía del 4 de julio para atender aGregorio Baquedano. Cuando el médico se inclinó para examinar al supuesto enfermo, Baquedano lo sujetó por la corbata. En ese instante, los demás delincuentes se abalanzaron sobre él.

Gregorio Baquedano fue el primero que apuñaló al doctor.

Baquedano le asestó la primera puñalada. Después intervino Santos Gómez.Finalmente, Trinidad Saborío descargó el machetazo que acabó con la vida del doctor Francisco Sánchez.

Los cuatro hombres que participaron en el crimen que conmocionó a Tegucigalpa hace noventaiún años fueron capturados, juzgados y enviados a prisión para cumplir sus condenas.

Se decía que Trinidad Saborío pasaba los días rezando a Dios. El periódico La Época, sin embargo, lo puso en duda: “A Dios no... era al Diablo”.

O quizás a ambos...

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