Anabel Gallardo Ponce: “ Sentí que debía esforzarme un poco más para demostrar que sí podía”

Anabel Gallardo Ponce, de 59 años de edad, tiene una vida marcada por el campo, el liderazgo empresarial y el compromiso de generar oportunidades para Honduras

  • Actualizado: 28 de julio de 2026 a las 19:38
Anabel Gallardo Ponce: “ Sentí que debía esforzarme un poco más para demostrar que sí podía”

Tegucigalpa, Honduras.- Anabel Gallardo Ponce, presidenta del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep), comparte en esta entrevista de Tictac su historia de vida, los valores que aprendió en el campo, los desafíos que enfrentó como mujer en el liderazgo y su visión sobre el futuro de Honduras.

¿Quién es Anabel Gallardo Ponce?

Soy la mayor de seis hermanos e hija de Roberto Gallardo Lardizábal y Anita Ponce. Mis padres nos inculcaron valores como la unión familiar, el trabajo y la responsabilidad, principios que seguimos poniendo en práctica en nuestras empresas y que ahora transmitimos a las nuevas generaciones.

Soy ingeniera agrónoma y he vivido siempre en El Zamorano. Me apasiona el campo y actualmente me dedico a la ganadería de leche y la producción de huevo, actividades que requieren compromiso los 365 días del año para ofrecer alimentos de calidad.

¿Cuáles eran sus sueños en esos primeros años?

Crecí en el campo y siempre he valorado esa forma de vida. Aunque después de casarme viví varios años en Danlí, actualmente resido en El Zamorano. Desde pequeña mis padres me enseñaron el valor del trabajo, la responsabilidad y el esfuerzo, haciéndome participar en las labores del hogar y de la finca. Ese contacto con la naturaleza despertó mi pasión por el campo.

Desde los 12 años colaboraba con los registros de producción y manejo del ganado, lo que fortaleció mi deseo de estudiar Agronomía. Cuando la Escuela Agrícola Panamericana El Zamorano abrió sus puertas a las mujeres, pude cumplir el sueño de convertirme en ingeniera agrónoma.

¿Cómo enfrentó ese momento donde todavía existían barreras y prejuicios para las mujeres?

Fue una etapa complicada porque cuando ingresé a la Escuela Agrícola Panamericana de El Zamorano aún existía resistencia a que las mujeres estudiáramos allí. Muchas veces tuve que demostrar, junto con mis compañeras, que podíamos realizar el mismo trabajo que los hombres. Recuerdo que en una actividad de descarga de granos básicos algunos dudaban de nosotras, pero trabajamos hasta donde nuestras capacidades lo permitían y demostramos nuestro compromiso.

Siempre sentí que, como mujer, debía esforzarme un poco más para probar que sí podía. A pesar de las exigencias físicas, disfrutaba mucho lo que hacía porque era mi vocación. Incluso convencí a mi papá de dejarme estudiar esa carrera, y confirmé que cuando uno ama lo que hace, siempre encuentra la fuerza para salir adelante.

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¿Desde niña ya tenía ese sueño de convertirse en ingeniera agrónoma?

Sí, desde niña tenía ese sueño, especialmente de estudiar en el Zamorano. Como vivíamos cerca de la universidad, conocía su sistema y ambiente. Cuando ingresé ya había cuatro promociones de mujeres y en mi promoción entramos alrededor de 22 mujeres; al final nos graduamos 12 estudiantes.

Lo más difícil fue adaptarme al sistema de estudio y trabajo del Zamorano. Era una jornada exigente: cuatro horas de trabajo, descanso al mediodía y cuatro horas de estudio. Además, yo venía de un colegio solo para mujeres, así que también tuve que adaptarme a convivir con compañeros hombres. Pero cuando uno ama lo que hace, la adaptación llega más rápido y se puede superar cualquier reto.

Desde niña aprendió a montar a caballo en El Zamorano, una experiencia que fortaleció su amor por la naturaleza y la vida rural.

¿Qué momentos especiales recuerda que todavía le generan alegría o nostalgia?

Crecí en el campo y eso me regaló una infancia muy feliz, rodeada de naturaleza y de mi familia. Recuerdo con mucho cariño las vacaciones, cuando nos reuníamos con mis primos, llegábamos a caballo, jugábamos cerca del río y disfrutábamos de las cosas más sencillas. Esos momentos me enseñaron a valorar el entorno donde crecí. Hasta hoy mantengo ese vínculo con la naturaleza, caminando por mi finca y participando en senderismo, y agradezco que mis padres nos permitieran crecer lejos de la ciudad.

¿Qué enseñanza le dejó esa etapa?

Me dejó muchas enseñanzas, ya que en aquella época no teníamos todas las comodidades actuales. No había energía eléctrica permanente. Mi papá encendía una planta por algunas horas en la tarde para ver televisión y compartir en familia, y después de las 9:00 de la noche todos nos íbamos a dormir.

Hoy la realidad es diferente. El campo donde vivimos tiene energía eléctrica las 24 horas, internet y otros servicios. Sin embargo, todavía disfruto visitar lugares donde la vida es más sencilla, donde hay menos comodidades y más contacto con la naturaleza.

¿Todavía sabe montar a caballo?

Todavía sé montar a caballo, aunque con algunas limitaciones. Hace unos seis años tuve un problema en una vértebra y, aunque pensé que necesitaría cirugía, logré recuperarme con terapias. El médico me recomendó dejar de montar por seguridad, pero es algo que nunca se olvida cuando se aprende bien.

Ahora lo hago poco y con cuidado, porque si abuso siento molestias. El año pasado viví una bonita experiencia en un desfile en Danlí, donde me prestaron una yegua briosa que al principio no querían darme por ser difícil de manejar. Al verme controlarla, gané la confianza del encargado y pude participar con ella en el desfile.

¿Alguna vez imaginó estar en la posición donde se encuentra ahora?

Hace 12 años enviudé tras la muerte de mi esposo por cáncer. Mis hijas eran pequeñas y me tocó sacar adelante a mi familia con el apoyo de mi mamá y mis hermanos. Luego retomé mi participación gremial en la Fenagh, donde llevo casi 18 años y fui la primera mujer en presidir esta organización, siguiendo una tradición familiar de liderazgo.

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¿Qué hace una presidenta del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep)?

Son muchas las responsabilidades que implica este cargo. Desde el Cohep representamos al sector privado ante el gobierno, trabajando de manera apolítica con cualquier administración para defender sus intereses y contribuir al desarrollo del país.

Uno de nuestros principales objetivos es impulsar la generación de empleo y mejorar las condiciones de vida de los hondureños. También facilitamos información sobre oportunidades laborales, analizamos temas económicos, comerciales y políticos, y mantenemos comunicación constante con el gobierno, organismos internacionales y otros sectores mediante informes y boletines económicos.

Como empresaria y como mujer, ¿cuáles son los principales retos que enfrentan las mujeres en Honduras?

Tras el fallecimiento de mi esposo asumí sola la dirección de mis empresas y el cuidado de mi familia. Como mujer, he enfrentado el reto de cumplir varios roles, pero hoy existen más oportunidades de liderazgo femenino. Soy la tercera mujer en presidir el Cohep y creo que debemos inspirar a las nuevas generaciones a demostrar que pueden alcanzar cualquier profesión y espacio de liderazgo.

Anabel Gallardo Ponce de 59 años de edad tiene una vida marcada por el campo, el liderazgo empresarial y el compromiso de generar oportunidades para Honduras.

¿Qué es lo que más le entristece de Honduras y qué cambiaría si tuviera la oportunidad?

Me entristece que muchos jóvenes quieran irse porque sienten que no hay oportunidades. Honduras tiene gran potencial y más personas buenas que problemas. Si estudian en el extranjero, deseo que regresen a aportar, ya que para avanzar necesitamos unir esfuerzos entre gobierno y sector privado, impulsando inversión, empleo, turismo y agricultura.

¿Cuál es la filosofía de vida que ha aplicado para convertirse en empresaria y alcanzar sus metas?

La principal enseñanza que hemos recibido es trabajar unidos como familia. Agradezco a Dios porque, aunque nuestros padres ya no están, como hermanos seguimos unidos y desarrollamos empresas juntos, transmitiendo a nuestros hijos valores como trabajo en equipo, responsabilidad y honradez.

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¿Cómo le gustaría que la recuerden las futuras generaciones, sus hijos, nietos y bisnietos?

Me gustaría que me recuerden como una empresaria que generó empleo y que siempre creyó en Honduras.Como una persona que trabajó para mejorar las condiciones de vida de los hondureños mediante empleos dignos. También como una madre que inculcó a sus hijas la importancia de la unión familiar, del apoyo entre hermanos y del trabajo basado en valores. Y como una líder del sector agroalimentario que aportó al desarrollo del país.

Fue una de las primeras mujeres en ingresar a la Escuela Agrícola Panamericana, donde enfrentó retos y rompió barreras de género.

¿Cuál es el mensaje que desea enviar al pueblo hondureño y especialmente a los jóvenes que leen esta entrevista?

Es importante prepararse, adquirir conocimientos y trabajar siempre con honradez.Si tienen la oportunidad de emprender, que lo hagan en una actividad que les guste y que crean en Honduras. Nuestro país tiene mucho potencial.

Debemos apostarle a generar empleo, crear empresas y contribuir al desarrollo nacional.La preparación es fundamental: estudiar, capacitarse y aprovechar las oportunidades. Pero también es importante regresar y aportar al país, porque Honduras necesita del talento de sus jóvenes. Es un país hermoso, con grandes recursos y muchas oportunidades por desarrollar

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Marbin López
Marbin López
Periodista

Licenciado en Periodismo, egresado de la UNAH. Periodista de la sección Metro desde 2023. Contador de historias, formado en reportajes de periodismo cultural. Creador de pódcast de poesía, apasionado por la literatura e historia de Honduras.

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