Tegucigalpa, Honduras.- Entre pasillos cargados de historia, debates y decisiones políticas del Congreso Nacional, aparece una figura conocida por generaciones de diputados y empleados legislativos: Norman Alexis Arévalo Casaña, un servidor público con 44 años de trayectoria dentro del Poder Legislativo. Entre risas, recuerdos y anécdotas personales, Arévalo abre las puertas de su vida cotidiana en el Hemiciclo, como el “diputado 129”, un símbolo del reconocimiento ganado tras más de cuatro décadas de trabajo institucional.
¿Orgulloso de ser patepluma?
Orgullosamente patepluma. Vine un 6 de abril de 1982 al Congreso Nacional a buscar trabajo porque en Santa Bárbara no había empleo. Yo era muy amigo de don Cristino Tróchez, quien me trajo junto con el abogado Efraín Bu Girón. Yo solo venía a pasear y, de repente, el día que ingresé me dijo Bu Girón: ‘Yo lo ocupo aquí en la Cámara Legislativa para que trabaje conmigo’. Desde entonces estoy aquí.
¿Quién era don Norman Arévalo cuando llegó al Congreso Nacional?Era un estudiante inquieto del Instituto de la Independencia, en Santa Bárbara. Me gustaba mucho ir al río y jugar fútbol. Estando en la práctica del fútbol llegó don Cristino Tróchez y nos incorporó al Partido Liberal desde 1978.
¿Qué sueños tenía cuando usted llegó al CN?
Uno de los sueños que yo tenía era prepararme, seguir estudiando, y lo logré. Hasta la fecha, ha sido un gran placer servirle a mi patria. Me quedé impresionado cuando el abogado Bu Girón, en la oficina como presidente de ese entonces, y junto con don Cristino, me comunicó que iba a trabajar en el hemiciclo. A la media hora ingresé por primera vez a una sesión del Congreso Nacional.
-¿Cuál era su sueño cuando era niño?
Mi sueño era llegar a ser futbolista, imagínese, porque jugaba muy bien al fútbol. Pero a la edad de 18 años me fracturé la rodilla. Hasta ahí llegó mi sueño, pero me incorporé a la política, y le doy gracias a Dios por ello.
¿Qué pensó usted cuando se fracturó?
Lo primero que pensé fue: “Se me acabó el sueño y hasta aquí llegué con el fútbol”, ya que todo el mundo pensaba que jugaba bien, y a mí me gustaba el deporte. Sentía mi pasión por el fútbol como la siento hoy por la política.
¿Cómo logró ese giro de vida hacia el Congreso?
Creo que una de las cosas que influyó fue la lesión y también que, cuando ingresé aquí, empecé a estudiar las normas parlamentarias. Fui a congresos en Guatemala, México y Chile, y llevé cursos en la Universidad Pedagógica.
¿Cómo logró adaptarse al ambiente legislativo?
Eso me costó adaptarme porque estudiaba en la mañana y en la tarde venía al Congreso. Pero cuando el compañero que estaba de jefe tuvo un problema y se fue, me ascendieron a mí. Entonces ahí me probé que estaba hecho para hacer las cosas bien.
A usted le dicen el diputado 129, ¿cómo se siente?
Siempre he estado aquí en el Congreso Nacional llevo 44 años... el 6 de abril los cumplí. Entonces todo el mundo me dice el diputado 129. Lo que pasa es que paso estudiando toda la vida el material que llega al Congreso.
En sus 44 años de trayectoria en el Congreso, ¿qué cambios ha visto?He visto cambios en la infraestructura, en la forma de legislar, en la digitalización y en la preparación de los diputados. Antes todo era manual; ahora se utiliza tecnología, pero lo importante sigue siendo el servicio a la ciudadanía-
Don Efraín Bu Girón le dijo: “Te voy a dar el machete de tu vida”. ¿Qué significaba?
Cuando vine aquí al Congreso, me dijo: “¿Norman, qué querés?”. Entonces yo le dije: “Mira, yo quiero la dirección de correos de Santa Bárbara”. Él me respondió: “No, va a llegar otra persona a ese puesto y te van a sacar en otro gobierno. Yo te voy a dar el machete de tu vida”, porque son pocos los que saben de legislación y ya había visto que yo sabía, pues había trabajado con campesinos en organización. Cuando ingresé aquí y miré cómo era la logística, tuve el apoyo de una buena señora, a quien le mando saludos: doña Adilia Zelaya, quien me orientó sobre cómo trabajar en la nueva dinámica parlamentaria. Fue una de las mejores que hemos tenido en Secretaría de Junta.
¿Quién es Norman Arévalo como esposo?
Estoy casado con la abogada Yasmín Geraldina Pineda. Tenemos 36 años de matrimonio y dos hijos: una licenciada en Administración de Empresas con marketing digital, que se especializó en Chile, y un hijo de 15 años que está en último año de preparatoria.
¿Quién es Norman Arévalo como padre?
Mis hijos se sienten orgullosos de mí, me corrigen si algo no hago bien y siempre me motivan a seguir.¿Cuál es su pasatiempo favorito?Escuchar música y leer. Leo un libro a la semana desde niño. Me gusta aprender y conocer nuevas cosas.
¿Hay algo que hizo en su vida personal o profesional y no volvería a hacer?
Beber licor. No fui borracho, pero si volviera a nacer, no bebería porque hace mucho daño al organismo.¿Cómo se define como persona?Humilde, prudente y servicial. Vengo de una familia trabajadora, humilde y creyente. Mi papá era herrero y mi mamá maestra; nos enseñaron valores y respeto por los demás.
¿Recuerda su infancia en Santa Bárbara?
Sí, los ríos, las pozas donde nadábamos, los juegos tradicionales como el trompo, los mables, los botones y el fútbol. Fue una juventud sana y alegre.¿Qué le gustaba y no le gustaba de la escuela?No me gustaba hacer muchas tareas, especialmente ciencias naturales, que me daba guerra. Me gustaban las matemáticas y otras materias.
¿Qué consejo da a los jóvenes hondureños?
Que estudien, se preparen y hagan sacrificios por salir adelante. Honduras necesita gente capacitada para dejar un legado de menos delincuencia, más educación y más salud.Su mensaje para la población hondureñaQue estemos unidos, dejemos las intrigas atrás y trabajemos por Honduras con educación, salud y respeto. Siempre hay que mirar hacia adelante y construir un país mejor...