A pesar de que la circulación de unos 900 rapiditos en el centro histórico está provocando serios daños a los edificios patrimoniales, nadie hace nada por poner orden.
La muestra más palpable de este desorden vial y amenaza a la historia capitalina está en el ala sur del casco histórico, justo a inmediaciones del Banco Central de Honduras.
Y es que los transportistas que se habían adueñado de este predio han regresado nuevamente, denunció ayer el gerente del Centro Histórico de la Alcaldía, Arturo Suárez.
“Nadie sabe de dónde han salido tantos buses circulando por el centro de la capital, ya han sido desalojados en diversas ocasiones, pero retornan”, manifestó.
Añadió que el abuso ha llegado a tal grado que hay puntos de buses y de taxis inventados que nunca han existido en el área del centro histórico.
Debido a este flagelo la circulación tanto en Tegucigalpa y parte de Comayagüela se ha vuelto imposible debido al desorden y la anarquía que generan las unidades, lo que se traduce en enormes filas de congestionamiento.
A este problema se suma la obstrucción de los pasos peatonales por la invasión de aceras de buhoneros al final del día en un radio de unos 350 metros lineales.
Suárez lamentó que no se cuenta con la ayuda de las autoridades de la Dirección General de Transporte (DGT) y mucho menos de la Dirección de Nacional de Tránsito (DNT) para poner orden en el lugar.
La meta es retirar las rutas ilegales al finalizar la rehabilitación de calles y avenidas del centro histórico.