Tegucigalpa, Honduras.- Al costado derecho de la Basílica de Suyapa, se levanta uno de los espacios más significativos para los feligreses: la capilla velera. El punto donde la fe del pueblo hondureño se materializa en promesas cumplidas, agradecimientos profundos y súplicas hechas con el corazón lleno de amor y veneración.
Para quienes llegan hasta este lugar, la capilla representa un altar íntimo donde se acude a pagar promesas por milagros recibidos y dar gracias por la salud recuperada, por el trabajo conseguido o simplemente por seguir con vida.
“Este espacio es muy importante para el pueblo hondureño porque aquí la gente viene a agradecer los milagros y bendiciones recibidas”, explica Danilo Flores, servidor de la Iglesia en la Basílica de Suyapa desde 1990.
Las velas encendidas simbolizan la esperanza que no se apaga. Aunque muchos creyentes buscan colores específicos, Flores aclara que no existe un significado oficial para cada tonalidad. “Generalmente se utiliza la vela blanca, porque representa la luz de Cristo”, expresa, mientras observa cómo los fieles colocan sus veladoras con respeto y recogimiento.
En la capilla también reposan los llamados “milagritos”: pequeñas figuras que representan partes del cuerpo, cosechas o situaciones superadas. Son testimonios silenciosos de sanaciones, de enfermedades vencidas y de peticiones escuchadas. “Hemos sido testigos de personas que han superado problemas graves de salud y luego regresan para rendirle veneración a la Virgen”, narra con felicidad.
El ambiente del espacio es de profunda devoción cuando familias enteras, adultos mayores y peregrinos que llegan desde comunidades lejanas pasan unos minutos frente al fuego, muchos con lágrimas en los ojos.El sacrificio es evidente: largas caminatas, noches a la intemperie y el frío que cala los huesos, especialmente en estos días, no detienen la fe de quienes confían en la Morenita de Suyapa.
Para Danilo Flores, quien también es coronel del Cuerpo de Bomberos de Honduras, servir en este lugar ha sido una bendición. “No hay cosa más bella que servir a Dios y a la Virgen, y atender a las personas que vienen con una fe tan grande. Se les nota en el rostro, en su forma de hablar, en su esfuerzo”, comenta con serenidad.
La capilla velera, concluye, es un espacio para agradecer y pedir, pero sobre todo para reflexionar. “Aquí venimos a dar gracias por todo lo que se nos concede y a pedir lo esencial: sabiduría, humildad y amor”, afirma el religioso, quien tiene más de 30 años de servir en la capilla velera.
En medio del humo tenue de las velas y el silencio respetuoso, la capilla velera continúa siendo el corazón encendido de la fe hondureña, un lugar donde cada llama cuenta una historia y cada promesa refleja la profunda devoción del pueblo hacia la Virgen de Suyapa, cuando este 2026 cumple 279 años de historia.