Tegucigalpa, Honduras.- La crisis de agua en la capital hondureña obliga a familias enteras a cambiar sus rutinas, racionar las tareas del hogar y aprender a vivir con la incertidumbre de no saber cuándo volverán a abrir las llaves. María Elena Maradiaga Cortés, vecina del sector 1 del Hato de Enmedio, es un ejemplo de cómo la escasez ha convertido cada gota en un recurso que debe administrarse con extremo cuidado.
En su casa, lavar la ropa ya no es una tarea cotidiana, doña María Elena debe escoger qué prendas pueden esperar y cuáles son indispensables. La ropa pequeña, la interior y otras prendas de uso diario son las que tienen prioridad, mientras el resto permanece a la espera de que el agua vuelva a llegar.
“Realmente, lavamos la ropa menuda, ropa pequeña, y tratamos de economizar lo más que podemos. Aquí estamos reciclando todo y si nos bañamos también. Además, la que utilizamos para cepillarnos los dientes”, relató doña María.
Esta agua la utiliza nuevamente para descargar el servicio sanitario y para otras necesidades que permitan alargar las reservas. En su hogar, reutilizar el líquido dejó de ser una opción y se convirtió en una forma de sobrevivir a los días sin suministro.
“Esta situación a veces me afecta emocionalmente. Yo no padezco de depresión, pero hay días en que pasan cuatro o cinco días sin que nos llegue el agua y me siento hasta deprimida. A veces me dan ganas de salir corriendo”, confesó doña María a EL HERALDO.
La falta de agua también ha comenzado a modificar su rutina diaria. Hay mañanas en las que prefiere permanecer en la cama porque sabe que no podrá realizar las labores domésticas que normalmente haría al levantarse.
“A veces me levanto tarde porque pienso: ‘¿Para qué me voy a levantar si no hay agua?’. No hay agua para asear, para lavar, no hay nada. Entonces digo: ‘¿Para qué me voy a levantar?’ y mejor me vuelvo a acostar”, contó la entrevistada.
Para María Elena, lo que ocurre ahora no tiene comparación con otras dificultades que haya vivido. Asegura que no recuerda una crisis de agua de semejantes dimensiones y que la incertidumbre se ha instalado en los hogares que dependen de un servicio que llega de manera irregular.
“La verdad, no recuerdo que haya habido tanta calamidad como ahora. No sé si estaré equivocada, pero no recuerdo una crisis como la que estamos viviendo actualmente”, manifestó.
Ante la escasez, hasta la lluvia se ha convertido en una esperanza. En el Hato de Enmedio, los vecinos han instalado canales para recolectar el agua que cae del cielo y almacenarla para utilizarla posteriormente en las tareas del hogar.
“Estamos esperando que llueva. Aquí todos tenemos canales para recolectar el agua lluvia y esa es otra de las alternativas que tenemos. Hasta la lluvia nos ayuda a solventar un poco el problema”, explicó.
Para cocinar y beber, la familia depende de los botellones. María Elena busca comprar el agua más económica y pide que se la vacíen directamente en recipientes, con el propósito de aprovechar cada litro para las necesidades básicas de la casa.
“Compro botellones de agua. Obviamente, tiene que ser el agua más económica. Les pido que me los vacíen en recipientes para realizar las tareas de la cocina y también utilizo esa agua para el consumo”, relató.
Cuando el agua llega, la familia tampoco puede confiarse. María Elena permanece pendiente de las llaves y, en ocasiones, se levanta durante la madrugada para comprobar si el suministro finalmente comenzó a caer.
“El agua nos llegó a las 3:30 de la mañana. Yo me levanté dos veces durante la noche y, en ambas ocasiones, apenas estaba cayendo un poco de agua en la pila. Aquí hay desvelo para nosotros”, contó.
Y es que en la vivienda doña María, junto a la pila, permanece la ropa que espera ser lavada. No hay certeza sobre cuándo habrá suficiente agua para hacerlo, solo sabe que deberá seguir priorizando, reciclando y guardando cada gota.
Su historia refleja la angustia silenciosa de decenas de familias capitalinas que han aprendido a medir sus días no por el calendario, sino por la llegada del agua ante una ciudad que está en alerta roja.