TEGUCIGALPA, HONDURAS.- Al igual que una estrella fugaz, su estadía por este mundo fue breve, pero aunque su forma terrenal desapareció, su espíritu aún palpita en los corazones de sus progenitores.
Y es que el frío y doloroso recuerdo de la muerte de un infante solo se supera al recordar las palabras de Jesús: “Dejen a los niños y no les impidan venir a mí, porque de ellos es el reino de los cielos”.
Diferente conmemoración
Como todos los años, en el Día de los Santos Difuntos, los hondureños rindieron tributo a los niños que se convirtieron en ángeles y atendieron el llamado divino del cielo.
Sin embargo, la fecha, que es un preludio para el Día de los Muertos, este año tuvo un ambiente gris y solitario debido a la pandemia por covid-19.
En los cementerios privados, moderadas filas hacían aparentar concurrencia en las afueras, sin embargo, dentro de los camposantos la soledad estuvo presente.
Peluches, carritos y muñecas cubiertos con hojas y tierra junto a desteñidas fotos y raídas flores plásticas resaltaron el olvido en los pequeños nichos. En muchas de las tumbas no hubo renovación de tributos.
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“Para ser antesala al Día de los Muertos, está vacío y eso que el día cae lunes, entonces las personas que por su trabajo no podrán venir, tenían que llegar hoy (el domingo)”, expresó Luis Sevilla, un limpiador de tumbas del cementerio Sipile.
Según el entrevistado, las tumbas de los angelitos olvidados es una consecuencia más del nuevo coronavirus.
Mientras en los cementerios privados se tomaba la temperatura, se aplicaba gel y se exigía distanciamiento, en los públicos como el mítico Cementerio General, el paso era libre y sin muchos protocolos.
Hasta pronto, Moisés
El 25 de marzo de 2018, los ojos de un infante vieron la luz de la sala de partos del Hospital Escuela (HE).
Llenos de alegría, sus padres recordaron al liberador del pueblo hebreo y decidieron nombrar a su hijo Moisés.
Aunque el pequeño pudo ser abogado o médico, quizás músico o veterinario, se convirtió en ángel.
“Ocho días después de su nacimiento mi hijo murió... dicen que agarró una infección”, relató Merlín Romero, mientras con cuidado limpiaba la tumba de su hijo en el cementerio Jardines de Paz Suyapa.
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Con la ayuda de una de sus vecinas, a la que considera parte de su familia, Merlín colocó cuidadosamente arreglos florales, tomó una bocanada de aire y lamentó la partida de su tercer hijo.
“Dormíamos en el hospital, solo me permitían verlo media hora en la mañana y otra por la tarde, ni siquiera pude darle pecho”, recordó.
Naomi
En el 2008 Naomi Velásquez llegó al mundo y se convirtió en la princesa de un humilde hogar en la colonia Nueva Esperanza.
Sin embargo, a un día de su alumbramiento, la pequeña fue operada por un supuesto problema en sus intestinos.
“A través de un ultrasonido supimos que la niña tenía problemas, su nacimiento fue por cesárea”, rememoró Elba Castro, abuela de la pequeña.
Mientras su esposo Roger Sánchez decidía dónde colocar los arreglos florales, en el modesto nicho en el cementerio Amor Eterno, la dama al borde de las lágrimas recordó que la pequeña murió siete meses después de nacer y en su corta existencia pasó por el quirófano en dos ocasiones.
“La niña solo pasaba vomitando, le sacaron como 30 centímetros de intestinos, creo que fue una mala operación en el Seguro Social”, declaró la dolida abuela.
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