Tegucigalpa, Honduras.- Había una vez, en un lugar cubierto de nieve, un grupo de pingüinos muy creativos e inteligentes. Vivían tranquilos, pero sabían que cerca había lobos que los querían atacar.
Una mañana, los pingüinos decidieron que ya no podían seguir huyendo sin un plan. Se reunieron y, con valentía, idearon un plan para protegerse. “¡Trabajemos juntos!”, dijo uno de ellos. Algunos empezaron a construir cuevas de nieve para esconderse, otros hicieron pingüinos de nieve que parecían reales, y dos de ellos se fueron más lejos para hacer refugios en otro lugar.
Todo iba bien hasta que de repente escucharon pasos. Eran los lobos. Los pingüinos se asustaron, pero recordaron el plan y se quedaron quietos como si fueran estatuas.
Uno de los lobos atacó a un pingüino, pero era de nieve. Los demás pingüinos se dieron cuenta de que su plan estaba funcionando. Mientras los lobos se confundían, los verdaderos pingüinos aprovecharon para correr y esconderse en sus refugios.
Los lobos se distrajeron otra vez con los pingüinos de nieve y, al final, cansados de caer en trampas, decidieron irse y ya no volver.
Después de eso, los pingüinos siguieron trabajando. Hicieron más trampas, buscaron comida y dejaron cosas para distraer a cualquier enemigo, porque sabían que los lobos los buscaban para comérselos.
Esa noche estaban muy cansados y se durmieron.
Al día siguiente se levantaron temprano para vigilar. Todo parecía tranquilo hasta que vieron algo grande acercándose. Eran osos gigantes. Los pingüinos sabían que los osos eran fuertes y rápidos, y uno de ellos dijo en voz baja que tenía mucho miedo y que esperaba que cayeran en las trampas.
Algunos osos cayeron en las trampas, y los pingüinos se escondieron otra vez. Pero tres de ellos se quedaron vigilando por si regresaban.
Después, un oso se acercó a ellos. Los tres pingüinos empezaron a temblar porque pensaban que les iba a hacer daño. Pero el oso no atacó. Se acercó tranquilo.
Uno de los pingüinos, aunque tenía miedo, se acercó y lo tocó. Entonces se dio cuenta de que el oso no era malo.
Con el tiempo, los pingüinos entendieron que no todos los que parecen peligrosos lo son. Los osos se quedaron cerca, pero no para hacerles daño, sino que su presencia ayudaba a que los lobos no regresaran.
Y así, los pingüinos aprendieron a protegerse, pero también a confiar un poco más.