Siempre

Pável Aguilar: Un arte instalado en la angustia contemporánea

Cuando el arte se instala en la conciencia de la humanidad, una realidad distinta abre los lirios de la esperanza

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26.02.2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS.- Desde hace algún tiempo he sentido la necesidad de abordar el trabajo artístico del hondureño Pável Aguilar.

“Retransmisión” (2011) fue la primera obra con la que tuve contacto, esa pieza performática me presentó al artista, y, por consiguiente, me ha llevado hasta él.

Entré en contacto con Aguilar hace unas semanas para ordenar mis notas sobre este artículo; en eso estábamos cuando me comunicó que había ganado el premio anual Kunstkredit Basel-Stadt 2020, de la ciudad de Basilea, Suiza, con los proyectos “Fuga” y Baton Politique.

El artista llegó a esa ciudad a finales del año 2018. Estudió una maestría en Artes Visuales en el Basel Art Institute, de la Universidad de Artes y Ciencias Aplicadas del Noroeste de Suiza, obteniendo su título en septiembre de 2020.

El premio es considerado como el de mayor prestigio en la ciudad. Aplicaron 150 participantes de los cuales solo 18 fueron nominados y ocho resultaron ganadores. Aguilar figura como el único artista latinoamericano entre los ganadores.

Sin embargo, aun cuando el premio prestigia su trabajo y le permitirá hacer una exhibición en el Kunsthalle Basel en septiembre de este año, no es esto lo que nos mueve a escribir este artículo, sino su consistencia estética dentro de la producción contemporánea.

“La premisa de Pável Aguilar podría resumirse de esta manera: pensar el mundo contemporáneo desde un aparato crítico-reflexivo que produzca una obra artística que al discursar sobre la migración nos hable de toda la condición humana, como apreciaría André Malraux”.


En el reportaje publicado en EL HERALDO por la editora Samaí Torres, con motivo de este premio, adelanté una idea sobre la naturaleza de esta contemporaneidad de Aguilar, allí sostuve que: “La obra de Pável Aguilar es contemporánea porque se instala en los problemas actuales de la humanidad, además, por ser tratada dentro de un formato artístico que supera los modos de representación tradicional”.

Analizaremos esta perspectiva desde un eje que a manera de hilo conductor atraviesa casi toda la estética de Aguilar, me refiero a su preocupación por la migración, allí reside gran parte de su reflexión y producción artística, bien podríamos decir que el artista ha creado una estética de la migración.

People, 2018. Del proyecto “El pueblo es superior a sus dirigentes”, los clavos están dispuestos en código Braille, la pieza habla de nuestra ceguera ante la violencia generalizada instalada desde el poder. Foto: FORO-SPACE Gallery.

People, 2018. Del proyecto “El pueblo es superior a sus dirigentes”, los clavos están dispuestos en código Braille, la pieza habla de nuestra ceguera ante la violencia generalizada instalada desde el poder. Foto: FORO-SPACE Gallery.

Hacia una estética migratoria

Como observó Kobena Mercer, “desde finales de los años noventa, lo migratorio se convirtió en uno de los problemas centrales de las artes contemporáneas”.

Cuestiones como alteralidad, raza, pero también desplazamiento, exilio, diáspora, extranjería o transculturalidad se convirtieron en elementos centrales de la reflexión artística, y muchos creadores como Pável Aguilar, Adán Vallecillo, Léster Rodríguez y Dani Barrientos, para mencionar cuatro nombres, comenzaron a trabajar como virtuales antropólogos o etnógrafos mostrando las transformaciones de la subjetividad contemporánea y la presencia de nuevos lugares, tiempos, ámbitos y espacios de producción artística.

Desde el enfoque señalado anteriormente, el término “estéticas migratorias” no apunta exactamente a una categoría estética, ni tampoco a un estilo o movimiento artístico, sino más bien a un campo de problemas, prácticas situaciones o experiencias de vida, por lo menos, así percibo la visión trazada por Pável Aguilar.

Se trata de un mirada holística desde la cual el artista atisba los grandes movimientos culturales en las sociedades contemporánea; si bien es cierto, el término hace referencia a las prácticas artísticas que dan cuenta de dichas transformaciones, también procura posicionarse sobre los modos de hacer y promover una sensibilidad migratoria que está más allá de los simples contenidos, con esto quiero indicar que el trabajo de Aguilar se ha convertido en un método de investigación.

Su propuesta ha logrado conformar, más que un conjunto de obras, un campo intelectual, una actitud teórica desde la cual asume su compromiso estético y político enfocando críticamente la problemática migratoria; esto último, también es uno de los rasgos sobresalientes del discurso contemporáneo de Pável Aguilar.

Con lo planteado en líneas anteriores, la propuesta de Aguilar se configura así como un lugar de conocimiento y producción del mundo, no como un simple reflejo de la realidad.

La idea del arte como reflejo la abordé y cuestioné en el artículo “El arte no se rompe frente a los espejos”, publicado en este mismo espacio.

Las estéticas migratorias parten, pues, de esta imposibilidad de separar el arte de la sociedad. Se trata de pensar como sugiere el antropólogo Johannes Fabian, no “sobre” sino “con” los implicados, idea que también forma parte del programa estético del fotógrafo Dani Barrientos. La premisa de Pável Aguilar podría resumirse de esta manera: pensar el mundo contemporáneo desde un aparato crítico-reflexivo que produzca una obra artística que al discursar sobre la migración nos hable de toda la condición humana, como apreciaría André Malraux.

La obra de Pável Aguilar es doloroso lirio que mira hacia el cielo.

La obra de Pável Aguilar es un doloroso lirio que mira hacia el cielo.

El carácter holístico: un signo de contemporaneidad

Las obras que publicamos en este trabajo (Gbodi, Ocean Echoes, “Himnos”, “Retransmisión” y People) sitúan su mirada sobre el gran conflicto humano de arraigo y desarraigo, de ser o no ser, de presencia y ausencia, de violencia y fraternidad, de identidad y vacío existencial.

Si bien, el problema migratorio recorre su trabajo, lo hace desde una perspectiva holística que abarca todas las circunstancias del ser. No es un tema per se, es una conexión estética con toda la experiencia vivida por el hombre contemporáneo.

Un ejemplo de lo que afirmo en líneas anteriores es la obra “Retransmisión” (2011), estamos ante un performance que pone en escena a un militar con máscara de gas interpretando con un violín el Himno Nacional de Honduras.

La pieza conectó con esa falsa representación simbólica de lo que llamamos “identidad nacional”. Nuestro Himno en un país militarizado es ruido, eco oscuro de la sangre, estridencia histórica, signo atonal de una vergüenza que nos humilla ante el mundo, y, aunque el performance no remite inmediatamente a la migración, ese himno desgarrado pervive como una desgracia en la memoria del hondureño que huye en las caravanas hacia Estados Unidos.

Gbodi (2019) es otra pieza que, siendo realizada con motivo de un hecho específico, se abre como una herida en la conciencia de toda la humanidad; se trata de una canción de cuna de Sudán del Sur que las madres cantan a los “niños soldados” que son reclutados por el régimen.

La obra muestra un doloroso contraste que pone en tensión una caja de música en un contexto de guerra y genocidios horripilantes.

Sin lugar a dudas, este método de “opera aperta” como diría Umberto Eco, es otra característica del carácter contemporáneo de la producción artística de este creador.

Ir de lo particular a lo general está en la esencia de su trabajo, este es camino correcto para transitar por una estética anclada en un lenguaje que trascienda las fronteras.

Pável Aguilar nos muestra que migrar es también construir un lenguaje de correspondencias y analogías allí donde las fronteras dividen física, cultural y espiritualmente a la humanidad; su obra adopta una práctica disruptiva allí donde el discurso hegemónico del poder se impone avasallando los pueblos.

Nos congratulamos con el premio alcanzado, es un tributo a su trayectoria, a su consistencia, a su madurez artística, es también el reconocimiento a un artista que mira el mundo desde la “piel desnuda de una lágrima”, como diría el poeta John Connolly.