Tegucigalpa, Honduras.- Salvar el tiempo y nutrir la memoria. Todos en algún momento de la vida hemos querido dejar registro de momentos con una fotografía. Todos le damos un significado al momento presente, que luego será una multiplicación de significados mientras más distancia tomamos de él.
Y así se llenó de significados el Redondel de Los Artesanos, donde las fotógrafas Irene Pincel ("Geografías intangibles"), Dilcia Cortes ("El vidrio de Pandora"), Daniela Lozano ("Las Crucitas: sueños para habitar el silencio"), Claudia Sevilla ("Deslecturas") y Claudia Bardales ("Ser y tiempo"), dejaron registros de su memoria, desde el cuerpo, desde la ciudad.
"Realidades paralelas: Miradas desde el ocultamiento", es el proyecto expositivo que reunió los trabajos fotográficos de las hondureñas, que en el marco de la muestra estuvieron en un conversatorio en el Centro Cultural de España en Tegucigalpa (CCET).
Señaló el curador, Bayardo Blandino, que la exposición se gestó por el interés particular de Ricardo Ramón Jarné, director del CCET, quien propuso desarrollar el proyecto en un espacio público (el Redondel de Los Artesanos).
El conversatorio, moderado por la periodista cultural Samaí Torres, buscó explorar las motivaciones, preocupaciones y experiencias detrás de proyectos que exploran desde la memoria histórica y los territorios hasta la violencia de género y las transformaciones del cuerpo.
Lo que no se ve también cuenta historias
Dice Henri Cartier-Bresson que "fotografiar es colocar la cabeza, el ojo y el corazón en un mismo eje. Es capturar el instante decisivo, una fracción de segundo donde la realidad se organiza para quedar grabada para siempre".
Pero una fotografía nacida de la visión y reflexión de un fotógrafo, se expone ante muchos otros ojos, y desde otras cabezas y corazones le darán otros significados, marcados esencialmente por sus propias experiencias personales.
Es así que la conversación comenzó con una pregunta sobre el poder de lo oculto en la fotografía y cómo aquello que no aparece explícitamente puede comunicar más que lo visible.
Para Dilcia Cortés, la imagen no concluye cuando se captura, sino hasta que se enfrenta a un espectador: “El espectador termina de concluir la imagen (...) El público termina de contar esa historia. Ese ocultamiento también se puede narrar desde lo que no se ve y desde lo que el público interpreta, como los miedos o los traumas”, explicó, y agregó que la fotografía es un asunto que tiene que ver más con lo emocional que con lo visual.
Daniela Lozano coincidió en que la fotografía debe provocar conexiones profundas y reflexiones incómodas. “Son temas que te deben incomodar, que te deben sensibilizar, que te deben tocar”, afirmó al referirse a su proyecto "Las Crucitas, sueños para habitar el silencio".
La fotógrafa señaló que la obra surge de una conexión personal con la comunidad donde nació su madre. “Sé cómo se vive, cómo se pasan los días, cómo se pasa el tiempo en silencio. Lo oculto está ahí, pero también está el trabajo de la fotógrafa de hacer visible eso que normalmente no vemos”.
Lozano dice que a ella le interesa que el público pueda tener sus interpretaciones y conexiones, desde las realidades compartidas de este país violento.
La memoria familiar como impulso creativo
Pero luego, vemos la fotografía no solo como un acto de reflexión o denuncia, sino también como un acto de vulnerabilidad.
En un momento del conversatorio, Daniela Lozano explicó cómo la violencia que atravesó a varias generaciones de mujeres de su familia influyó en su trabajo. “Vengo de una familia de mujeres donde mi bisabuela, mi abuela, mi mamá y mis tías sufrieron violencia. Ese proceso ha impactado el desarrollo de mi vida. Creo que tomar una decisión política y emocional para crear surge de ahí”, expresó.
Una experiencia similar fue compartida por Dilcia Cortés, quien explicó que muchas de las emociones presentes en sus imágenes tienen raíces generacionales, "después entendí que esos traumas y esas emociones que reflejaba en mis imágenes eran una cuestión generacional y cómo yo, mediante la imagen, quería visualizar o tal vez curar lo que le había pasado a toda mi generación, y que yo no quería vivirlo".
El cuerpo como archivo de experiencias
Pero el tiempo no se aborda solo desde su paso por los territorios, sino también por los cuerpos. La moderadora destacó que en la exposición el cuerpo aparece como presencia, ausencia y archivo de experiencias.
Desde Estados Unidos, Claudia Bardales reflexionó sobre esa idea: “El cuerpo es un archivo vivo. No es algo neutral. Va evolucionando y cambiando a través del tiempo. Son esas experiencias las que nos dejan marcados”.
Para la fotógrafa, aquello que permanece oculto también genera nuevas formas de diálogo: “Ese ocultamiento no desaparece, si no que se vuelve más presente desde otro lugar. Cuando hablamos de nuestros miedos o experiencias es cuando realmente se abre la conversación”.
Irene Pincel, por su parte, sostuvo que todas las obras de la muestra están unidas por experiencias compartidas: “Hay un tejido invisible, un hilo rojo que teje cada una de estas piezas. Todo parte de la experiencia personal, pero cuando dialogamos nos damos cuenta de que estas realidades también son las realidades del público”.
Por otro lado, Dilcia Cortés señaló que el tema del cuerpo siempre genera una conexión colectiva, que no se da en detrimento del sentir del artista.
Desacelerar en tiempos de consumo rápido
Otro de los temas centrales fue el impacto de las redes sociales y la saturación de imágenes en la actualidad, y cómo ante tanto consumo un artista no puede perderse a sí mismo.
Ante el clic apresurado y el scroll sin fin, hacer fotografía que emocione, denuncie, reflexione y tenga un componente emocional, político y social, es un reto.
Claudia Sevilla reconoció que incluso quienes trabajan profesionalmente con la fotografía son parte de ese fenómeno: “Soy una consumidora más de redes sociales. Todos estamos en este mismo mundo consumiendo imágenes”.
Sevilla considera que todavía no llegamos a magnificar esa saturación de imágenes en el día a día, "y creo que va a tomar todavía un tiempo para que la humanidad vea el efecto que esto tiene en nosotros".
No obstante, señala que desde su proceso creativo trata de no saturarse de imágenes, y pensar cada fotografía como si solo tuviera un rollo y 36 imágenes para tomar, y que esta es su forma de desacelerar y prestar más atención.
Sevilla acotó que el cuestionamiento es precisamente una forma de detener el ritmo acelerado de consumo visual: “Cuando algo deja de ser inmediato y no se entiende en el primer momento, uno se detiene y empieza a preguntarse qué está viendo”.
Irene Pincel agregó que proyectos como "Realidades paralelas" invitan precisamente a mirar con mayor profundidad: “Vemos nuestro entorno todos los días, pero no reparamos en él. Estamos tan saturados que dejamos de profundizar en esos signos que están presentes”.
Sevilla rescata la importancia de ver imágenes en otro formato que no sea las pantallas, como libros, catálogos, o una muestra, que invita no solo a mirar, si no a ahondar.
La misma exposición termina siendo un ejercicio de resistencia ante esta vorágine que ofrecen las redes sociales, dice Pincel, y explica que lo entiende así desde la propia propuesta de mostrar un portafolio sin saturaciones, ofreciendo una cantidad puntual de imágenes que no saturan el espacio y que invitan a la gente a detenerse un momento en medio de una cotidianidad de ritmos acelerados que entre tanto ruido enmudece al diálogo.
El reto de las fotógrafas ante esta realidad que no se va a detener, es tratar que el espectador, distraído ante tanto estímulo, se detenga a dialogar con la imagen, a profundizar en esos signos que están implícitos, a darle significados.
Pincel dice que "Realidades paralelas" tiene muchas capas, no revela las ideas de inmediato, "hay que detenerse, mirar, entender, y no a través del texto o la ficha técnica, sino a través de la imagen".
¿Redes sociales o espacios de exhibición?
Si bien las redes sociales son como las grandes galerías sin paredes y sin límites de tiempo, las fotógrafas consideran que a mayor visibilidad menor experiencia de contemplación.
Es como la gran paradoja, veo más, pero observo menos.
Al respecto Daniel Lozano valora que "las redes sociales son algo muy efímero. La gente pasa rápidamente las imágenes y ni siquiera se detiene”. La fotógrafa considera que muchos de los proyectos documentales y conceptuales requieren otros espacios de exhibición.
“No les interesa este tipo de fotografías que te ponen a pensar y reflexionar. Por eso es importante que los fotógrafos exhiban los proyectos y generen espacios de diálogo”.
Dilcia Cortés destacó que la relación con las comunidades donde trabaja resulta mucho más significativa que la búsqueda de visibilidad digital, "una obra que estuvo seis meses en un museo puede terminar en un empapelado dentro de una comunidad y tener un impacto enorme. Eso también es importante”.
Censura y desafíos para las mujeres fotógrafas
La conversación también abordó los obstáculos que enfrentan las mujeres artistas en Honduras.
Daniela Lozano recordó las reacciones que generó su proyecto "La piel del agua", una serie de desnudos femeninos realizados en ríos hondureños.
“Muchas de las participantes tenían miedo de mostrar su rostro porque pensaban que podían perder su trabajo. Eso refleja cómo sigue viendo la sociedad estos temas”.
La fotógrafa cuestionó la doble moral existente alrededor del cuerpo femenino, "vivimos en una sociedad donde vemos mujeres semidesnudas todos los días en redes sociales, pero se cuestiona un proyecto artístico que busca educar y generar otra mirada sobre el cuerpo”.
Por su parte, Dilcia Cortés relató un caso de censura ocurrido en Santa Rosa de Copán: “Participamos en un proyecto de murales sobre violencia contra las mujeres y desde la misma municipalidad los censuraron. Los mandaron a quitar y a pintar”.
La artista aseguró que las desigualdades también se manifiestan dentro del ámbito cultural, "existen desigualdades incluso en el arte. No te van a tratar igual si expones desde ciertos espacios de privilegio que si trabajas directamente en la calle o con las comunidades”.
Fotografía, memoria y significado
Hacia el cierre del encuentro surgió una reflexión sobre el significado de la fotografía en una época dominada por la inteligencia artificial y la generación masiva de imágenes que antes se mencionó.
Claudia Sevilla defendió la diferencia entre el acto técnico de fotografiar y la intención artística. “Una cosa es hacer una fotografía y otra es construir una imagen con una intención, una temática y un mensaje específico”.
Cuando se gesta un proyecto este traspasa la curiosidad inmediata para crear una intención de comunicar un mensaje específico.
Y ante la democratización de la fotografía hay que establecer las diferencias en lo que vemos: ¿es una fotografía periodística?, ¿es una fotografía documental?, o ¿es una fotografía artística-conceptual?, partiendo de ahí vamos a separarla de la fotografía recreativa que todos hacemos en algún momento del día.
Dilcia Cortés añadió que el verdadero valor de una fotografía ya no reside en la tecnología utilizada o incluso el equipo, "sino en lo que la imagen provoca y en las preguntas que nos hace”.
La moderadora Samaí Torres resumió el espíritu de la muestra al señalar que la fotografía sigue siendo una herramienta para construir memoria colectiva, "la accesibilidad ha hecho que la fotografía sea más común, pero también más fácil de olvidar. Como espectadores también tenemos la responsabilidad de darle valor a esas imágenes”.
La muestra
"Realidades paralelas: Miradas desde el ocultamiento" puede verla en el espacio público, no depende de un horario de apertura y cierre, y sigue disponible este mes en el Redondel de Los Artesanos.