Tegucigalpa

EL HERALDO entregó útiles y zapatos en Güinope

Alumnos de la escuela Francisco Morazán renovaron esperanzas con el equipamiento de material didáctico.

FOTOGALERÍA
05.04.2013

El sol ardía en su máximo esplendor. Eran las 12:00 del mediodía en el caluroso municipio de Güinope; después de un largo viaje surcando empinadas montañas, llegamos a la aldea Liquidámbar.

En este municipio, ubicado al suroriente del departamento de El Paraíso, pese a la riqueza y belleza forestal de sus 12 aldeas, muchas de sus comunidades están sumidas en la pobreza.

Sus más de 10 mil habitantes han hecho que la excelencia de las naranjas que se producen en la zona sea reconocida a nivel internacional con su exquisito vino de naranja.

Empero, a nivel educativo hay mucho por hacer; en cada escuela uno o dos maestros tienen en sus manos la educación de seis grados en una o dos aulas.

Estas carencias son sorteadas con calidad educativa y compromiso, pues este municipio es la cuna de hondureños ilustres como Paulino Valladares, Ramón Valladares Soto y Jorge Gómez Andino.

La entrega

El calor del ambiente que nos recibió durante nuestra visita era un signo de la calidez de sus habitantes.

Una de nuestras estaciones fue la escuela Francisco Morazán. Allí, mientras los estudiantes copiaban las tareas del día siguiente, hicimos nuestra entrada de solidaridad.

En las dos aulas que conforman el centro educativo los niños comparten las lecciones de primero a tercer grado en un solo salón, al igual que los pequeños de cuarto a sexto año.

La única maestra del centro educativo, Suyapa Castellanos, corre de un salón a otro para asegurarse de que todos hayan copiado correctamente las asignaciones.

El equipo de EL HERALDO irrumpió en sus labores con una recarga de entusiasmo. Desde sus asientos los niños observaban curiosos cómo Don Lápiz y Don Borrador, personajes de la campaña La Maratón del Saber, subían las empinadas gradas cargados con varias cajas.

Después de descargar todo el material, informamos a los niños el motivo de nuestra visita.

Para ganarnos su confianza realizamos una serie de dinámicas, pero el baile del padre Abraham sacó de inmediato su energía y todos comenzaron a jugar, reír y seguir el ritmo con gran maestría.

La emoción fue tanta que al momento de hacer una ola humana, dejaron caer a don Borrador, en medio del remolino que formaron durante el baile.

Desde una esquina su maestra reía a carcajadas al ver a los niños divertirse como nunca y hasta nos pidió la letra de la canción. “El padre Abraham, tenía muchos hijos el padre Abraham, no caminaba nada, nada; no sonreía, serio, serio solamente le hace así...” tarareaban los niños.

Entrega

El momento de entregar los útiles llegó. Contentos y formados en fila los niños recibieron uno a uno los paquetes de libretas, lápices, borrador, sacapuntas y colores.

La emoción se duplicó cuando comenzamos a entregar las zapatillas. Todos los niños se descalzaron ansiosos para esperar el llamado que les permitiría abandonar su viejo calzado.

La espera le parecía eterna a Maynor Flores, alumno de sexto grado, quien asistía a la escuela con zapatos color caqui, ya que era su único calzado.

“Yo sé que el uniforme de la escuela es con zapatos negros, pero no tenía, ahora ya voy a poder andar un poquito uniformado”, expresó.

Su “poquito” se debe a que viste una camisa manga larga blanca, pues sus padres no tienen recursos para comprarle una cuballera.

Pero eso no detiene sus aspiraciones de superación y es uno de los mejores alumnos de su clase.

Historias como la de Maynor son el motor que impulsa nuestra apuesta educativa anual: la Maratón del Saber.