Las pruebas que doña Leslie Alvarenga tuvo que pasar en esta nación, realmente evidencian la valentía, tenacidad y determinación de esta hondureña.
Con apenas 16 años de edad, sin decir ni una tan sola palabra de inglés y sin nadie que la acompañara a su llegada a este país, doña Leslie es quizá uno de los más dignos ejemplos de superación y modelos que los hondureños deban seguir.
Sus padres le mandaron a estudiar a Canadá. “Esa época fue muy dura para mí, quería devolverme a mi país, por las noches lloraba... pero pensaba en mis padres, que los defraudaría si me volvía, así que me quedé y aquí estoy”, dice doña Leslie con una sonrisa un tanto disimulada.
Catalogó a los canadienses como personas generosas y muy hospitalarios, pero son reservados, pero “una vez que usted entra y habla son muy abiertos y generosos”.
Ella recuerda que dejó a Honduras en 1967, cuando todo era más tranquilo.
“No teníamos la facilidad en Honduras de ir a escuelas bilingües, excepto en la Americana, pero yo me gradué en el Instituto Tegucigalpa, y era muy joven cuando vine a este país, 16 años”, relata.
Llegó sola y sin hablar inglés, pero “tuve cierta fortuna porque me mandaron a un internado, entonces eso me ayudó a superar un poco los temores de esos tiempos”.
Estudió en el Internado Saint Raphael West, donde tuvo que aprender el inglés antes de comenzar su carrera.
En Tegucigalpa vivía en el bulevar Morazán, cuando aún no se desarrollaba comercialmente, afirma.
Doña Leslie estudió psicología de niños y se especializó en el sistema de educación Montezori, que impulsan los ingleses.
Ella lleva casada 35 años con su esposo, un científico canadiense, que pidió no publicar su nombre.
Como resultado de ese matrimonio está Alexander, de 30 años, y que al parecer ama visitar la costa norte de Honduras. “Él es hondureño también, he querido inculcarle el amor por nuestro país”, asegura doña Leslie.
Esta compatriota logró fundar, hace 25 años, una escuela donde se le daba especial énfasis al sistema Montezori.
La mantuvo por más de dos décadas y posteriormente la vendió.
Comentó que en su escuela tenía cerca de 70 alumnos. Aclaró que “la visión de las escuelas privadas en Canadá es muy distinta de las hondureñas, pues las escuelas privadas tienden a ser altruistas, es decir que la idea es enriquecer (con conocimiento) a los niños y no a los dueños de la escuela”.
Se le consultó cuál es la principal clave para triunfar en Canadá a lo que respondió “la honestidad en este país en muy importante, porque ellos son muy abiertos, muy honestos... Además se necesita el hincapié por triunfar, de no querer fallarle a sus padres ni a su familia”.
Ella ha apoyado a muchos de sus familiares que han ido a estudiar a Canadá en su lista ya van cinco sobrinos graduados.