La disciplina, la responsabilidad, la pasión por el estudio y el servicio que prestan en sus centros escolares les han convertido en alumnos de excelencia.
Algunos nacieron en el área rural, mientras que otros en zonas urbanas, pero todos merecen nuestra admiración y respeto. El reconocimiento es para todos los niños del departamento de Comayagua, infantes que representan para EL HERALDO el presente y futuro.
En esta edición presentamos cuatro historias de niños que han sido formados en diferentes hogares, pero que todos enaltecen no solo a su centro educativo sino que también a sus familias. Carlos Banegas, Josely Maldonado, Emeli Cámbar y Gissele Ruiz son el reflejo del potencial con que se cuenta en las comunidades para sacar al país del lugar donde se encuentra, pero que se necesita de una familia y una oportunidad para que se formen y destaquen.
Para cada uno de los niños que residen en esta franja territorial de la zona central del país, les deseamos bendiciones y triunfos.
Carlos Banegas, un niño amante de las notas musicales
Escuchar una pieza de ópera o música clásica es el mejor regalo para los oídos de Carlos Marcial Banegas, de 11 años.
Las notas musicales que ha escuchado desde niño en la actualidad las logra sacar por medio de la lira o la flauta, sin que haya sido instruido en una escuela de música.
“A puro oído aprendí a tocar la lira y la flauta porque aún no he aprendido a leer las tablaturas, solo escucho las canciones y las toco en los instrumentos”, aseguró Carlos.
La misma pasión que posee por la música trata de transmitir a cuatro de sus compañeros en las horas de recreo.
El menor nació en una comunidad rural de Comayagua, pero por motivos de estudio se trasladó a la ciudad junto a sus padres. El pequeño funge como presidente del gobierno escolar de la Escuela José Trinidad Cabañas, cargo que ha aprovechado para gestionar varias ayudas para sus compañeros. Su índice escolar es del 98 por ciento, logro que lo hace sentirse orgulloso de sí mismo. Entre sus talentos innatos también destacan el canto, el dibujo, la poesía y drama, actividades que al igual le apasionan y trata de combinar para mantenerse activo.
Sus obligaciones estudiantiles van de la mano con las tareas en casa, debido a que sus padres también le han asignado responsabilidades en el hogar. Por las noches llega la hora de ofrecer las oraciones y plegarias a Dios al acudir junto a su madre a la iglesia evangélica.
Sus maestros consideran que es un niño prometedor que debe ser apoyado para convertirse en un profesional de éxito.
De grande Carlos sueña con convertirse en un ingeniero civil para contribuir a mejorar la infraestructura de su comunidad y del país.
Emeli Cámbar quiere ser una ingeniera civil
La destreza con que Emeli Cámbar, de 8 años, resuelve las ecuaciones matemáticas la mantiene entre las mejores alumnas del salón escolar.
Sus calificaciones en matemáticas desde que inicio la escuela son de 100 por ciento. Posee en la actualidad el cargo de presidenta del gobierno escolar y como obligación “tengo que arreglar el comedor de la escuela, poner los basureros en cada aula para que se mantenga limpia, sin descuidar mis clases ya que debo mantener o superar mi índice académico”, dijo la estudiante.
En los últimos tres años ha sido designada como maestra de ceremonia de los actos que se realizan en su escuela debido a su facilidad de expresión oral y física. Emeli cursa el quinto grado en la Escuela Manuel Andara de Comayagua, es la hija mayor de la familia Cámbar Chávez, comerciantes del mercado San Francisco, lugar ubicado en el casco urbano de la ciudad colonial.
La menor, al salir de la escuela en horas del mediodía, se traslada al negocio de sus padres para ayudarles, y luego dedica unas dos horas a estudiar los contenidos visto en clases, para que en horas de la noche pueda asistir a una iglesia evangélica junto a sus padres.
Su intelecto no solo es para comprensión de las matemáticas sino que también para captar de manera rápida los guiones para actuar en los dramas escolares, por los que se ha ganado el cariño y respeto del resto de los alumnos. Además le gusta escribir canciones en los tiempos libres y, por ser una de las más destacadas alumnas, Cámbar apoya a los maestros con la revisión de exámenes de sus compañeros. La estudiante sueña con convertirse en una ingeniería civil. “Quiero ser ingeniera, creo que puedo lograrlo”, manifestó.
En el municipio de Comayagua existe una matrícula de 14,700 alumnos en los niveles de prebásica, básica y media.
Josely, una pequeña que sueña con ser pediatra
A sus 12 años Josely María Maldonado ha sabido disertar en público y tener el control de los eventos que se realizan en su escuela. Su capacidad para presentarse ante el público sin que represente para ella una tarea difícil, le ha conducido a ser la maestra de ceremonias de la Escuela Fray Juan de Jesús Zepeda, ubicada en el barrio Torondón, Comayagua.
Josely es calificada como una niña alegre y bromista por sus compañeros de sexto grado, quienes a la vez le guardan admiración y respeto por su dedicación al estudio.
El índice académico que posee Josely es del 93 por ciento desde que ingresó al centro educativo más antiguo de Comayagua. Según la estudiante, el hábito de la lectura inculcado por sus progenitores le ha ayudado para tener facilidad de palabras y poder expresarse de manera adecuada en los eventos de la escuela.
El centro escolar en la actualidad alberga a unos 600 alumnos. La lectura de libros de español y novelas son los preferidos por la estudiante y cada año logra leer unos cuatro en promedio. Su disciplina y responsabilidad con los trabajos es otra de las virtudes que destacan en su personalidad. Josely también participa en actos teatrales, ya sea narrándolos y participando con ciertos personajes. “Desde cuarto grado la profesora me apoya para participar con algún personaje en las obras teatrales de la escuela y en ocasiones me toca hacer las narraciones de las obras”, expresó.
La menor reside en el barrio Abajo de Comayagua y al llegar a su vivienda tiene que ayudar con los oficios cotidianos. “Cuando logre llegar a la universidad quiero estudiar medicina para ser pediatra porque me gustaría atender niños y poder sanarlos”, manifestó.
Una tutora de 100 por ciento es Gissele Ruiz
La voluntad que muestra Giselle Dayanara Ruiz, de 11 años, para ayudar a sus compañeros que no han comprendido las lecciones, la convierte en una tutora inigualable.
Ruiz cursa el sexto grado en la Escuela de Niñas Rosa de Valenzuela, con un rendimiento académico del 100 por ciento. “Cuando mis compañeras no entienden algún tema, voy y les ayudo para que pasen el parcial ya que varios tienen problemas ya sea en matemáticas o español”, dijo la estudiante. Unas de sus responsabilidades permanentes en la escuela es formar a otros menores en el tema del reciclaje.
“Al inicio me siento un poco nerviosa porque estoy con otras niñas, pero cuando pasan los minutos me da confianza y me desenvuelvo bien y lo importante es que logran entender el mensaje sobre el buen manejo de los desechos”, argumentó.
Las charlas las imparte dos veces a la semana a unos 600 niños. La relación de Giselle con sus compañeros no solo es de estudio sino que es una buena amiga, según la estudiante Samantha White. “Además de ser una buena compañera es buena amiga y es bonito jugar y platicar con
Giselle”, destacó White. Las maestras la consideran como una niña autodidacta porque buscar informarse e investigar los temas que se imparten en clases. “Mi papá me ha inculcado la importancia de ser buena alumna”, explicó la menor. Al llegar a su vivienda en el barrio Independencia, de Comayagua, Gisela siempre llega con la ilusión de cuidar a su hermano menor, que tiene seis meses.