Honduras

Cuarterías repletas de migrantes en Choluteca: asustados, evasivos y desesperados

EL HERALDO recorrió algunos barrios populosos de Choluteca que se encuentran abarrotados de migrantes que se quedaron varados en su viaje rumbo a Estados Unidos

FOTOGALERÍA
02.06.2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS.- Ante una fotografía corrieron a esconderse, son ciudadanos de Bangladesh, sumamente tímidos y esquivos, por ahora viven en una cuartería en el barrio La Corbeta, Choluteca, donde pagan tres dólares por día.

Ellos no se relacionan con casi nadie, iban rumbo a Estados Unidos, pero se quedaron cortos de dinero, por lo que vivir en la zona sur es su única salida.

EL HERALDO recorrió algunos barrios populosos de Choluteca, atestados de migrantes de todas las partes del mundo; pagan poco, algunos incluso deben, a otros ni para pagar les alcanza, pero si no fuera por las cuarterías les tocaría pasar en la calle.

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La pequeña Samantha (4) entra a un cuarto y a otro como “Pedro por su casa”, anda de vestido y sandalias, su cabello está trenzado con pelotitas de plástico multicolores, es haitiana, saluda con un ¡hola!, que lo aprendió al escuchar a los hondureños, aunque inmediatamente corrige para un cordial ¡bonjour!

Llegó a Choluteca hace menos de un mes con su mamá Kathie, una morena de al menos 1.85 metros, también con trenzas, ojos negros, sonriente, que prefiere andar descalza y en calzoneta.

Pasan sus días en un pequeño cuarto con cuatro camas que comparten con otros migrantes que, al igual que ellas, están varados en el barrio La Corbeta, Choluteca, tratando de ajustar dinero para continuar su travesía rumbo a los Estados Unidos.

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Una pareja de cubanos conversa en una de las tantas habitaciones que hay en los barrios de Choluteca que sirven de paso a los extranjeros. Foto: Jhony Magallanes/El Heraldo

Una pareja de cubanos conversa en una de las tantas habitaciones que hay en los barrios de Choluteca que sirven de paso a los extranjeros. Foto: Jhony Magallanes/El Heraldo

La cuartería donde vive Samantha es solo una de tantas que existen en la zona, son espacios reducidos donde el calor penetra el techo de aluminio hasta mojar los colchones con el sudor de los extranjeros que, en el mejor de los casos, tienen un ventilador para no volverse locos.

Por su estadía pagan la módica cantidad de entre dos y tres dólares (50 a 75 lempiras), aunque la mayoría llega sin dinero, se las arreglan con los propietarios que, aunque saben que es un negocio, a veces no pueden dejarlos ir a dormir en la calle y optan por recibirlos mientras sus familiares les envían plata.

En las esquinas se pueden ver diferentes grupos de migrantes, la mayoría que pasan en la calle son los haitianos, aunque deambulando hay de todos los países, siendo los cubanos los que prefieren no involucrarse con otras personas que no sean de su país y han identificado cuarterías donde se les atiende de manera exclusiva durante su caótica estadía en Choluteca.

En una de las tantas esquinas, EL HERALDO encontró a los tres ciudadanos de Bangladesh, a primera vista pensaron que iban a pasar desapercibidos, pero al percatarse que eran enfocados por el lente de la cámara pidieron que no los retrataran sumamente asustados antes de meterse a un pequeño cuarto.

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El encargado del lugar, un joven hondureño en muletas, explicó que ese tipo de personas prefieren no relacionarse con nadie, caminan muy nerviosos y atentos ante cualquier situación, se preocupan por pagar la cuota diaria y pasan ocultos.

En la misma cuartería había muchos haitianos, la mayoría opta por andar sin camisa, son agradables y en el caso de conflictos por el hacinamiento se les permite resolver a su manera con el entendido que serán expulsados si el asunto no se soluciona.

A medida que EL HERALDO entró más en el barrio descubrió más casas con extranjeros como huéspedes, hasta en un momento caer en razón que en la zona bien hay más migrantes que hondureños debido al alto flujo de personas rumbo al norte.

Una de esas personas era Adán Gutiérrez (38), un cubano que por su aspecto parecía más un fisicoculturista. Al momento de encontrarlo estaba sin camisa y acostado en un pequeño cuarto, donde a pesar de ser mediodía apenas entraba la luz del sol.

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En algunos de los barrios la cantidad de extranjeros irregulares supera al número de hondureños. Foto: Jhony Magallanes/El Heraldo

En algunos de los barrios la cantidad de extranjeros irregulares supera al número de hondureños. Foto: Jhony Magallanes/El Heraldo

Lo que sí entraba era el vapor de la calle, al punto de causar sudor sin tan siquiera moverse.

El cubano estaba en compañía de su esposa Dunia que recién regresaba de bañarse. La pareja explicó que salieron de Cuba por la situación política y económica, ambos desean un mejor futuro para su hijo Jeason.

A otro de los cuartos entraron más haitianos y en un espacio reducido estaba una africana, quien andaba sin camisa con la puerta abierta. A simple vista se le notó que no soportaba el clima, pero no se inmutó por la presencia de extraños... minutos después cerró la puerta de su cuarto en busca de privacidad.

La encargada del lugar comentó que la mayoría de las personas llegan con poco dinero, son educadas y agradecidas; los que tienen pagan, otros salen a pedir e incluso con tal les den donde dormir le ayudan a barrer el patio o lavar la ropa de cama de todas las habitaciones.

Argumentó que a pesar que tiene varios inquilinos el flujo está bajo, pues sin pandemia podría decir que no se dan abasto con tantas personas extranjeras.

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Estos ciudadanos de Bangladesh corrieron a esconderse luego de ser captados por el lente de EL HERALDO. Foto: Jhony Magallanes/El Heraldo

Estos ciudadanos de Bangladesh corrieron a esconderse luego de ser captados por el lente de EL HERALDO. Foto: Jhony Magallanes/El Heraldo

Nuevamente en la calle EL HERALDO trató de conversar con un grupo de extranjeros que estaban sentados hablando en francés, a pesar de las risas entre ellos con señales acertaron que no entendían y mucho menos hablaban español.

A lo lejos se asomaron otros cubanos, se reconocen porque hablan fuerte y su acento es inconfundible, venían llegando del Instituto Nacional de Migración (INM), “nos dijeron que volvamos mañana, porque ya van a cerrar el banco, vamos a buscar un cuarto todos, en hotel sale muy caro y no permiten varias personas juntas en las misma habitación”, dijo uno de los migrantes sin que hasta ese momento se le consultara.

La tarde comenzó a caer en el barrio y se logró apreciar una buena cantidad de mujeres extranjeras “bien vestidas” que caminaban con rumbo al centro de la ciudad, ante la falta de dinero varias piden en algunos puntos específicos de la zona.

A la salida del lugar se sumaron otros extranjeros en un flujo frecuente, las personas de la zona están acostumbradas a verlos, por lo menos en el barrio tratan de cuidarlos pues de alguna u otra manera pagan para estar ahí... una vez fuera son presa de la delincuencia.

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