Tegucigalpa, Honduras.- “La literatura vino a mí porque yo tuve la necesidad de encontrar un objetivo en la vida”, dijo una vez la mujer hondureña que ha hecho de la crítica literaria su sello profesional, al mismo tiempo que cultiva bondades y agradecimientos entre quienes la leen o tienen el privilegio de conversar con ella.
Helen Umaña, originaria de La Encarnación, Ocotepeque, es una de las voces más autorizadas y respetadas de la literatura hondureña y latinoamericana. Ha dedicado su vida al estudio y la enseñanza del campo que exploró y del que se enamoró desde que era niña, cuando su padre se detenía a leerles cuentos a ella y a sus hermanos.
Tan analítica como modesta, tan académica como humana, “cuando experimento soledad, la reparo al ponerme a leer”, compartió Umaña, quien recopila historias y vivencias entre Honduras y Guatemala, países en los que ha asentado las bases de una obra escrita que ha inspirado el camino de muchos, entre los pocos que eligen apegarse a las letras.
Las artes, su lazo con Honduras
Reflexionando sobre su propia labor, la escritora concluye que siempre ha estado “inspirada en el amor”, aunque admite que no siempre sintió amor por su patria.
“Crecí creyéndome guatemalteca, pero aprendí a amar a Honduras a través de su literatura y su arte, al empezar a leer esos textos tan hermosos y al ver los cuadros que se pintan aquí, sobre todo por cómo ambas ramas reflejan aspectos tan humanos”.
Su interés por el arte y la cultura ha sido diverso. “Me gusta mucho la pintura, especialmente la pintura hondureña, que es a la que más me he acercado”, compartió, enlazando su gusto por el cine y la academia. “Recuerdo que las películas que yo veía de niña se las explicaba a las trabajadoras de mi casa. Ahí empezaba ya una labor docente”, incluso sin que ella misma lo supiera.
Por otro lado, la modestia ha sido parte de su carta de presentación. Es en la calidez de sus expresiones donde el criterio, la coherencia y la humildad convergen en sintonía. “Lo que yo escribo, que tiene muchas limitaciones, y no lo digo por falsa modestia, sino porque así lo pienso, sé que sirve al menos a un grupo de gente que va a entender lo que estoy haciendo”.
Muchos la consideran la mayor crítica literaria del país, título que Umaña recibe con agradecimiento y cariño, pero que asegura es consecuencia del desconocimiento del trabajo de otros autores que, al igual que ella, han construido un oficio en reflexionar sobre los escritos ajenos. “No hay que olvidar que la crítica no es más que un mensaje segundo; el primero está en el libro del autor”.
Reconocimientos a su obra
El Festival de Los Confines, celebrado anualmente en Gracias, Lempira, ha dedicado homenajes a su figura y la ha elegido jurado permanente de su concurso de poesía desde su inauguración, en 2017.
Asimismo, la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán le otorgó, en julio de 2025, el Doctorado Honoris Causa, convirtiéndola en la primera mujer hondureña reconocida con esta máxima distinción por esa casa de estudios.
“Mi jubilación no tuvo el sentido ni el peso que los libros le han dado a mi vida”, expresó la académica con emoción en aquel momento, en el que también confesó: “La literatura es mi pasión, y esa es la clave para aportar algo a la sociedad”.
Sus palabras permitieron recordar que, en tierras copanecas, allá por el 2019, ella misma confió a EL HERALDO que su servicio ha sido más que bien retribuido: “Dedicar mi vida a la literatura ha sido muy satisfactorio, no tanto por lo que yo he escrito, sino por lo que la literatura me ha dado a mí. Las experiencias con jóvenes son increíblemente hermosas”.
Helen Umaña, una leyenda viva de las letras, sigue educando e inspirando aun cuando no se lo propone, como lo ha hecho durante décadas y lo hace ahora, justo mientras se escribe este texto que pretende rendirle homenaje a la mujer, hija, madre, esposa, hermana y amiga que respeta el ritmo del reloj y lo percibe como un vigilante sabio.
“El tiempo es el único que dicta el lugar que uno va a ocupar; ya luego vendrá otro y lo valorará”, ha dicho con sabiduría.