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Tráfico ilícito de bienes culturales

La especialista de la Unesco, Montserrat Martell, habló sobre este delito y la situación que enfrentan los países de Centroamérica

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21.02.2017

Tegucigalpa, Honduras
El tráfico de bienes culturales es un delito que ha golpeado fuertemente a los países centroamericanos.

Para generar conocimiento y hacer conciencia sobre este tema, la Dirección de Cultura de la UNAH, con la financiación de la Cooperación Española, organizó la charla “El tráfico ilícito de bienes culturales en Centroamérica”, que contó con la participación de Montserrat Martell, especialista del sector cultural de la oficina multipaís de la Unesco en San José, Costa Rica, y Omar Talavera, del Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH).

Talavera inició la jornada con un recorrido por las diferentes etapas del tráfico de bienes culturales en Honduras y señaló que en el país las piezas religiosas del período colonial son las que más roban los delincuentes, seguido de las piezas del período prehispánico y republicano. Además, destacó que este delito es muy antiguo, pero no fue hasta 1998 que se comenzaron a hacer estadísticas.

Quienes cometen este delito son bandas organizadas que se lucran de la venta de estas piezas en países europeos y en Estados Unidos. “El tráfico de bienes culturales mueve mucho dinero, estamos hablando de millones de dólares a nivel mundial”, dijo Martell, y agregó que “esta idea de que la persona que roba bienes culturales es un amante del pasado es falsa, es un traficante, un criminal común”.

La especialista de la Unesco dijo que este tema concierne a nivel mundial: “La Unesco ha estado trabajando en una coalición mundial para proteger el patrimonio, lo que se busca es el apoyo internacional para luchar contra el robo y destrucción de los bienes patrimoniales”.

Cadena de delitos
El huaquero es quien se dedica a buscar, ubicar e identificar las piezas que serán sustraídas, generalmente es una persona que pertenece al lugar donde se encuentran estos tesoros; él lo vende a precios bajos a las bandas criminales, que se encargan de sacarlas del país y venderlas en otras naciones por medio de casas de subastas, lo ilegal lo visten de legalidad y las ganancias son millonarias.

“Para la Unesco, el huaquero es al que hay que convencer para que no lo haga, que sea un aliado para que deje de buscar piezas para venderlas”, dijo Martell, y agregó que el traficante conoce al huaquero, y es al primero a quien hay que perseguir, aunque lamentablemente las penas para ellos son menores.

“Cada vez es más difícil parar la venta de piezas patrimoniales, Internet no lo facilita”, señaló. La especialista dijo que muchos de estos tesoros de Centroamérica están en museos y que los museos tienen un rol fundamental para detener este flagelo no adquiriendo piezas de dudosa procedencia.

Hay dos convenios que amparan a los países ante el robo de bienes culturales, el de 1970 y el Unidroit de 1995, pero no todos los países lo han firmado. El tráfico ilegal de bienes culturales “causa un daño irreparable a la memoria, el legado y el desarrollo de un país. Este es un tema prioritario para Am?rica Latina”, finalizó Martell.