La desinformación encierra al usuario en un círculo de miedo y consumo compulsivo

Psicólogos y estudios internacionales advierten que la repetición, el miedo y la revisión constante de noticias pueden alterar la percepción del riesgo y agotar mentalmente

  • Actualizado: 27 de agosto de 2026 a las 15:06
La desinformación encierra al usuario en un círculo de miedo y consumo compulsivo

Tegucigalpa, Honduras.- La desinformación no solo engaña: también puede alterar la percepción del peligro y encerrar a las personas en un círculo de miedo, ansiedad y consumo compulsivo de noticias.

Entrevistas con tres psicólogos hondureños y estudios internacionales permiten identificar el mecanismo: una falsedad repetida se vuelve familiar; la familiaridad puede hacerla parecer creíble; el contenido alarmante activa emociones; y la incertidumbre empuja al usuario a buscar más información en las mismas plataformas donde circulan los engaños.

El impacto no es igual en todas las personas ni significa que cualquier contacto con información falsa produzca un trastorno psicológico.

Sin embargo, los especialistas advierten que la exposición constante puede generar inseguridad, irritabilidad, agotamiento y dificultades para desconectarse.

Mentira repetida

Judith Andino, psicóloga y psicoterapeuta, explica que la repetición puede reemplazar silenciosamente a la comprobación.

“Nuestro cerebro tiende a familiarizarse con aquello que ve repetidamente. Cuando una misma información aparece muchas veces, empieza a resultarnos conocida y esa familiaridad puede hacer que la percibamos como más creíble, aunque nunca hayamos comprobado”, dijo.

“El problema actual es que en redes sociales podemos encontrarnos con el mismo mensaje muchas veces y terminar pensando: si todo el mundo lo está diciendo, debe ser cierto. Pero repetición no significa verdad”, agrega.

La falsedad también gana credibilidad cuando es compartida por familiares, amistades o personas que piensan de manera similar.

El usuario puede interpretar la repetición dentro de su grupo como una confirmación, aunque todos reproduzcan una misma fuente sin verificar.

Una investigación publicada en 2020⁠ en Cognitive Research: Principles and Implications encontró que depender principalmente de las emociones aumentaba la credibilidad concedida a noticias falsas.

El trabajo incluyó una primera muestra de 409 personas y cuatro experimentos posteriores con 3,884 participantes.

Los resultados mostraron que inducir un procesamiento emocional incrementaba la creencia en contenidos falsos frente a un grupo de control o a personas orientadas hacia el razonamiento.

Quedar atrapado

La exposición a mensajes alarmantes también puede hacer que el entorno parezca más peligroso de lo que realmente es.

“Cuando encontramos noticias que son alarmantes, que son falsas y que no sabemos quién dice la verdad, esto nos impacta y nos vuelve bastante inseguros, nos desestabiliza emocionalmente y psicológicamente, afectando nuestro comportamiento y nuestra conducta y probablemente nuestro pensamiento”, explica Felipe Maldonado, docente de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.

Daniel Matamoros, psicólogo, advierte que el problema se agrava cuando la búsqueda de información deja de responder a un interés y se convierte en una necesidad difícil de controlar.

“El efecto traumático, el efecto de ansiedad, se mide por la obsesión por noticias, la obsesión por estar informándose de situaciones negativas. Cuando ya no es una curiosidad o interés, sino es una obsesión, produce ansiedad”, dice.

La revisión constante no necesariamente resuelve la incertidumbre. Cada actualización puede exponer al usuario a nuevas advertencias, contradicciones y mensajes diseñados para capturar su atención.

Un estudio de la Universidad Estatal de Michigan⁠, realizado con 189 universitarios estadounidenses, encontró que quienes presentaban más señales de uso problemático de redes también mostraban mayor tendencia a creer, abrir e interactuar con noticias falsas.

La investigación establece una asociación, pero no demuestra que el consumo problemático cause por sí solo la creencia en desinformación ni determina cuál de los dos fenómenos aparece primero.

Costo emocional

Otro estudio elaborado por Evercom⁠, la Universidad Complutense de Madrid y Fad Juventud dimensionó el desgaste entre 800 jóvenes españoles de 15 a 24 años.

El 35% expresó ansiedad ante la posibilidad de consumir noticias falsas sin poder identificarlas y el 42% aseguró terminar mentalmente agotado después de navegar por redes.

Además, el 63% manifestó frustración por la difusión de bulos, el 55% confusión o decepción y el 54% impotencia.

Los porcentajes corresponden a España y no constituyen una medición de la población hondureña. No obstante, coinciden con las manifestaciones descritas por los psicólogos consultados: preocupación constante, irritabilidad, problemas de concentración, alteraciones del sueño y necesidad compulsiva de buscar nueva información.

En ese sentido, Andino explica que “es importante desarrollar pensamiento crítico sin perder el vínculo con los demás. Podemos pertenecer a un grupo y, al mismo tiempo, cuestionar una información, verificarla y tener una opinión diferente. Pensar distinto no necesariamente significa dejar de pertenecer y eso hoy en día tiene que ver con el autoestima”.

Verificar se convierte así en una forma de autocuidado. Comprobar la fuente introduce una pausa entre la emoción y la reacción, reduce la posibilidad de compartir impulsivamente y evita confrontaciones basadas en hechos falsos.

Maldonado recomiendo a “no creer en especulaciones porque cuando creemos en especulaciones, creamos preocupaciones en las personas, creamos nerviosismo, creamos inconsistencia, creamos resentimiento de negación, problemas de inestabilidad emocional”.

La desinformación comienza alterando los hechos, pero puede terminar modificando la manera en que una persona percibe su entorno y toma decisiones. Cuando el miedo conduce a buscar más información y esa búsqueda aumenta la exposición a contenidos alarmantes, el círculo vuelve a comenzar.

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Carlos Girón
Carlos Girón
Editor de El Heraldo Verifica y La Prensa Verifica

Especialista en desinformación, verificación digital, fact-checking político, tratamiento y visualización de datos y transparencia. Licenciado en Periodismo por la UNAH. Máster en la Universidad CEU San Pablo de Madrid, España.

José Quezada
José Quezada

Periodista egresado de la UNAH. Se desempeña como redactor digital de El Heraldo desde 2022. Se especializa en la elaboración de noticias de última hora, Fact-checking, semblanzas, temas políticos y educativos.

Carlos Urrutia
Carlos Urrutia
Periodista

Fact-checker de EL HERALDO y La Prensa Verifica, en donde combate la desinformación en línea. Conoce de SEO y periodismo digital. Estudiante de Periodismo en la UNAH.

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