Tegucigalpa, Honduras.- La desinformación continúa en 2026 entre las mayores amenazas mundiales en los próximos diez años, según el Informe Global de Riesgos de este año del Foro Económico Mundial.
El organismo sitúa la desinformación y la mala información como el segundo riesgo más grave para los próximos dos años, detrás de la confrontación geoeconómica.
En la proyección a diez años ocupa la cuarta posición, después de los eventos climáticos extremos, la pérdida de biodiversidad y los cambios críticos en los sistemas terrestres.
El documento recoge las opiniones de más de 1,300 especialistas consultados mediante la Encuesta de Percepción Global de Riesgos 2025-2026.
Los resultados reflejan sus valoraciones sobre la probabilidad y gravedad de 33 riesgos; no constituyen predicciones.
Inmediata y persistente
La encuesta pidió identificar el riesgo con mayor probabilidad de provocar una crisis material en 2026. La confrontación geoeconómica encabezó esa medición con 18%, seguida por el conflicto armado entre Estados, con 14%, y los eventos climáticos extremos, con 8%.
La polarización social y la desinformación y mala información recibieron 7% cada una. El dato coloca la desinformación entre las cinco preocupaciones inmediatas, pero no como el segundo riesgo más probable de ocasionar una crisis durante 2026.
Su segundo puesto corresponde a la clasificación por gravedad para los próximos dos años.
Carmen Beatriz Fernández, docente venezolana y experta en comunicación política y procesos electorales, vinculó la permanencia del riesgo con el ciclo electoral y el avance de la inteligencia artificial (IA).
“Ahora ya no es el principal riesgo, pero siguen viéndolo, tanto en 2025 como en 2026, como una amenaza a corto plazo que genera inestabilidad geopolítica, debilita la democracia y todo ello alimentado o alentado por el avance de la inteligencia artificial, que hace más fácil desinformar”, afirmó.
Para Olivia Sohr, directora de Nuevas Iniciativas de Chequeado, la amenaza atraviesa numerosos problemas.
“La desinformación lo que hace es complejizar el acceso a la información: que a las personas, a los ciudadanos, les cueste mucho más saber qué es lo que está ocurriendo y tener un diagnóstico realista de una situación”, explicó.
Fenómeno que cambia
“La desinformación muta, migra y cambia sus formatos de elección a elección. Probablemente, lo que aprendimos sobre desinformación en Honduras no nos va a servir para el próximo proceso electoral en Honduras, porque la desinformación es como un virus: va mutando y va fortaleciéndose”, señaló Fernández.
Sohr explicó que las crisis facilitan la circulación de contenidos engañosos y, al mismo tiempo, hacen más difícil comprender los acontecimientos.
“En situaciones que de por sí son críticas y, en muchos casos, son crisis directamente, quienes desinforman aprovechan eso para introducir sus contenidos, darles más alcance y hacer circular desinformaciones; a través de eso empeoran el problema porque es más difícil saber qué es lo que está pasando realmente”, sostuvo.
En 2024, EH Verifica y LA PRENSA Verifica publicaron más de 470 verificaciones. Más de 400 correspondieron a contenidos falsos o engañosos y más de 70 examinaron declaraciones de políticos, funcionarios públicos y otras figuras nacionales.
En 2025, EH Verifica y LA PRENSA Verifica publicaron 784 artículos periodísticos contra la desinformación: 475 desmentidos de contenidos falsos o engañosos y 107 verificaciones de afirmaciones políticas, promesas de campaña y discursos públicos.
La experiencia electoral mostró su capacidad de propagación. Los contenidos desinformativos monitoreados entre el 15 de noviembre de 2025 y el 15 de enero de 2026 alcanzaron más de 6.2 visualizaciones y fueron compartidos 16,597 veces.
El análisis documentó 96 incidentes de desinformación electoral y 12 encuestas falsas.
Fernández vinculó la respuesta con la recuperación de la confianza pública: “La pérdida de la confianza como problema político va muy ligada al tema de la desinformación. Y el antídoto también va muy ligado: recuperar la confianza, la cultura democrática, la confianza institucional y la libre circulación de la información son las tres claves para combatir la desinformación”.
La evidencia global, la valoración de las especialistas y el trabajo periodístico en Honduras muestran que la desinformación no es un juego ni termina al desaparecer una publicación viral.
Puede distorsionar decisiones, agravar divisiones y debilitar la confianza institucional. Abordarla como asunto de país exige fortalecer la verificación, la educación mediática y el acceso a información pública confiable.