Tegucigalpa, Honduras.- Páginas que imitan la apariencia de medios de comunicación difundieron 142 de los 393 bulos desmentidos por EH Verifica entre enero y julio de 2026. La cifra representa el 36.1% de los casos: casi cuatro de cada 10 contenidos verificados durante esos siete meses.
El hallazgo forma parte de una investigación conjunta de EH Verifica y LA PRENSA Verifica sobre el uso de nombres, logotipos, tipografías, diseños y formatos periodísticos para otorgar una apariencia informativa a contenidos falsos.
No se trata únicamente de publicaciones creadas por usuarios anónimos. Son páginas que se presentan como medios, reproducen los códigos visuales del periodismo y publican desinformación como si fueran noticias verificadas.
Esa fachada reduce las sospechas de los usuarios y permite que una falsedad alcance audiencias que probablemente desconfiarían de una cuenta personal.
De los 142 contenidos identificados, 135 fueron calificados como falsos y siete como engañosos. Esto significa que el 95% no tenía ningún sustento, mientras el 5% restante mezclaba datos ciertos con omisiones, manipulaciones o contextos distorsionados.
Diseñada para engañar
Edwin Ordóñez, docente de Periodismo Digital de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), explica que la semejanza con los medios informativos no es accidental.
“(Los pseudomedios) fueron creados para eso: montar campañas de desinformación en contra de personas e instituciones. Muestran una apariencia formal y cumplen todos los estándares de un medio de comunicación en cuanto a diseño, pero su papel principal es atacar a través de bulos”, argumenta.
La estrategia consiste en apropiarse de la credibilidad construida por el periodismo. Una publicación con logotipo, fotografía, titular y diseño informativo puede ser interpretada como una noticia, aunque detrás no exista una redacción, una metodología de verificación, responsables editoriales o fuentes identificables.
Javier Franco, experto en desinformación, advierte que las técnicas utilizadas hacen cada vez más difícil distinguir una falsedad.
“Ya no se necesita inventar completamente una noticia: puede utilizar una cita falsa, sacar un hecho verdadero de contexto, alterar una imagen o producir artificialmente una voz o un video. Para mí, el gran cambio está allí: el problema ya no es solamente cuánto se desinforma, sino que cada vez resulta más difícil reconocer a simple vista aquello que es falso”, comenta.
Las verificaciones incluyeron citas falsas, hechos inventados, contenidos sacados de contexto, deepfakes, manipulaciones digitales, propuestas y proyectos inexistentes, comunicados apócrifos, suplantaciones y encuestas falsas.
Aunque los datos disponibles identifican estas modalidades, no establecen cuántos casos corresponden a cada una.
Facebook, el epicentro
Facebook fue la principal vía de circulación: 122 de los 142 bulos fueron detectados en esa plataforma, equivalentes al 85.9%. TikTok acumuló 14 casos, el 9.9%, mientras X registró seis, el 4.2%.
La producción tampoco se mantuvo estable. En enero y febrero se identificaron 14 casos por mes; en marzo aumentaron a 18 y en abril llegaron a 27. Después descendieron a 17 en mayo y 15 en junio, antes de alcanzar su punto más alto en julio, con 37.
Solo julio concentró el 26% de todos los contenidos atribuidos a pseudomedios durante el período. Ese mes casi triplicó los registros de enero y febrero.
Ordóñez considera que el morbo funciona como combustible de esta circulación: “Por el simple hecho del morbo y el clickbait con el que se publican las noticias falsas. Quienes lo hacen buscan el gancho correcto para indignar al ciudadano y esto hace que se replique constantemente”.
No basta, por tanto, con que el contenido parezca una noticia. También debe provocar miedo, enojo, rechazo o indignación. La emoción impulsa al usuario a compartir antes de comprobar el origen de la información.
Dominio de falsedades
El Gobierno fue la temática más explotada, con 30 bulos, seguido del Congreso Nacional, con 28. Juntos concentraron 58 casos, equivalentes al 40.8% de toda la desinformación difundida por pseudomedios.
El regreso y el indulto del expresidente Juan Orlando Hernández acumularon otros 18 registros. También aparecieron contenidos sobre combustibles, elecciones, conflictos internacionales, salud, educación, seguridad, protestas sociales y la reforma energética.
La diversidad temática demuestra que los pseudomedios se adaptaron a la coyuntura. No mantuvieron una agenda fija: explotaron los asuntos con mayor capacidad para atraer atención, provocar confrontación o afectar la reputación de personas e instituciones.
Franco también señala que la responsabilidad no termina en las páginas dedicadas a desinformar. “Hay algunos periodistas y algunos medios que también han contribuido, consciente o inconscientemente, a esa fábrica de contenidos falsos.
Precisamente por eso creo que el buen periodismo tiene que volver a dar la batalla por la verdad. Hoy ya no basta comprobar si un hecho ocurrió: hay que verificar una voz, una fotografía, una cita, su contexto y hasta determinar si intervino inteligencia artificial.
En medio de esta infodemia, verificar rigurosamente vuelve a ser una de las principales funciones sociales del periodista”.
Alina Donaire, investigadora de desinformación, plantea “tratar, en la medida de lo posible, de mitigar los falsos medios digitales, reportarlos para que estos sean baneados o cerrados para combatir este fenómeno que va en constante evolución”.
Sin embargo, la respuesta no depende exclusivamente de periodistas y plataformas.
“No solo es un rol del periodista, tiene que ser algo integral, educando a la audiencia para que supere el consumo superficial de las plataformas y que sea un poco más meticulosa y dudosa”, sostiene Donaire.
Los 142 casos muestran que los pseudomedios no operan en los márgenes de la desinformación hondureña. Constituyen una de sus principales estructuras de distribución: páginas que copian la forma del periodismo para atacar su función esencial, que es ofrecer información comprobada.