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'Un presidente me amenazó de muerte”

<p>El de Talanga se acerca a su retiro, pero antes recorre en Zona su vida junto al gorgorito.</p>
04.08.2013

Por las calles de Talanga ya es común ver una robusta sombra trotar varios kilómetros a diario con un chaleco de 50 libras en el pecho; tiene la cara rostizada por el sol y su titánica figura de 1.80 metros y 182 libras le ha valido para que el futbolista lo mire de abajo hacia arriba...

- ¿A Mario Moncada le tienen miedo los jugadores?

- Je, je... no diría miedo, me respetan, que es distinto. Los jugadores son vivísimos y cuando miran a Mario Moncada ven a un atleta que va al gimnasio, que se cuida en su vida privada y eso influye. Igual, al que quiera sobrepasarse lo pongo en su lugar.

En cuatro décadas y media, quizá el Pelado no ha vivido en el arbitraje momento más dramático como el que le tocó sufrir cuando era defensa central de su primer amor, el San Diego de Talanga.

Se jugaba la final del ascenso a Segunda División contra el Melgar de Gerson Vásquez, Shulita Gómez y Samuel Caballero y en Guaimaca se quebraban las ilusiones.

El Conejo ascendía y el pueblo derramaba una dolorosa lágrima.

“Recuerdo que unos años después llegó el Real Maya del Coco Gonzales a jugar un amistoso en Talanga. Yo había pasado a la segunda línea y era contención, mi actual puesto, y el profe me ofreció llevarme, pero solo me daba cinco mil lempiras y yo trabajaba en Llanticar y ganaba veinte mil. No acepté y ahí fue cuando entro al arbitraje”.

Una caja de Pandora...

Autodefinido como un futbolista de los “malos, pero guerrilleros” -todavía juega en su pueblo y en la Liga Central de Veteranos con la U-, habrá que recurrir a su sano juicio de 14 años bien peleados en el arbitraje para fabricar al juez modelo: “Tendría la vista de Marcio Carranza; la serenidad de Vivian Rodríguez; la potencia de Argelio Sabillón y la ubicuidad de Óscar Bardales. Con todos trabajé y de todos aprendí un poquito”.

Bueno, Mario, ya rompimos el hielo, ahora entremos en materia. En la calle muchos dicen que usted es olimpista, ¿es cierto?

Lo que pasa es que en mi familia todos son motagüenses. Mi papá es hincha a muerte; mi hermana Rixi no digamos; otra hermana fue secretaria de un grupo de apoyo en los noventa... entonces a mí me gustaba llevarles la contraria y les decía que era Olimpia, pero nunca me he puesto la camisa de ningún club, solo la de San Diego.

Antes que interesarme por equipos de la Liga, mi pasión siempre fue el levantamiento de pesas.

¿Por qué cree que Edwin Pavón dice que hay árbitros corruptos, que han decidido descensos y títulos?

Corrupción hay en todos los sectores del país, pero en el arbitraje no hablaría de corrupción, hablaría de errores cometidos fuera del terreno de juego, errores por ignorancia.

¿Cómo así?

Le pongo un ejemplo: un presidente llama a su director deportivo y le dice que le ofrezca a Mario Moncada un buen cuarto de hotel en su visita a la localidad en un juego de vueltas regulares; si el árbitro acepta, comete un error garrafal.

Quizá la prebenda se ofrezca sin morbo, pero el día de mañana que ese árbitro perjudique al club de ese presidente, seguro empezará a decir que es un vendido y no sé qué más. A mí ya me lo han ofrecido y les he dicho que no.

Gaspar Molina culpa a Amílcar Burgos y a Alfredo Hawitt de la crisis arbitral... Pero por qué Gaspar Molina no peleó cuando estaba dentro del arbitraje.

Él se molestó con la CNA en un torneo que dirigió 20 juegos y no fue nominado a semifinales, pero ahí no dijo nada.

Ahora es que despotrica contra todos. Las guerras se pelean adentro.

¿Y a usted lo han intentado sobornar?

Nunca. Nadie. Y eso que he dirigido finales de Liga de Ascenso, de Liga Nacional y clásicos. Si aceptara un soborno, perdería mi paz interna, se pudre todo.

¿Qué es lo más raro que vivió en una cancha de fútbol?

En Campamento se jugaba la última fecha de la Segunda. Juticalpa tenía que ganar para clasificar a la liguilla y Federal para salvarse del descenso.

En eso se da un gol a favor del local y mi asistente lo anula por fuera de juego.

Pues yo sigo el partido y de repente veo de reojo que en la banda hay un tumulto de gente: un aficionado se había metido al campo y tenía encañonado a mi asistente y en la cancha no había un solo policía; corro a la banda, lo encaro al tipo y le digo: “Si vas a matarlo a él, tenés que matarme a mí primero”.

Al final llegó la Policía y se lo llevaron, dijeron que era de la DGIC. Lo más chistoso es que conmigo andaba mi hermano Óscar, a quien estaba motivando para que se metiera al arbitraje, y me dice: “No, Mario, si así es la cosa yo no acepto”... ja, ja.

¿Alguna vez lo amenazaron de muerte?

Mmm... hay cuestiones que me las quiero reservar... pero sí, una vez un presidente de un club de Primera División me amenazó de muerte por teléfono.

¿Quién fue?

Prefiero dejarlo así. Las autoridades ya saben lo que pasó.

Recuerdo que me llamó, me amenazó de muerte y yo le contesté: “Pues mire, si usted me quiere hacer algo, yo ando en un auto tal, salgo de mi trabajo a tal hora y entreno a tal hora... más bien estoy esperando que alguien me mate para que me hagan una estatua en Talanga... ja, ja”.

Luego me volvió a llamar y me dijo que el que se iba a ir en cuatro tablas si llegaba a pitar a su ciudad era mi hermano Óscar. Después de eso no he vuelto a recibir llamadas.

¿Y en la cancha se ha sentido amenazado?

La única vez fue en una semifinal Marathón-Olimpia en San Pedro: Olimpia no regresó la cortesía a Marathón y Dani hizo el gol; al medio tiempo se me vino todo Marathón encima y qué es lo que no me decía Manolo Keosseián. Salí con custodia policial, pero no tuve culpa, el fair play no es una regla.

¿Algún jugador se le ha puesto insolente?

En un Platense-Marathón Jorge Cardona me quiso gritar cuando le sancioné una falta, pero de inmediato lo puse en su lugar; de repente llega Jaime Rosales y le cuento lo que había pasado y me dice Rosales: “‘Nombe’, Mario, dejalo que este cipote no sabe que sos sobado’”.

La última. ¿El partido más agradable que pitó?

Me gustaba cuando me nombraban para juegos del España de Zanabria. Una vez le metió una goleada a Choloma y fue tan superior que yo ni usaba el pito.

La bola solo pasaba en la cancha de Choloma. Si todos jugaran así, los estadios pasarían repletos.

En toda la entrevista, Mario Moncada no se ha dejado ver la cabeza.

“Es que cuando estoy fuera de la cancha siempre ando con gorra. Adentro, todos saben que soy yo por mi calva... ja, ja, ja”.

Tiene 44 años y su retiro está cada vez más cerca, pero él se quiere ir por la puerta grande, volviendo a pitar finales. Por eso fue uno de los mejores en las últimas pruebas físicas y teóricas realizadas en San Pedro.

“Además, el cariño de la gente me tiene aún en el arbitraje. Trato de pasar inadvertido en los lugares públicos, pero es imposible. Cuando terminó el torneo pasado nos fuimos con Óscar a Estados Unidos y salimos en los diarios locales y hasta en Telemundo nos hicieron un reportaje. Camino por la calle y la gente no me trata mal, me saluda y hasta me pide fotos”.

Se quita la gorra y se pone los lentes. El Apertura espera a un Mario Moncada recargado y con ganas de final...