Tegucigalpa, Honduras.- Contrario a la inmensa mayoría de jóvenes amantes de la redonda, él siendo un adolescente disfrutaba más entrenar que jugar y con apenas 14 años de edad empezó a dar sus pininos como técnico en su natal España.
"Yo era un jugador muy habilidoso. Me aburría porque el balón pasaba por el aire todo el rato y dije: 'Este no es el fútbol que me gusta, me voy a dedicar a enseñar el fútbol que me gusta'", revela Javier López ya entrado en confianza y en el prólogo de una charla muy amena.
Como muestra de su felicidad de dirigir al Motagua, el entrenador europeo luce con orgullo la vestimenta del Mimado que tiene estampada una águila a la altura del corazón. Allí, en el corazón de cada motagüense, es a donde desea meterse a punta de conquistas y sin dejar de lado su conocida educación.
Su particular costumbre de saludar uno a uno a los periodistas antes de cada conferencia la aprendió en la escuela del Real Madrid y como evidencia de ello esa llegada a Muka Café de Cascadas Mall de la capital para esta plática exclusiva.
Apretón de manos al equipo de EL HERALDO y hasta para una señora visitante del lugar a quien le es inevitable ver la amabilidad del adiestrador que tiene al Ciclón como líder del torneo Clausura 2025/2026 y soñando con la vigésima estrella (20) en la Liga Nacional de Honduras. Eso sí, su gran anhelo no es ese título... va más allá...
Entrevista con Javier López
¿Qué tal, profesor?, ¿ya está adaptado a Honduras?, ¿se extraña Lugo?
Gracias por este espacio. Sí, la verdad que plenamente adaptado, tanto mi familia como yo. Estamos a gusto, contentos de estar aquí. Tegucigalpa es una ciudad que reúne todas las características que como familia necesitábamos para, más allá de integrarnos como entrenador, poderlo hacer como familia. Mi hija está muy contenta, le gusta mucho venir aquí al cine. Mi esposa también, muy a gusto. Eso facilita también que el entrenador esté tranquilo y esté focalizado en el entrenamiento diario del equipo y en la programación, planificación y todo lo que requiere dirigir un equipo profesional que tiene tanto apoyo como el Ciclón Azul.
¿Intentó ser futbolista en su juventud?
Sí, lo fui y lo jugaba muy bien. Era el típico jugador que tenía 11 años y jugaba con la sub-13, tenía 13 y jugaba con la sub-15. Empecé a entrenar al equipo sub-13 cuando llegué al instituto y me empezó a gustar más entrenar que jugar. Me aburría mucho jugando. Yo empecé a entrenar con 14 años. Con 20 años era auxiliar en segunda división del club Lugo. Recorrí toda España con el equipo de mi ciudad, visité la ciudad deportiva del Real Madrid y del Barcelona. Fui en su momento, con 22 años, el entrenador nacional más joven que había en España que podía dirigir en primera división.
Usted iba en contra de la norma porque a la mayoría le gusta jugar...
Sí, me aburría mucho, tenía mucho que ver con la forma que tenían de entrenar y de jugar mis entrenadores. Yo era un jugador de corte muy técnico, muy habilidoso. Jugábamos muy directo, mucho choque, mucha lucha. A mí eso no me gustaba. Estaba en ese momento compaginando entrenar y jugar y decidí dejar de jugar a los 16 años y me dediqué ya en exclusiva a ser entrenador. Empecé jugando delantero, metía un montón de goles y me empezaron a bajar hacia la mitad de la cancha. Me aburría porque el balón pasaba por el aire todo el rato y dije: 'No, este no es el fútbol que me gusta, me voy a dedicar a enseñar el fútbol que me gusta'. Desde ese momento, siendo titular en el equipo sub-18, dije: 'Esto no es para mí. Mejor voy a tratar de formar a jugadores para que jueguen el fútbol que a mí me hubiese gustado que practicasen conmigo'.
Como entrenador, ¿cuál cree que es su gran fortaleza?
Creo que la metodología, creo que el análisis táctico que se hace del propio equipo. Y luego pienso que he ido mejorando mucho en liderazgo. Era algo que el síndrome (padece de Asperger) no te ayuda mucho, el tema de la relación social. Y estoy muy contento de la evolución que he ido teniendo gracias a esa experiencia en Guatemala y también a esta en Honduras.
Ya que habló de liderazgo, ¿es cierto que el jugador respeta más a un entrenador que haya tenido un nombre como futbolista?
Por lo que me he dado cuenta en esta área, el respeto a un entrenador a veces está basado en su experiencia como jugador. Es cierto también que las generaciones son diferentes y ya no se respeta tanto eso. Tengo muchos conocidos muy agradables que han jugado al máximo nivel, que han ganado Champions, que han ganado cosas muy importantes con sus clubes, con sus selecciones, y me dicen que las nuevas generaciones a veces no saben ni quién es alguien que hace 20 años ganó todas estas cosas. Creo que antes era una ventaja y ahora creo que eso se ha ido diluyendo. En esta área lo que sí veo que respetan mucho es la jerarquía. Este técnico ganó estos campeonatos aquí y allá. Este no ganó nada. En esos contextos la única forma de imponer una idea es a través de un proceso. Esa parte creo que en esta área la toman a mejor si tu currículum dice he quedado campeón de esto o de aquello. Evidentemente nunca he dirigido en Centroamérica y no puedo tener esas rayas, pero creo que tanto en Antigua como aquí hemos ido equilibrando esa parte con conocimiento, metodología, creación de hábitos que poco a poco el jugador va haciendo suyo. Y ahí van viendo su avance.
A propósito de esas rayas, ¿no siente que se ganó otro estatus después de que con Antigua eliminó a Olimpia y a Saprissa en la Copa Centroamericana?
Yo siento que me vio diferente todo el mundo en Centroamérica; no a mí, al equipo y por supuesto a todos los que formamos parte de ese proyecto. Sentí más respeto por jugadores muy importantes de otros equipos que por los propios. Cuando llegué aquí a Motagua y la gente decía que yo iba a intentar jugar igual que allá, como que el jugador dijo: 'Estamos acostumbrados a otra cosa', y lo vieron así como que nos va a exponer. Y yo siempre les digo: 'Yo no vengo a cambiar absolutamente nada'.
¿Por qué decidió dejar España y emprender una aventura para esta región del mundo?
Es simple. En España hay cientos de entrenadores muy buenos, muy capacitados, pero banquillos hay muy pocos, y tener la oportunidad de dirigir un club profesional, sentirte entrenador profesional, no es fácil. Tener la bendición de venir a un país como Honduras y dirigir a un club como Motagua son privilegios que quizás en España en este momento no podría tener.
¿Económicamente es mejor acá?
Sí, sí, la verdad que sí, el fútbol en Centroamérica está bien pagado, pero no solo eso, va más allá de lo económico. Yo afortunadamente soy un profesional que, si no soy entrenador, no tengo ningún problema porque tengo mi empresa, tengo mis capacitaciones, vendo un montón de material a entrenadores de fútbol de todo el mundo, y con eso yo puedo vivir perfectamente sin necesidad de ser director técnico. Pero también es cierto que aquí puedo ser entrenador profesional, puedo estar haciendo esta entrevista contigo, puedo dirigir un equipo que en momentos puntuales puede tener 10, 15, 20 mil personas siguiéndolo en directo, dos o tres millones de personas que siguen al Ciclón Azul repartidos por todo el mundo. El otro día me escribía un hondureño que sigue al equipo y estaba viviendo en Lugo; imagínese, en mi tierra. Le decía, yo acá y tú allá, el mundo al revés.
Cuando llegó a Centroamérica, ¿qué fue lo que más lo impactó?
En Guatemala me impactó la inteligencia de los jugadores de Antigua, la verdad que es impresionante. Estaba enamorado de ese grupo de jugadores, te lo tengo que decir abiertamente, porque captaron una idea dificilísima de aplicar. Yo invito al que sea aficionado al fútbol que busque ese primer minuto del juego del Antigua-Olimpia. Hubo una posesión de casi un minuto, jugando a dos toques, con el Olimpia presionándonos. Cuando llego a Honduras, lo que lleva consigo un club como Motagua, la cantidad de gente que sigue al Ciclón; mucho más de lo que yo imaginaba. La repercusión que tiene en medios de comunicación, una palabra, un gesto, un acercamiento, un alejamiento, una victoria, una derrota.
Es alucinante la pasión y la repercusión que tiene todo lo que hacemos en el Ciclón Azul.
¿Hoy en la Liga Nacional encuentra futbolistas que puedan jugar en una primera división de España o eso es una utopía?
A un partido encuentro varios que sí podrían jugar, pero les falta la consistencia para jugar un torneo completo. Igualmente dentro de un partido son capaces de hacer dos acciones espectaculares, pero allá es que tienes que ser regular, es que tienes que ser constante, es que tienes que atacar, es que tienes que defender sin importar la posición en la que actúes, es que tienes que estar concentrado 95 minutos. El mínimo error y chao. Hay jugadores aquí que si fueran consistentes, sí tendrían la oportunidad de jugar en la primera división de España; estoy seguro, seguro. Otros necesitan proceso, necesitan un puente entre donde están ahora y esa opción o esa posibilidad. Y en Motagua veo a algunos jóvenes que seguro muy pronto vamos a ver en otro nivel. Y te voy a dar nombres.
¿Quiénes son esos jugadores?
De los nuestros me gusta dar nombres. Yo veo a Giancarlo Sacaza. Lo puedo decir abiertamente porque es un tipo humilde, que tiene la cabeza bien amueblada, pese a su edad, para recibir un mensaje como este. Si conseguimos como cuerpo técnico ponerle un chasis potente, lo demás ya lo tiene y a mí me sorprende la velocidad a la que aprende. Cosas que hace un mes no era capaz de hacer, hoy es capaz de hacerlas. Es un tipo que va evolucionando a una velocidad increíble. Luego hay un jovencito que a mí me encanta, que es Carlos Palma. Yo siento devoción por él. Si como cuerpo técnico somos capaces de desarrollarle el chasis, es un medio de equilibrio que yo no he visto uno en Centroamérica que tenga estas cualidades.
¿Qué cualidades tiene Carlos Palma para que diga que no ve uno igual en Centroamérica?
De jugar simple, de estar siempre bien posicionado, de conocer la función de un medio de equilibrio. La verdad que es una enciclopedia ese niño jugando. Se coloca bien, se predispone para recibir el balón bien, sabe cuándo meterse entre centrales, sabe cuándo meterse entre central y lateral, sabe cuándo perseguir fuera de su zona, sabe cuándo no debe abandonar su zona, sabe cuándo jugar a un toque, dos toques, conducir para atraer y soltar. Si le ponemos un chasis potente, va a ser un jugadorazo para llegar a ese nivel. Y él sí es consistente, él sí te corre casi 13 kilómetros por partido, sí tiene metros alta intensidad de jugador de Liga 1 de España. Yo tengo datos de GPS de Liga 1, de Liga 2, de jugadores de su posición. Si esos datos los complementas con esta inteligencia táctica que tiene para jugar y ubicarse en el campo, me da que puede ser un jugador también muy exportable para el fútbol nacional.
¿Para usted cuál es el top de mejores jugadores de la Liga Nacional?
Sacando a Motagua, del Real España me encanta Jhow Benavídez; tiene jerarquía, una personalidad en el campo... Aparte se ve buen tipo, se ve un tipo educado, un tipo correcto, un líder, el capitán del equipo, una relación con el balón, una inteligencia para ubicarse. Un jugador extraordinario. Espero que vaya a la selección porque creo que es de esos jugadores que a mí me gustaría verlo en la Selección, llevando en algún momento el timón del equipo (sonríe el fotógrafo Estalin Irías, aficionado del Real España). Me gusta el desequilibrio de Alexy Vega, del propio Chuy Pérez, son dos jugadores eléctricos. Y de Olimpia, qué decirte... Menjívar me parece un tipo con una personalidad... La potencia de Benguché es extraordinaria y pues Jorge, Edwin, Pinto son habilidosos. Si pillan (logran) esa cuota de regularidad, algunos de ellos podrían tener perfectamente la oportunidad de jugar en Europa en ligas muy importantes.
¿Cuál es la principal virtud y la gran deficiencia del futbolista hondureño?
Tienen un biotipo muy interesante a nivel de desarrollo muscular, de potencia física. Creo que hay que complementarlo con la parte táctica, con la cognitiva, con la relación con el balón. Y la mayor deficiencia es la parte de hábitos. El jugador hondureño podría ser top si cuida sus hábitos, pero les cuesta entender que el entrenamiento no es solo 90 minutos o dos horas. Nosotros peleamos mucho por la alimentación, hidratación, suplementación, horas extras en el gimnasio, estiramientos, recuperación pospartido, activación prepartido. Todo lo que implica ser un jugador profesional: no es dos horas y me vuelvo para mi casa, es ser profesional 24/7, 365 días al año.
Profe, ¿qué tanta presión hay por ser campeón en Motagua?
Cuando uno llega a un club que tiene 19 campeonatos en su país, uno dice: 'Guau, estoy en un club ganador'. Yo no lo vivo como presión, lo vivo como un privilegio; estar en un club de este tipo, cuando tienes ese objetivo, es también porque tienes los medios para alcanzarlo. Yo veo en qué autobús viajamos, en qué hotel nos hospedamos, la alimentación que tenemos, la vestimenta que tenemos, cómo está nutrido todo mi cuerpo técnico del club, todas las áreas de apoyo que tiene el equipo. Todos los medios para venir a la liga hondureña y marcarte como objetivo ser campeón. Y no tenemos que tener miedo a decirlo. No somos el único. Real España ha mejorado una barbaridad; Marathón, desde que llegó el profesor, ha dado tres o cuatro pasos adelante y luego no pasa nada por reconocer también la grandeza de Olimpia.
En cuanto al título, ¿se lo ha planteado como que de Motagua no se puede ir sin ser monarca?
Mi mayor objetivo desde que estoy en Centroamérica es la Copa Centroamericana. Te lo digo sinceramente.
Estuve cerca con Antigua. ¿Pongo arriba la Copa Centroamericana? Sí, sí. Date cuenta de que en el Madrid es la Champions, ¿no? Es el torneo que marca la grandeza. Déjémonos de cosas. Sí sé y lo he visto que en Centroamérica, en general los aficionados de un club le dan más valor al torneo nacional. Yo soy aficionado al Madrid y la grandeza del Madrid, más allá de los títulos nacionales, son los títulos internacionales. Muchas veces a esta plantilla les hemos puesto videos del 2007, esa final (Motagua-Saprissa) de la Copa Centroamericana en aquella versión, para que se motiven. Y, por supuesto, lo nacional es objetivo. Esa rivalidad que hay con los vecinos, ¿en qué se basa? En el torneo nacional. ¿Si me preguntas si me seduce ganar? Sí, pero para mí la tengo metida entre ceja y ceja la Copa Centroamericana. Y no por decir gané la Centroamericana, sino en quién te tienes que convertir para lograrlo; te tienes que convertir en una versión muy buena de ti. Ya no solo estás compitiendo con la grandeza de los clubes hondureños, sino con la grandeza de los equipos centroamericanos.
¿Qué opina de la elección del profe Molina para la Selección de Honduras?
Para mí es un acierto. La llegada de Francis Hernández y de José Francisco Molina, de mi parte no van a tener más que respeto y respaldo. Y desde ya, alinearnos a la idea que tengan y desde mi punto de vista, como entrenador de Motagua, ver qué granito de arena pequeñito podemos aportar para que ese proyecto salga bien.
Y que Honduras no haya clasificado a los últimos tres mundiales, ¿obedece a que ese es el nivel real del fútbol catracho?
Yo creo que aquí hay todo puesto sobre la mesa para que la materia prima pueda alcanzar el objetivo. Lo que no hay es proceso. ¿Puede un grupo de jugadores hondureños llegar a jugar un mundial dentro de cuatro años? Yo creo que sí. ¿Qué necesita? Un proceso donde se cuide hasta el más mínimo detalle en todas las áreas. Y creo que eso es lo que va a venir a partir de ahora porque en lo que somos muy buenos en España y así lo han demostrado en la federación española, de donde ellos vienen, es en crear un proceso, una estructura. Para mí, en procesos como los que ha habido hasta ahora, han estado al 30, al 40 por ciento de rendimiento individual y así es muy difícil que, en un contexto de tanta igualdad como el que hay ahora, puedas llegar a un mundial.
¿Tuvo una anécdota con los jugadores del Olimpia?
Sí. Mi esposa y mi hija venían en el vuelo de México que venía Olimpia. Llegué ahí y estaba entre olimpistas, y 7 u 8 de Olimpia me vinieron a dar un abrazo con mucho cariño y educación. La verdad es que hay respeto.
¿Cómo fue dirigir la Escuela de Real Madrid en México?
Fue muy bonito porque el Madrid transmite principios. Ahí aprendí a saludar a la gente cuando llegas a un lugar, y también a despedirte. Vestir el polo o vestir la playera del Real Madrid, sea donde sea, implica una responsabilidad muy grande, implica tener valores. Allí aprendí lo importante que es la educación, más allá del resultado.
¿Es más de la filosofía de Simeone o de Guardiola?
Yo soy de todos. La Quinta del Buitre del Madrid me enseñó el ADN de ganador; me gustaba la cultura defensiva de Arrigo Sacchi con el Milan, así como la verticalidad del fútbol alemán y también el fútbol del Barcelona. No soy aficionado al Barça, pero sí aplaudo el fútbol que durante muchos años e incluso en la actualidad trata de practicar.
¿Cuál es su mejor 11 de la Liga Nacional de Honduras?
Voy a apartar a Motagua. Buba; Devron, Figueroa, Javier Arriaga, Dixon Ramírez; Chelito, Jhow, Alexy, Isaac, Chuy Pérez, y Eddie. ¿Nadie de Olimpia? Como entrenador de Motagua, tú sabes que la rivalidad que hay con Olimpia es muy grande, entonces prefiero eliminar a los jugadores de Tegucigalpa ja, ja, ja.
¿Diferencia entre el futbolista hondureño y el guatemalteco?
El jugador hondureño es mucho más fuerte, más físico, la altura, el peso, el desarrollo muscular, el desarrollo atlético es muchísimo más alto, más grande. El jugador guatemalteco tiene quizás mejor relación con el balón, interpreta y entiende de inicio un poquito mejor el juego.