Tegucigalpa, Honduras.- El café forma parte de la vida cotidiana de miles de familias en Honduras y con el paso de los años, se ha convertido en uno de los productos que identifican al país dentro y fuera de sus fronteras.
Su cultivo se desarrolla en distintas regiones, donde las condiciones climáticas y geográficas favorecen la producción de variedades de café con diferentes perfiles de aroma y sabor.
Detrás de cada taza existe, además, una cadena productiva en la que participan agricultores, trabajadores, cooperativas, asociaciones y empresas dedicadas al procesamiento y comercialización del grano.
Orígenes y tradición cafetalera
Los antecedentes del café en Honduras se remontan al siglo XIX. De acuerdo con relatos históricos citados sobre la llegada del grano al país, los primeros ejemplares habrían llegado a principios de ese siglo, provenientes de Costa Rica, y fueron sembrados en Manto, Olancho, por comerciantes de nacionalidad palestina.
Sin embargo, el origen exacto de las primeras plantas de café en Honduras y el lugar donde se cultivaron por primera vez no está completamente establecido.
Las primeras importaciones de café destinado al consumo como bebida datan de 1833 y procedían principalmente de Belice, según registros aduaneros. Las casas comerciales extranjeras importaban tanto el grano como utensilios para su preparación.
Aunque no existen certezas sobre la existencia de establecimientos públicos dedicados al consumo de café en aquella época, documentos posteriores registran la importación de cafeteras en cantidades importantes a partir de 1860.
En sus primeros años en Centroamérica, el café también tuvo usos medicinales. En Honduras, su consumo evolucionó hasta convertirse en una bebida habitual que acompañaba las comidas y formaba parte de la vida diaria.
La actividad cafetalera comenzó a tomar mayor impulso durante el siglo XX. Desde entonces, productores de distintas zonas del país han desarrollado una tradición basada en el cultivo, la cosecha y el procesamiento del grano.
Cada etapa, desde la selección de las variedades hasta el secado y el tostado, influye en las características que finalmente llegan a la taza.
Variedades y características
En Honduras se cultivan diversas variedades de café arábica, entre ellas Typica, Bourbon, Catuai, Lempira, Pacas, Villa Sarchi, Parainema y Geisha.
El café hondureño puede presentar diferentes perfiles sensoriales, con notas dulces, achocolatadas, frutales, cítricas y tropicales, dependiendo de factores como la variedad, la zona de cultivo y el procesamiento.
Entre las principales regiones cafetaleras del país se encuentran Copán, Opalaca, Montecillos, Comayagua, El Paraíso y Agalta. En cada una existen condiciones particulares que contribuyen a la diversidad de perfiles del café hondureño.
La actividad también cuenta cada vez con una mayor participación de mujeres productoras. Muchas forman parte de cooperativas y asociaciones, entre ellas la Alianza de Mujeres en Café (AMUCAFE).
Hace unas semanas, AMUCAFE inauguró el primer laboratorio de catación para mujeres productoras en Marcala, La Paz.
Mujeres que cultivan café
Una de las productoras que representa esta participación femenina en la caficultura es Iris Alvarado, productora de tercera generación y propietaria de la Finca Ecoturística Paraíso, ubicada en Yaunera, San Pedro de Copán.
Desde su finca certificada, Alvarado impulsa proyectos relacionados con la educación y la producción sostenible en la zona. Además, exporta café de calidad prémium a Estados Unidos desde hace ocho años.
Alvarado es vicepresidenta de AMUCAFE, ingeniera industrial, Q Grader y especialista en producción de café de especialidad.
Cuenta con más de 15 años de experiencia en control de calidad, evaluación sensorial, formación cafetalera y desarrollo de cadenas de valor sostenibles dentro de la industria del café.
Su trayectoria forma parte de la creciente participación de las mujeres en una actividad que durante generaciones ha estado vinculada a las familias productoras hondureñas.
Una tradición que llega a la taza
La historia del café hondureño está ligada al trabajo de quienes cultivan, cosechan, procesan y comercializan el grano. Esa cadena permite que un producto que comenzó a incorporarse al país hace casi dos siglos forme parte actualmente de la vida cotidiana de los hondureños.
Cada región, variedad y proceso puede aportar características distintas a la bebida. Por eso, conocer el café hondureño también implica acercarse a las comunidades que lo producen y a las personas que mantienen viva esta actividad.
Más que una bebida habitual, el café forma parte de una tradición que continúa evolucionando y que representa una fuente de trabajo e identidad para numerosas familias productoras del país.