Honduras

'No estoy de ánimos para nada, solo quiero que me entreguen el cuerpo”

Muchos de los albergados muestran indiferencia ante las actividades que se hacen en Infop. Sus pensamientos se enfocan en saber cuándo les darán los restos de sus familiares

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07.04.2014

Unos navegan por la tristeza sin hallar un rumbo, otros sencillamente han comenzado a ver la luz de un nuevo camino. Así es el mundo de contrastes que se vive en las instalaciones del Instituto de Formación Profesional (Infop) con los familiares de las víctimas del penal de Comayagua.

María Silva Amador, de 62 años, madre de crianza de Roger Flores, fallecido dentro del hogar 2, observaba impasible cómo su amiga Marina Santos se entretenía con la confección de tarjetas decorativas.

“No me interesa aprender eso, no estoy de ánimo, yo solo quiero que me digan cuándo me entregarán el cuerpo de mi muchacho para irme de una vez a mi pueblo”, argumentaba la longeva.

En su mente no hay cabida para otro tipo de pensamientos y prefiere aislarse del resto de compañeros de su hogar temporal.

Al igual que ella, muchos han optado por la desidia y la lenta espera que los carcome por dentro. Lo único que quieren es darle a sus parientes un lugar donde puedan descansar en paz.

Mi tío me aconsejaba para no acabar como él

Se movilizó hasta la capital en busca de su querido tío, quien lo aconsejaba que no tomara los caminos equivocados para que no tuviera un triste final igual que él.

Se trata de Freddy Galeas, quien espera pacientemente el momento en que le digan que el cuerpo de su tío Ruperto Padilla, quien murió calcinado en el hogar 6 del centro penal de Comayagua, está identificado y puede llevárselo a su lugar de origen.

La tristeza es notoria en sus ojos y apenas puede hablar sobre ese episodio, sin antes derramar unas cuantas lágrimas. El hombre que lo vio crecer apenas tenía 33 años cuando pereció trágicamente.

“Mi tío era bueno conmigo y mis hermanos, siempre nos decía que nos quería y hasta nos heredó en su testamento porque antes de caer preso era dueño de tierras”.

Sin embargo Galeas, de 23 años, no permite que el sentimiento desolador lo reduzca a la impotencia y decidió aprovechar su temporal estadía en el aprendizaje de técnicas manuales.

“Me gusta mucho lo que nos enseñan, están bonitas las manualidades y quiero enseñárselas a mis hermanas que están en mi pueblo”, dijo el humilde joven. Para Galeas, el hecho de ser hombre no le impidió aprender técnicas que son consideradas aptas únicamente para el sexo opuesto.

Con gran habilidad, recortaba el papel periódico que luego pegaba en el jarrón que comenzaba a tomar forma.

“En cuanto me vaya para mi natal San Luis, Comayagua, voy a compartir todo lo que he aprendido con mis tres hermanas que me están esperando ansiosamente”, dijo Galeas.

¡Ay, Cómo me duele que mi hijo ya no esté!

La semana que doña María del Socorro Palacios ha vivido en las instalaciones del Infop ha sido la más larga y dura de su existencia.

La repentina partida de su hijo Gerson Romero, de 28 años, quien murió dentro del módulo 9, hizo que se esfumaran las esperanzas que había puesto en él.

“¡Ay, cómo me duele que mi hijo ya no esté!, yo quería que cuando saliera de allí se fuera para los Estados (Unidos) a trabajar y después siguiera estudiando, pero nada de eso se podrá hacer, me duele mucho que ya no esté”, decía la consternada mujer.

Su estancia la considera como un trago amargo que todavía no puede ingerir porque le toca lo más profundo de su corazón.

“Yo a veces me quiero morir porque no me dicen nada de mi hijo, todavía no lo han identificado y eso me angustia porque yo ya quiero enterrarlo”.

En su natal La Libertad, Comayagua, la esperan cuatro hijos y diez nietos, dos de los cuales son hijos del fallecido. Franklin Romero, de 6 años, y Luis, de 2, quienes nunca más volverán a ver el rostro del padre que los amó hasta el día de su muerte.

“Mis nietos me preguntan que cuándo van hablar con su papi, porque ellos todavía no saben nada, y ni me atrevo a decirles porque están muy pequeños”, afirmó la perturbada mujer de 55 años.

Su mirada repentinamente se pierde entre la multitud que la rodea y deja de platicar para seguir hundida en el dolor amargo que la embate.

Extraño a mis hermanos, me decían “chihuahua”

La ingenuidad y el dolor conviven en su joven alma.

Con solo 15 años, Bessy Maricela Andara (15) ya sabe lo que es perder a dos de sus seres más cercanos. Sus hermanos, Eliázar Bonilla (18) y José Reinaldo Bonilla (22), les fueron arrebatados la trágica noche del incendio en el centro penal de Comayagua.

Eliázar vivía en el módulo 7, mientras que José en el hogar 6, ambos estaban acusados por el delito de violación y cumplían una condena de 10 años.

“Yo sé que lo que hicieron no fue correcto, pero también sé que ellos ya descansan porque no están en este mundo, bueno, eso es lo que le escucho decir a mi mami”, dijo con ingenuidad.

Su menudo cuerpo alberga un profundo sentimiento de dolor ante la irreparable pérdida, sobre todo porque eran sus únicos hermanos.

“Los extraño mucho, ellos me decían ‘Chihuahua’ porque soy la menor y porque decían que ni parecía que tuviera 15”, recordaba con algo de alegría que inmediatamente se consumía en una repentina tristeza.

Su mayor apego era con su hermano Eliázar, pues solo le llevaba tres años, y era con él con quien tenía mayor comunicación.

“Eramos muy unidos, él siempre me aconsejaba y me decía que se arrepentía de lo que había hecho, y yo le decía que le pidiera perdón a Dios, porque solamente él lo podía juzgar”, dijo con notable tristeza.

Su esperanza es que sus hermanos sean identificados pronto para su posterior entierro.

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