Tegucigalpa, Honduras.- La historia de Sandy Dariela Martínez García, una niña de apenas seis años, dio un giro esperanzador luego de que EL HERALDO publicara su testimonio y su urgente necesidad de una silla de ruedas para poder asistir a la escuela.
La pequeña, quien enfrenta dificultades para movilizarse debido a una discapacidad en su mano y pie derecho, encontró respuesta en la solidaridad de manos generosas que atendieron su llamado.
“Me siento agradecida y contenta, porque Dios ha tocado corazones a través de ustedes para que mi hija Sandy pueda ir a la escuela. Vamos a usarla y será de gran ayuda y le doy gracias a Dios”, expresó su madre, Ada Xiomara García Turcios, originaria de la comunidad de La Chorrera, Culguaque, Lepaterique, al oeste de la capital hondureña.
El caso de Sandy fue conocido el pasado 12 de marzo, cuando el equipo de EL HERALDO llegó hasta su hogar y documentó las limitaciones que enfrentaba para recibir educación.
“Muchas bendiciones para ustedes y a EL HERALDO que dio a conocer mi caso con la niña”, agregó la madre, visiblemente emocionada por la respuesta recibida.
Sandy es la menor de su familia y su condición representa un reto personal y también un desafío para su madre, quien cría sola a sus hijas, incluyendo a otra menor con discapacidad.
“Mil gracias a Dios en primer lugar, gracias a Dios por la oportunidad que nos da de poder servir a la humanidad”, manifestó Gregorio Soriano, quien fue el donador que hizo la entrega de la silla de ruedas a Sandy.
“Si uno puede servir a la gente, esa es nuestra mayor satisfacción. Me siento satisfecho de poder servir a la humanidad”, añadió Soriano.
La ayuda finalmente se concretó gracias a la gestión que permitió canalizar la donación de una silla de ruedas, cambiando por completo el panorama de Sandy.
“Y también gracias a ustedes, porque tuvieron la confianza en mi persona. Le pido disculpas por los días que tuvo que esperar, pero todo requiere un proceso”, explicó Soriano sobre el tiempo que tomó concretar la ayuda a la pequeña.
La entrega de la silla representa una llave que abre las puertas a la educación y a nuevas oportunidades para la menor.
“Lo importante no es el tiempo que pasó, sino haber dado respuesta a la necesidad que se presenta”, puntualizó el gestor de la ayuda.
Detrás de este gesto solidario también está el respaldo del Club Rotario de Tegucigalpa, organización que realizó la donación que hoy transforma la vida de Sandy.
“Es importante mencionar que esta silla es gracias a una donación del Club Rotario de Tegucigalpa; yo simplemente soy un gestor de la obra”, aclaró Soriano.
Para la madre de la menor, este gesto representa un milagro que llega en el momento justo, cuando las esperanzas parecían diluirse: “Gracias a don Gregorio Soriano, quien ha sido el intermediario para que esta silla de ruedas pueda llegar a Sandy”, expresó Xiomara García con gratitud.
Sandy, con su nueva silla, podrá desplazarse con mayor facilidad y cumplir su sueño de asistir a clases como cualquier otro niño.
“Ahora podrá ir a la escuela a recibir el pan del conocimiento y la sabiduría”, añadió su madre, destacando la importancia de este apoyo.
La historia de Sandy es también un reflejo del poder de la solidaridad y del impacto que puede tener visibilizar las necesidades de quienes más lo requieren. Xiomara García agradeció a la población hondureña por su gran solidaridad, no solo por ella, sino en todas las historias que este rotativo publica desde la sección de Metro, el brazo solidario de EL HERALDO.