Madrid, España.- Después de conseguir perder kilos tras una dieta, comienza la difícil tarea para no volver a recuperarlos. Todo pasa por cambiar hábitos y creencias: conocer lo que comemos, los alimentos y recibir apoyo psicológico si es necesario, aparte de incorporar el ejercicio físico a nuestra vida.
Entre la revolución de los nuevos fármacos para adelgazar y la realidad de conocer una enfermedad crónica, que además es progresiva, todo pasa por entender la gravedad de vivir con sobrepeso tanto para la salud de las personas y para la Sanidad.
Actualmente, la sociedad trata la obesidad o el sobrepeso como si se tratara solo de un problema de estética, o incluso una elección personal cuando en realidad es una patología, una enfermedad crónica, que afecta progresivamente a la salud de todo nuestro organismo.
Según el médico endocrinólogo Gontand López-Nava, "la sociedad sigue contemplando la obesidad, con demasiada frecuencia, como una cuestión estética. No es así, se trata de una enfermedad que afecta progresivamente a todo el organismo: El cuerpo está diseñado para un determinado peso y el exceso de grasa pasa factura".
Y sus las consecuencias de esta patología no se limitan a la imagen: “La grasa acumulada termina afectando al sistema cardiovascular, al metabolismo, a las articulaciones y a numerosos órganos. La grasa que nos sobra la vemos debajo de la piel, pero está afectando a todo el cuerpo por dentro. La grasa es como un chapapote que inunda todos los órganos", enfatiza el endocrinólogo.
Hay que entender que la obesidad es una enfermedad crónica, "un reto urgente para la Sanidad como hace años lo fue el tabaquismo”, compara López Nava, uno de los especialistas en endoscopia bariátrica con mayor experiencia en el tratamiento de la obesidad y director de esa unidad en HM Sanchinarro de Madrid.
De sustancias milagro a efecto rebote
Para López Nava la irrupción de los medicamentos agonistas del GLP-1 -sustancias que se unen a un receptor celular y lo activan, potenciando la acción natural del cuerpo para producir una respuesta- ha revolucionado la medicina actual.
"Estos fármacos imitan a la hormona natural que libera nuestro intestino tras comer, de modo que engañan al cuerpo para que se sienta satisfecho rápidamente además de ayudar a estabilizar el azúcar en sangre”, dijo.
Ante el fenómeno de los fármacos que se han ido desarrollando recientemente, como Ozempic o Wegovy, el doctor analiza este escenario con una mirada no condicionada por la moda.
Estos medicamentos no son una novedad médica. Existen desde hace mucho tiempo, estimulan el páncreas y se usaban originalmente para la diabetes. Su popularidad se debe al descubrimiento de que también actuaban sobre los mecanismos que regulan el hambre.
"Se vio que estos fármacos atraviesan la barrera cerebral y actúan directamente sobre la sensación de saciedad, sirviendo también para adelgazar".
A partir de ese momento comenzó una expansión sin precedentes; se empezaron a comercializar para la pérdida de peso y se expandieron por la corriente de influencers... Su popularidad se ha producido «por cauces alejados del ámbito estrictamente científico, por una vía que no es ni médica ni científica".
Y pese a que son fármacos que han cambiado el tratamiento de la obesidad y eficaces para perder hay que recordar que no son inocuos y pese a que sus resultados son casi inmediatos, cuando se dejan de tomar se tiende a recuperar el peso a largo plazo, es decir, lo más seguro es que aparezca un efecto rebote.
"Hay miles de pacientes y estudios que afirman que en cuanto se dejan de tomar se recupera el peso", señala el endocrinólogo.
La razón se encuentra en los mecanismos biológicos propios de nuestro organismo. “Nuestra biología nos ayuda a recuperar todo el peso perdido. Cuando hemos entrado en una forma de perder peso, el cuerpo hace unos mecanismos de autorregulación que hacen que tengamos más apetito y más aprovechamiento de la comida”, detalla.
Ante este desconocimiento, el mensaje pasa por saber que, si se opta por la vía de los medicamentos, "los va a tener que usar de por vida" y su experiencia le ha demostrado que muchos pacientes los abandonan porque no desean tomarlos indefinidamente o por experimentar efectos secundarios.
“La media son unos ocho meses y entre los problemas figuran alteraciones pancreáticas, hipoglucemias, apatía emocional, estados depresivos asociados a la recuperación del peso e incluso, en algunos casos, problemas visuales”.
Se trata de efectos poco frecuentes, pero el debate público debería incorporar una visión más seria y equilibrada sobre sus beneficios y riesgos. Porque como dice el médico: “Hay efectos que notamos y otros que los notan nuestros órganos”.
Hambre: gástrico y cerebral
Para combatir la obesidad, adelgazar y no volver a engordar, en primer lugar hay que entender que, al ser una enfermedad crónica, no puede combatirse únicamente con un pinchazo o una inyección.
"Quitar el hambre es algo complejo que pasa por saber cómo funciona este mecanismo a nivel gástrico y cerebral. Este proceso va desde conocer la ansiedad asociada a la comida, las recaídas y su dimensión más social, hasta la necesidad de contar con el apoyo de un nutricionista o un psicólogo para mantener el peso perdido".
La experiencia clínica de López-Nava le ha llevado a una conclusión: para combatir la obesidad es necesario comprender cómo funciona el hambre.
El doctor diferencia el hambre que nace del estómago del que se origina en la cabeza, explicando que existen dos mecanismos distintos. “Hay un hambre gástrica que es muy potente y un hambre cerebral”.
Explica que “el primero está relacionado estrictamente con la fisiología digestiva: cuando sientes hambre y comes, las paredes del estómago se relajan y la sensación desaparece”.
Y que, “el segundo responde a factores emocionales, ansiedad o conductas aprendidas que son mucho más complejas. Cuando acabas de cenar y sigues teniendo hambre, vuelves a comer algo más, o necesitas dulce... Ese es el hambre cerebral”, diferencia el endocrinólogo.
Endoscopia bariátrica
Y precisamente esa diferencia explica buena parte de su trabajo en el ámbito de la endoscopia bariátrica por vía oral, procedimiento que busca modificar temporalmente la capacidad del estómago sin necesidad de cirugía, de cortes ni incisiones.
“No, no hay que operar. Son procedimientos a través de la boca”, aclara, precisando que “pegamos las paredes del estómago por un tiempo para que durante ese tiempo puedas adelgazar y aprender un nuevo estilo de vida”.
Con más de 4.000 casos tratados mediante diferentes técnicas bariátricas, López-Nava observa algo común en buena parte de quienes llegan a su consulta: “Todos los pacientes que ayudamos por endoscopia ya han utilizado medicamentos GLP-1”.
Estas técnicas permiten reducir el tamaño funcional del estómago mediante suturas internas realizadas por vía endoscópica. Se hacen en veinte minutos y el paciente puede marcharse recuperado.
Lejos de plantear una confrontación entre medicamentos y procedimientos endoscópicos, este especialista defiende una visión complementaria. Algunos de sus pacientes pueden beneficiarse de apoyos farmacológicos puntuales después incluso de haber adelgazado mediante técnicas endoscópicas.
No obstante, remarca que ninguna herramienta resulta suficiente por sí sola: "Los fármacos son eficaces, pero no son inocuos. Del mismo modo, tampoco las intervenciones endoscópicas garantizan el éxito permanente".
La explicación es que hay un componente psicológico de la enfermedad. “No es un tema solo de hambre; es de ansiedad. Son problemas complejos”.
Como conclusión frente a las soluciones simplistas, la obesidad no puede abordarse únicamente desde el peso ni desde la capacidad de controlar el apetito durante unos pocos meses.
La parte más difícil del tratamiento pasa por cambiar hábitos, reeducar la relación con la comida y entender que no existe una sustancia milagrosa. “Hay que abordarla desde una perspectiva integral. El error más frecuente consiste en pensar que la fase de adelgazar equivale a resolver el problema”.
Reeducación
Para el Dr. López-Nava es imprescindible acompañar cualquier tratamiento de una profunda reeducación alimentaria y emocional: “Debe haber un programa educacional fuerte donde al paciente se le enseñe su relación emocional con la comida, nuevos hábitos nutricionales y una relación más saludable con la alimentación”.
La intervención de nutricionistas y psicólogos ocupa un lugar central en este planteamiento terapéutico. "Muchas conductas alimentarias tienen más relación con la ansiedad, el estrés o la búsqueda de una recompensa rápida que con una necesidad fisiológica real".
Ninguna intervención médica ni tratamiento puede sustituir el aprendizaje: "La educación alimentaria, el apoyo psicológico y el cambio de hábitos es la parte del tratamiento que ningún medicamento puede sustituir", insiste con firmeza.
Frente a quienes buscan soluciones inmediatas o milagrosas, el doctor concluye: "Los medicamentos pueden ayudar y las técnicas endoscópicas también, incluso pueden complementarse entre sí pero ninguna sustituye a la parte educacional".
Porque, en una enfermedad como la obesidad, "la verdadera batalla no termina cuando se pierden los kilos, sino cuando se consigue mantenerlos durante toda la vida".