Tegucigalpa, Honduras.- A diferencia de otras ocasiones, la multitud que se reunió aquel sábado 22 de marzo de 1913 frente al Palacio de Gobierno de Tegucigalpa no lo hizo para comenzar otra revolución, sino para llorar la muerte del presidente Manuel Bonilla.
Adentro, rodeado de familiares y algunos de sus colaboradores —entre ellos, el poeta Froylán Turcios—, con un rostro marcado por una expresión de paz que no siempre tuvo la fortuna de experimentar en vida, se encontraba el cuerpo inerte del fundador del Partido Nacional (1903).
Por la tarde, el diario El Nuevo Tiempo, dirigido por el propio Froylán Turcios, comenzó a circular por las calles de la ciudad. En la portada aparecía un retrato de Bonilla, joven, desafiante, con un bigote que recordaba al de Juan Ramón Molina.
Bajo el titular de “Muerte del Gral. Bonilla”, Turcios informó que: “A las cuatro de la mañana de ayer murió, después de penosísima enfermedad, nuestro querido jefe y amigo, General Manuel Bonilla, Presidente de la República.
En el acto solemne de la inhumación de sus restos, en el recinto de la catedral, expresaremos nuestro profundo dolor por el desaparecimiento del insigne patriota que dio honra y gloria a nuestra Patria”.
(La edición completa de El Nuevo Tiempo está disponible en la Hemeroteca Digital de www.erandique.com).
En la nota Duelo Nacional, Turcios relató que “enjambres de hijos del pueblo se apresuraron a rodear el Palacio Presidencial para hacer el duelo a su modo, y para contemplar, por la vez postrera, la faz serena, bañada en los tintes de la eternidad, del que fue Jefe de Nación y bendecido caudillo de cien pueblos”.
Hombres y mujeres, por centenares —continuó la nota del autor de El Vampiro y Cuentos del amor y de la muerte—, han derramado lágrimas de pesadumbre ante la tumba del egregio ciudadano; y ese tributo de cariño, derramado sobre su sepulcro, es la demostración más evidente del amor de este pueblo a su esclarecido gobernante.
Muestras de pesar
En la edición de apenas cuatro páginas de El Nuevo Tiempo había sentidos mensajes de la Sociedad de Artesanos, la Sociedad de Tipógrafos “Juan Gutenberg”, la Sociedad La Fraternidad de San Juancito, la Tipografía Nacional, la Universidad Central, ciudadanos comunes y corrientes, el Congreso Nacional, el Gobierno de El Salvador y la Legación de los Estados Unidos de América.
“Las eminentes virtudes del difunto Presidente no fueron desconocidas para el pueblo americano. Siento profundamente la desgracia ocurrida al pueblo hondureño”, escribió Carlos D. White.
Durante el entierro, Froylán Turcios, en su discurso —pronunciado a nombre del Poder Ejecutivo, del que era miembro—, calificó de “héroe” y de “capitán de leyenda” a Manuel Bonilla.“Hombre civil o militar en acción, en el ostracismo o en el poder, en la vida oficial o en la vida privada, fue siempre un varón extraordinario que el pueblo hondureño admiró y cuyo nombre vuela sonoramente, fúnebremente, en esta triste tarde, colmada de recuerdos y pesadumbres”, dijo Turcios.
Y agregó: “Fue un generoso sembrador de ideales, que en cada ímpetu juvenil veía una esperanza que estimula; y aquí su protección y su apoyo a tantos compatriotas que en lo íntimo del alma lo recordarán eternamente y eternamente llorarán su nombre”.
Turcios también se refirió a Manuel Bonilla como “el más ilustre de los hondureños”.El poeta siempre le tuvo afecto y agradecimiento a Bonilla, quien lo nombró subsecretario de Gobernación en sus dos gobiernos (1903 a 1907 y 1912 a 1913).
“El general Bonilla es muy bueno conmigo. Espontáneamente, sin la más ligera indicación, él me ha tenido presente con verdadero afecto... Solo te diré que le estoy muy agradecido... Será, sin dudarlo, un gobernante justo y su administración, modelo de honradez y trabajo”, le dice Turcios a su hermana Lalita en una carta que le envió el 8 de mayo de 1903 (Froylán Turcios y el Modernismo en Honduras, escrito por José Antonio Funes, Premio de Estudios Históricos Rey Juan Carlos I, 2004).
A la muerte de Manuel Bonilla, el gobierno queda en manos de Francisco Bertrand. El nuevo mandatario nombra a Froylán Turcios como director de la Tipografía Nacional. Imprenta, tinta, papel, letras... El poeta estará en su salsa. (ÓSCAR FLORES LOPEZ).