Escarbando en un contenedor de basura, Denis Berríos trata de recoger chapas. Muchos pensarán que es un pepenador, pero para él es arte en potencia.
No son onerosos proyectos de remodelación, sino imaginación pura. Lo que hace es irónico, a la vez que ingenioso.
Berríos, un pintor egresado de la Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA), ha encontrado en los desechos de los capitalinos el recurso para embellecer a la ciudad.
Solo necesita taparroscas, cemento y la colaboración de las personas para plasmar en los muros sorprendentes diseños.
Lo anterior como parte del proyecto Art3 D-Barrio, del cual es fundador y coordinador, y cuyo objetivo es que los vecinos de las comunidades, en especial jóvenes y niños, entren en contacto con el arte.
El programa piloto inició hace dos años en las colonias Flor 1, Villa Unión y Campo Cielo; y rápidamente se extendió por toda el área metropolitana.
Cobraron tanta fama los murales de chapitas que han llegado hasta La Mosquitia, Santa Bárbara, Santa Rosa de Copán, Ruinas de Copán, Choluteca y Valle de Ángeles, entre otros.
Además, cualquier elemento es apto para el proyecto, como la tinta que las imprentas desechan y que luego se convierte en materia prima para crear imponentes figuras.
“Estoy cansado de ver tantas paredes grises y con la ayuda de los jóvenes les damos vida. Yo quiero que toda la capital sea un lugar turístico”, explica el excéntrico artista.
Perseverancia
Ya en confianza, el joven revela que emprender el proyecto ha sido difícil, sobre todo por el hecho de no tener un patrocinador oficial.
Es por ello que recurre a diversas actividades sociales, culturales y recreativas para recaudar fondos. Igual, la iniciativa de colectar material reciclable merma los costos.
La perseverancia de los visionarios artistas se ha traducido en múltiples talleres para que los infantes aprendan y apliquen la peculiar técnica.
Pupilo
Sin duda que Berríos deja un legado que llena de orgullo a los capitalinos.
Sin embargo, afirma que su más bella obra tiene seis años y posee una carismática personalidad: su hijo Ham Berríos.
A su corta edad, el pequeño Ham incursiona en el mundo del arte, tanto de la pintura en caballete como del muralismo.
“Trato de enseñarle a mi hijo que haga las cosas diferentes, que no pinte dejándose llevar por la realidad, porque tenemos que cambiar la realidad”, explica de manera salomónica.
En el instante que Ham agarra un pincel, Berríos muestra unos ojos orgullosos, como reflejando que la vida de adversidad que vivió al dedicarse a la pintura valió la pena.