Tegucigalpa, Honduras.- La capital hondureña se llena de tradición religiosa con la venta de ramitos de olivo en los alrededores de la Catedral Metropolitana San Miguel Arcángel y otras iglesias de la ciudad, donde cientos de fieles acuden movidos por la fe. Desde tempranas horas de este viernes 27 de marzo, el centro histórico de Tegucigalpa se transformó en un punto de encuentro entre los emprendedores y las personas que asisten por fe al templo católico.
Durante este día y en vísperas del Domingo de Ramos, emprendedores provenientes de municipios aledaños al Distrito Central llegan con haces de olivo cuidadosamente preparados, listos para ser adquiridos por quienes buscan participar en una de las tradiciones más importantes de la Semana Santa.
Los pequeños ramos, que oscilan entre los 10 y 20 lempiras dependiendo de su tamaño y elaboración, representan un símbolo de fe para muchos católicos. Algunos ramos incluyen pequeñas cruces de palma tejidas a mano, lo que les otorga un valor especial para los creyentes.
“Ahorita están un poco bajas las ventas, casi no se vende. Tal vez hasta el mediodía o mañana (sábado 28) mejore, porque la gente viene después de hacer sus mandados o cuando sale del trabajo, pero igual uno viene con fe porque esto ayuda a la familia”, expresa don Calixto Mendoza, quien es originario de Curarén, Francisco Morazán.
Mientras muestra ramitos de olivo entre sus manos, don Mendoza explica: “Cada ramito vale 10 lempiras, y si lleva la cruz, ya son 20. Aquí lo importante es hacerlo bien, con paciencia, porque la gente se fija en los detalles, en cómo va amarrado, en que esté bonito para llevarlo a bendecir”, explica mientras arma uno frente a la cámara de EL HERALDO.
El proceso de elaboración requiere destreza, práctica y cuidado, habilidades que han sido transmitidas de generación en generación entre familias que cada año participan en esta actividad tradicional.
“Semana Santa significa la palabra de Dios, significa recordar lo que él hizo por nosotros. El que es devoto compra su ramito y lo lleva a la iglesia como un acto de fe”, añade don Calixto.
Desde municipios como Curarén, los vendedores emprenden largas jornadas para llegar a Tegucigalpa. Muchos parten desde la madrugada con la esperanza de que las ventas les permitan sostener a sus familias durante estos días de Semana Mayor.
“Desde Curarén traemos este producto, es un sacrificio venir, pero aquí estamos porque sabemos que la gente busca los ramitos, y esto es una tradición que no se puede perder”, asegura con humildad don Calixto.
A pocos metros, otro comerciante también ofrece sus ramitos con entusiasmo, tratando de captar la atención de los fieles que entran y salen de la catedral.
“Gracias a Dios, la venta está regular, no es como otros años, pero ahí vamos. Lo importante es que algo se vende y se logra sacar para el día a día”, manifiesta el vendedor.
Se trata de Pedro Mendoza, originario de Reitoca, Francisco Morazán, específicamente de la aldea Los Tablones, quien, al igual que muchos, ha hecho de esta actividad una fuente de ingreso temporal pero significativa.
“Así los componemos, mire, aquí le ponemos la cruz y lo amarramos bien para que no se desarme. Este año solo trajimos tamaño mediano porque así lo está pidiendo más la gente”, explica mientras muestra su trabajo.
Aunque las ventas varían cada año, la esencia de la tradición se mantiene intacta, impulsada por la fe de quienes compran y el esfuerzo de quienes venden.
“Esta Semana Mayor es para reconciliarnos, para ser humildes, para ayudar al prójimo como lo hizo Jesucristo. No solo es tradición, es un tiempo para reflexionar”, añade Pedro con un tono reflexivo.
Más adelante, entre el ir y venir de las personas, otro joven comerciante comienza su jornada con optimismo, a pesar de no haber concretado aún ninguna venta.
“Voy llegando, no he vendido nada todavía, pero con fe se va a vender, aunque sea poco a poco. Uno no pierde la esperanza porque siempre hay gente que compra”, expresa Marlon Medina.
Entre llamados constantes de “¡Ramitos, ramitos!”, el ambiente se llena de una mezcla de tradición, fe y esfuerzo. Los vendedores, provenientes de distintos municipios, mantienen viva esta práctica que anuncia el inicio de la Semana Santa en la capital.
Historia de los ramitos
El bullicio de la avenida Cervantes con la Plaza Central Francisco Morazán se combina con conversaciones cotidianas, creando una escena que refleja la identidad cultural de Tegucigalpa que se refleja en cada ramito de olivo vendido.
“Esta es una vieja costumbre, una tradición previa al Domingo de Ramos. Este día se conmemora la entrada de Jesús a Jerusalén, cuando fue recibido con palmas, y de ahí viene el nombre de esta celebración”, explica el historiador Nahúm Valladares.
El experto detalla que los ramos no solo se venden en la catedral, sino también en otros templos emblemáticos como La Merced, Los Dolores y San Francisco, donde los fieles mantienen viva esta práctica religiosa.
“Las palmas se bendicen y luego se guardan durante el año. Después se utilizan para preparar la ceniza del Miércoles de Ceniza, lo que demuestra cómo esta tradición tiene un ciclo completo dentro de la iglesia”, agrega Valladares.
El reconocido historiador considera que la venta de ramitos de olivo sigue siendo una expresión viva de la cultura que año con año resiste al paso del tiempo y reafirma la identidad de los hondureños.