'Están regalando juguetes, ¡corran, corran!”, gritaban decenas de niños de la colonia Nueva Capital.
Fue una mañana diferente. El rumor de que Santa estaba en su empobrecida zona, se expandió rápido. Unos corrían para un lado y otros para otro en busca del mítico trineo.
La emoción de recibir un juguete ocasionó que en cuestión de minutos centenares de niños rodearan el vehículo pick-up blanco, cargado de sorpresas, al grado de detener su marcha.
Al menos 200 menores de edad recibieron de mano de los ayudantes de Santa su inesperado regalo de Navidad.
Nuestra misión
Y es que en estos alejados barrios pobres de las periferias capitalinas, EL HERALDO, a través de su campaña “Regale un juguete en Navidad”, cambió juguetes por sonrisas.
Semanas atrás el equipo de reporteros de la sección Metro había constatado la triste realidad de cómo se divertían estos pequeños, entre la tierra, botellas de plástico e improvisadas pelotas y mables.
En uno de los recorridos, se encontró a la pequeña Aryeri Nicolle Medina jugando con una tabla, hojas de árboles y muchas chapas que emulaban una próspera tortillería.
De la misma forma, Isis Mendoza cargaba en sus brazos un gato. Al preguntarle por qué jugaba con el felino, sin ningún temor contestó que no tenía una muñeca.
En las mismas circunstancias, Jorge Amador develó que su mayor sueño era tener un carrito para él y sus hermanos. En la entretenida charla se le consultó si ya se lo había pedido a su padre y con la voz triste dijo que no había dinero para comprar juguetes.Y qué decir de un grupo de niños que fueron sorprendidos jugando potra con una pelota llena de trapos ante la falta de un balón de fútbol.
Esta dura y triste realidad nos motivó a enviar solicitudes de ayuda a decenas de personas de buen corazón y empresas e instituciones solidarias para hacerles pasar una feliz Navidad con los juguetes que tanto deseaban.
Con la entrega de juguetes en esta humilde comunidad, los rostros tristes de los infantes cambiaron radicalmente en una mañana de emociones y muchas sorpresas.
En esta jornada de amor, centenares de niños reemplazaron palos, chapas, cuerdas, hojas de árboles y pelotas de trapo por finos juguetes enviados por el mismo San Nicolás y sus múltiples ayudantes.
La enorme tarea de llevar más mañanas de alegría y regalos a los niños pobres apenas ha comenzado.
Gracias al buen corazón de empresas y personas solidarias, el trineo de Santa visitará muchas zonas pobres de la capital.
La ruta de la felicidad de la niñez comenzó y el viejecito de barba blanca está más que listo para dibujar sonrisas.