Tegucigalpa, Honduras.- La fe de los capitalinos se hizo visible este 29 de marzo durante la celebración del Domingo de Ramos en las calles de Tegucigalpa y Comayagüela, donde niños, adultos y ancianos caminaron unidos con ramos de olivo como símbolo de esperanza y renovación.
La jornada conmemoró la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén, uno de los pasajes bíblicos que cada año revive la devoción popular durante el inicio de la Semana Santa.
La procesión principal partió de la iglesia El Calvario y avanzó hacia la Catedral San Miguel Arcángel, en el centro histórico de Tegucigalpa, acompañada de cantos y oraciones.
“Este día nos recuerda que Jesús entra en nuestras vidas con humildad y nos invita a transformar el dolor en esperanza, a no rendirnos ante las dificultades y a caminar juntos como comunidad en fe, construyendo paz donde parece no haberla”, expresó el padre Fray Arturo Espinal, párroco de la iglesia Inmaculada Concepción de Comayagüela.
A cada paso, los fieles levantaban sus ramos bendecidos mientras los coros entonaban alabanzas que se mezclaban con el bullicio cotidiano de la ciudad, lo que generaba un ambiente de recogimiento espiritual en medio del movimiento urbano.
“La Semana Santa no es solo tradición, es un llamado a revisar nuestras acciones, a perdonar, a acercarnos a quienes hemos herido ya reencontrarnos con Dios desde lo más profundo del corazón, con humildad y verdadera intención”, expresó Zulema Romero, quien asiste a la Catedral San Miguel Arcángel desde el barrio El Bosque.
En Comayagüela, la devoción recorrió calles históricas desde la capilla Nuestra Señora de Fátima, en el barrio Bella Vista, hasta la iglesia Inmaculada Concepción, ubicada frente al parque La Libertad.
“Caminar con estos ramos es recordar que la fe no es estática, que debemos llevarla a nuestras casas, trabajos y comunidades, siendo testimonio vivo del amor de Cristo en cada acción que realizamos con los demás”, señaló el padre Fray.
Entre rezos, quema de pólvora y cánticos, los feligreses acompañaron el recorrido por la antigua calle Real, una de las más representativas de la zona, donde los vecinos salían a observar el paso de la procesión.
“Para mí, venir cada año significa renovar mi compromiso con mi familia, enseñarles a mis hijos el valor de creer, de respetar y de mantener vivas nuestras tradiciones que nos unen como pueblo”, comentó una de las feligresas.
Familias completas caminaban unidas; algunas personas en sillas de ruedas y otras cargando a sus hijos pequeños, lo que reflejaba el carácter inclusivo y generacional de esta celebración religiosa.
“La fe se transmite con el ejemplo, no solo con palabras, y ver a tantas familias juntas hoy nos recuerda que aún hay esperanza en nuestra sociedad, que podemos reconstruir valores desde el hogar”, dijo otro creyente.
Los vendedores ambulantes ofrecían ramos y refrescos, mientras la multitud avanzaba con respeto, manteniendo el enfoque en el significado espiritual del evento.
“Uno siente paz al caminar entre tanta gente creyente; es como si todos compartiéramos una misma intención, un mismo deseo de mejorar y de acercarnos más a Dios en estos tiempos difíciles”, expresó Carla Ramírez.
La presencia de niños fue una constante: muchos de ellos participando por primera vez en la procesión, guiados por sus padres y abuelos que les transmitían la importancia de esta tradición.
La actividad también contó con el apoyo de voluntarios y autoridades locales que garantizaron el orden durante el recorrido, permitiendo que todo se desarrolle en un ambiente seguro.
“Venir en familia es lo más bonito, porque no solo se trata de la misa, sino del tiempo que compartimos, de las conversaciones que surgen y del sentimiento de unidad que pocas veces se logra en otros momentos”, dijo Ramírez mientras la procesión llegabaga a la iglesia.
El Domingo de Ramos marca el inicio de la Semana Santa, una de las fechas más importantes del calendario litúrgico, donde se invita a los fieles a la reflexión, el sacrificio y la renovación espiritual.
“Esta semana es una oportunidad para detenernos, pensar en nuestra vida y reenfocar nuestro camino, recordando que siempre hay posibilidad de empezar de nuevo, de cambiar y de construir algo mejor”, concluyó el padre Franciscano Fray Arturo Espinal.