El llanto y la desesperación que abatió la vida de doña Sobeida Alvarenga, aquel Lunes Santo, se diluyó entre alegría y la esperanza.
La humilde familia, cuya tormenta eléctrica dejó sin hogar, volvió a sonreír con la entrega de las llaves de su nueva, amplia y segura vivienda.
De la tragedia no quedó ni una señal. La casita que tanto anhelaba esta madre de 60 años de edad está equipada con instalaciones eléctricas, piso de cemento y construida con materiales nuevos.
La señora recibió además 2,382 lempiras en efectivo, dinero que sobró del aporte enviado por un donante anónimo desde San Pedro Sula.
Con el dinero doña Sobeida deberá comprar los tapaluces para tener una mayor comodidad y calidad de vida a la hora de habitar la casa.
¡Mi casa, es mi casa!
En su humildad doña Sobeida Alvarenga no tuvo mayores palabras para expresar.
Sin embargo dejó entrever que la preocupación del pago de alquiler desapareció.
El jueves tomó la decisión de salirse del cuarto que rentaba cuyo término de tiempo para habitarlo se había vencido hace 10 días.
“Mi casa aunque sea humilde, es mi casa. Hoy mismo me paso”, dijo con una inmensa sonrisa en su rostro.
Agregó que una vez en ella la pondrán bonita pues recordó que el viejo hogar siempre estaba muy bien arreglado.
Por su parte, José Alvarenga, único hijo de doña Sobeida, agradeció en reiteradas oportunidades la gestión realizada por este medio de comunicación, a los personeros de Techos Dignos de la Alcaldía y a las personas de buen corazón que hicieron posible la construcción de su hogar.
“¡Gracias! solo con mi salario de vigilante se me hubiera hecho imposible devolverle la casa a mi madre”, afirmó.
Entre tanto, el jefe de Techos Dignos de la comuna, Miguel Mejía, exteriorizó la alegría que le embargó entregar la casa a una familia necesitada.
Explicó que ver la sonrisa de doña Sobeida, su nieta y su hijo se convertía en una satisfacción invaluable.