Tegucigalpa, Honduras.- La Virgen de Suyapa no solo es símbolo de fe, amor y tradición, también es una imagen marcada por intentos de robo, ya sea por devotos o individuos con la intención de despojar sus vestidos y adornos, que por lo general sucede con las imágenes sagradas.
A lo largo de su historia, la Patrona de Honduras fue robada en dos ocasiones, hechos que estremecieron a la iglesia y a toda la nación hondureña.
Nelson Carrasco, investigador del Instituto Hondureño de Antropología e Historia y catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), explicó que la historia de la Virgen comienza con un constante desplazamiento desde su hallazgo en 1747.
“La Virgen de Suyapa ha sido una imagen en movimiento desde su hallazgo en 1747, pasando de un espacio al asentamiento de la comunidad, donde poco a poco fue reconocida como una imagen milagrosa con rasgos indígenas y profundamente cercana al pueblo”, afirmó Carrasco.
El historiador detalló que esa identificación fue importante para que la imagen se arraigara en la aldea que hoy lleva su nombre, convirtiéndose en un símbolo espiritual y cultural.
“La Virgen se mantuvo siempre en Suyapa, por eso se le llamó Virgen de Suyapa o Inmaculada de Suyapa, porque la comunidad la asumió como propia, como una imagen morena, cercana y representativa de su identidad”, explicó.
Con el aumento de los milagros atribuidos a la imagen, fue necesaria la construcción de un espacio digno para su resguardo y veneración.
“Entre 1777 y 1780 se construye la ermita de Suyapa, y desde ese momento la Virgen permaneció allí por más de un siglo, mientras crecía de forma constante la cantidad de feligreses que llegaban a agradecer favores”, relató Carrasco.
La importancia de la Virgen trascendió las fronteras locales y alcanzó reconocimiento internacional en el siglo XX.
“Es hasta 1925 cuando adquiere una dimensión internacional, al ser declarada Patrona de Honduras por la Iglesia de Roma, y a partir de ahí su culto se extiende a todo el país mediante imágenes, estampitas y devoción popular”, señaló.
Sin embargo, esa devoción también la colocó en riesgo. El primer robo ocurrió en 1936, en una época con pocas medidas de seguridad.
“El primer robo lo comete Dolores Chávez, una devota que se llevó la imagen a su casa por fe, no por interés económico, en un tiempo donde no existían cámaras ni controles de seguridad”, explicó el investigador.
Carrasco aclaró que la imagen fue recuperada rápidamente y devuelta a la ermita sin mayores consecuencias.
“La Virgen fue recuperada en poco tiempo y regresó a la ermita de Suyapa, lo que permitió que el culto continuara sin mayores alteraciones, aunque quedó un precedente importante”, indicó.
Cincuenta años después, el segundo robo marcó un antes y un después en la historia religiosa del país.
“En 1986 ocurre el robo más sonado, cometido por delincuentes que vieron en los adornos de la Virgen una forma de enriquecimiento, debido a la presencia de oro y plata en algunos objetos”, afirmó Carrasco.
Fue un hecho generó una alarma nacional sin precedentes. “El robo de la Virgen de Suyapa fue un golpe directo a la identidad nacional, porque no se trataba sólo de una imagen religiosa, sino de un símbolo que representa a Honduras entera”, subrayó el historiador.
El investigador indicó que el tráfico de bienes culturales es era un problema grave en el país y la Virgen de Suyapa no ha sido la excepción.“El tráfico de bienes culturales es el segundo más grande del mundo después del narcotráfico, y Honduras no ha sido ajena a ese fenómeno, con robos constantes en iglesias y sitios históricos”, lamentó.
La desaparición de la Virgen provocó peregrinaciones, búsquedas masivas y una profunda angustia colectiva. “Perder la imagen significaba perder más de 200 años de historia, tradición, milagros y un vínculo espiritual que une a los hondureños con Dios a través de la Virgen”, expresó.
Recordó que la imagen fue encontrada en condiciones que sorprendieron a todos. “La pequeña imagen de cedro, de apenas seis centímetros, fue dejada en los baños de un comedor en el centro de Tegucigalpa, y fue allí donde una persona logró encontrarla”, relató Carrasco.
Tras ese suceso, se reforzó de manera definitiva su protección. “Después de 1986 hay un antes y un después en la seguridad de la Virgen de Suyapa, porque ya no se podía permitir otro despojo de un símbolo tan importante para el país”, afirmó.
Por otra parte explicó el origen de la fecha oficial de celebración de la Virgen. “Al inicio, la fiesta coincidía con la Virgen de Candelaria el 2 de febrero, pero la Virgen de Suyapa no tenía un día único propio”, detalló.
Fue en la década de 1920 cuando se tomó una decisión definitiva. “Desde 1925 se pasa a celebrar el 3 de febrero, y aproximadamente en 1927 se oficializa como una fecha exclusiva para la Virgen de Suyapa, coincidiendo con su declaratoria como Patrona de Honduras”, explicó.
El historiador recordó que la figura del Vaticano fue importante en este proceso.“Monseñor Agustín Hombach, representante del Vaticano en Honduras, promovió la declaratoria ante el papa Pío XI, y su ordenación episcopal coincidió con esa fecha”, concluyó el catedrático de la UNAH.
Historia de fe
Según el historiador Jorge Amaya, la devoción a la Virgen de Suyapa nace profundamente arraigada en el siglo XVIII, cuando en 1747 una pequeña imagen mariana fue hallada en la comunidad de El Piligüín por el labriego Alejandro Colindres y un niño llamado Alejandro Martínez.
La figura, con rasgos indígenas, fue interpretada como una manifestación local de la Virgen María, hecho que marcó el inicio de un culto propio en Honduras y sentó las bases de una religiosidad popular con identidad nacional.
Amaya destaca que este acontecimiento representó una de las mayores contribuciones simbólicas a la construcción de la nacionalidad hondureña, al tratarse de una advocación mariana no importada de Europa, sino surgida en territorio hondureño.
La imagen indígena permitió que distintos grupos étnicos -indígenas, mestizos y afrodescendientes- se identificaran con ella, fortaleciendo un sentimiento de pertenencia común en una sociedad diversa.
La devoción creció rápidamente y para 1768 ya se le atribuía el primer milagro documentado, la curación del capitán José de Zelaya y Midence, quien en agradecimiento impulsó la construcción de una ermita en Suyapa. Con el paso de los siglos XIX y XX, el culto se extendió por todo el país y Centroamérica, convirtiendo a Suyapa en un destino de peregrinación masiva, especialmente cada 3 de febrero.
En 1925, el Vaticano declaró oficialmente a la Virgen de Suyapa como Patrona de Honduras, consolidando su papel como símbolo religioso nacional.
La magnitud de la devoción llevó a la edificación de un nuevo santuario a partir de 1943, que con el tiempo fue elevado al título de basílica, reforzando la idea de que la fe suyapense era un elemento clave en la conciencia nacional.
El reconocido historiador Jorge Amaya subraya que la Virgen de Suyapa logró algo más que cohesionar la fe: unió simbólicamente a los hondureños bajo una identidad compartida.
Las peregrinaciones, procesiones y festividades religiosas funcionaron como espacios de encuentro entre distintos sectores sociales, respondiendo a una pregunta esencial: ¿por qué estamos aquí? La respuesta, inconsciente pero poderosa, fue la misma para todos: porque somos hondureños llenos de fe.