Tegucigalpa, Honduras.- Ante la crisis de agua que azota a la capital hondureña, principalmente en época de verano, contar con carros cisterna es una opción temporal para abastecer del vital líquido a las colonias más necesitadas, donde cada barril llega a costar 80 lempiras, un precio injusto si se compara con quienes sí tienen el servicio a través de tuberías.
No obstante, esta opción también es limitada debido al abandono y deterioro de la flota de cisternas de agua con que cuenta la Alcaldía, a través de la Unidad Municipal de Agua Potable y Saneamiento (UMAPS).
Y es que, de un total de 34 unidades que en algún momento estuvieron operativas, actualmente 29 se encuentran en condición de chatarra, mientras que apenas cinco funcionan, cubriendo solo el 10% de la demanda en sectores vulnerables de la capital hondureña.
"Las destruyeron. No les dieron mantenimiento y quedaron abandonadas. Hay unidades que tienen el chasis roto. Imagínate qué habrán hecho para romperle el chasis a camiones diseñados para soportar tanta carga", manifestó el gerente de la UMAPS, Gustavo Boquín.
El funcionario indicó que, al asumir el cargo, encontró una flota dispersa de pipas de agua en condición de chatarra, lo que obligó a iniciar un proceso de evaluación y rescate de las unidades que aún pueden ser recuperadas.
"Ahorita las estamos reparando. De 34 que encontré, estaban regadas por todos lados y solo funcionaban cuatro cuando llegué. Ahora ya funcionan cinco y este lunes espero tener una sexta operando", informó el entrevistado.
La situación actual refleja una brecha significativa entre la capacidad instalada y la demanda real de agua en barrios y colonias marginales sin acceso al servicio del vital líquido.
Según Boquín, la ciudad debería contar con al menos 50 cisternas en operación para garantizar un abastecimiento más eficiente, especialmente en zonas altas de Comayagüela y Tegucigalpa, donde el servicio por red es limitado.
"De las que compró la administración anterior, muchas fueron abandonadas. Se compraron 30 y cuatro fueron donadas por el gobierno de Japón. De esas 34, cuando llegué había 30 malas; ahora hay 29 y el lunes o martes serán 28. Algunas ya ni para repuestos sirven", lamentó Boquín.
El funcionario explicó que la mayoría de las unidades adquiridas durante la administración de Nasry “Tito” Asfura quedaron en funcionamiento; sin embargo, ahora están inservibles por falta de mantenimiento.
Incluso, algunas cisternas han alcanzado un nivel de daño tal que no pueden ser utilizadas ni siquiera como repuestos, por lo que deberán ser desechadas mediante procesos de subasta o enviadas a chatarra.
"Sobre el gasto de reparación no tengo cifra exacta, porque al reparar vehículos viejos siempre surgen más problemas. Estimo que ya se han invertido entre 700 mil y 800 mil lempiras en repuestos, y cada unidad requiere unos 150 mil", detalló el funcionario.
A pesar de esta inversión, Boquín estima que únicamente entre 20 y 21 cisternas podrán ser rescatadas al final del proceso, lo que aún estaría por debajo de la demanda necesaria.
“Cuando el SANAA entregó a la municipalidad, había cuatro cisternas funcionando; luego se compraron 30 más y se entregaron 34 operativas. Después, la siguiente administración dejó solo cuatro funcionando y 30 dañadas”.
Si se toma en cuenta que solo cinco cisternas están operativas, el servicio apenas logra cubrir una décima parte de la necesidad en colonias sin red de distribución.
"Se necesitan 50 cisternas y solo hay cinco funcionando; apenas cubre el 10% de la demanda de agua en barrios y colonias sin servicio. Es urgente reparar y adquirir más unidades".
Por su parte, el exgerente del Servicio Autónomo Nacional de Acueductos y Alcantarillados (SANAA), Roberto Zablah, sostuvo que esta situación responde a una falta de compromiso en la gestión pública.
El exfuncionario considera que la crisis actual es el reflejo de una débil administración del recurso hídrico, agravada por la falta de liderazgo en las instituciones responsables.
"Esto sucede porque no existe compromiso del funcionario público encargado de un sistema tan vital como el suministro de agua potable. Si no hay liderazgo ni preocupación, estas son las consecuencias", cuestionó Zablah.
El entrevistado también subrayó la importancia de las cisternas como un mecanismo esencial para abastecer zonas que históricamente han quedado fuera del sistema formal de distribución.
En estos sectores, la ausencia de un servicio constante obliga a las familias a depender de alternativas que muchas veces resultan costosas e irregulares.
"Las cisternas son fundamentales para abastecer zonas altas y marginadas sin acceso a agua potable. También evitan abusos, como la venta de agua a precios elevados que puede llegar hasta 50 lempiras por barril".
Por otro lado, Manuel Amador, presidente de la Asociación de Juntas de Agua de Honduras, aseguró que el problema no es nuevo y ha sido una constante a lo largo de diferentes administraciones.
A su criterio, la crisis actual solo ha vuelto a tomar relevancia por el cambio de autoridades, pero las denuncias sobre el abandono de las unidades vienen de años atrás.
"Lo de las cisternas no es nuevo, es un problema de siempre. Antes ya se denunciaba que muchas unidades estaban abandonadas por falta de repuestos. Esto viene de gobiernos anteriores, no es algo reciente".
Amador también cuestionó la falta de experiencia de algunos funcionarios, señalando que decisiones inadecuadas han contribuido a profundizar la crisis del agua en la capital.
Además, denunció el uso político que en ocasiones se le ha dado a las cisternas, lo que ha distorsionado su propósito principal de abastecimiento.
"No es posible que a estas alturas se diga que las cisternas están malas cuando eso ha sido constante. Antes se usaban incluso con multas políticas. El problema es la falta de interés en resolver la crisis de agua teniendo tantas fuentes", concluyó el representante de las juntas de agua de Honduras.