Comayagua, Honduras.-Compañeros, amigos y familiares del policía militar Adiel Antonio Hernández Carrillo le dieron el último adiós este sábado 16 de mayo.
Las honras fúnebres se realizaron en un ambiente de luto y solidaridad hacia sus familiares, con la presencia del comandante del Noveno Batallón de Policía Militar, coronel de Inteligencia Militar DEM, Elvin Favian Cerrato Lagos, así como oficiales, compañeros de armas, personal de la unidad y una comitiva del Comando de la PMOP.
El velorio se desarrolló junto a sus seres queridos, quienes posteriormente trasladaron el féretro hacia el cementerio de la aldea El Ciruelo, en Comayagua, donde recibió cristiana sepultura.
Durante el sepelio, representantes de las Fuerzas Armadas hicieron entrega de una nota de duelo a sus padres y demás familiares, como muestra de acompañamiento y reconocimiento por la entrega, vocación de servicio y compromiso del uniformado con la patria.
A través de un mensaje oficial, las Fuerzas Armadas expresaron sus condolencias a la familia doliente y elevaron oraciones para que Dios les conceda fortaleza y resignación ante esta irreparable pérdida.
Crimen
Adiel Antonio Hernández Carrillo salió del Hospital Santa Teresa de Comayagua para ir a su casa a traer una ropa y otras cosas que su esposa le había pedido.
El joven de 25 años atendió la solicitud de su compañera de hogar y no dudó en tomar su motocicleta para ir a su casa, en la aldea El Ciruelo, a diez kilómetros y medio de la ciudad de Comayagua.
Llegó a su casa y alistó las cosas que le había pedido; posteriormente, volvió a abordar su moto para ir de regreso al Hospital Santa Teresa, para ver a su esposa y primogénita recién nacida.
Eran alrededor de las 6:00 de la tarde del jueves, cuando a mitad de camino varios delincuentes interceptaron a Adiel Antonio; el objetivo era robarle su motocicleta. Se desconoce si él intentó evadir el asalto o si los pistoleros le dispararon cuando iba en marcha, sin previo aviso.
El muchacho fue encontrado sin vida minutos después por personas que pasaron por el lugar. Estaba boca abajo, con la mochila —en la que le llevaba la ropa que su esposa le había pedido— en la espalda.