Teatrista y narrador oral
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Tegucigalpa, Honduras.- Estar del lado correcto. Esa pequeña, pero significativa frase se ha convertido en una filosofía de vida para Orfa Sofía Mejía. Su nombre, quizá, no sea tan conocido, aunque sus escritos han informado, denunciado y evidenciado la realidad de Honduras. Ahora es editora de Opinión en EL HERALDO y LA PRENSA.
Es una periodista beligerante, osada, de esas que hace valor su voz sin preguntar. Disfruta del buen café y sobre su escritorio nunca falta un radio encendido para escuchar noticias. A sus 63 años de vida, Orfa contó cómo lleva 40 años ejerciendo la profesión que tanto ama y por eso “no pienso retirarme nunca del periodismo”, dijo.
Empezó a trabajar en el periodismo cuando tenía 23 años. Lo hizo como reportera para radio, también trabajó en relaciones públicas y prensa escrita, pero nunca pasó por las pantallas de la televisión, porque siempre le tuvo miedo.
Reside en Tegucigalpa desde que era una jovencita universitaria, aunque es olanchana de cepa, por eso no dudó en mencionar que “los olanchanos somos, antes que nada, olanchanos”. Estas fueron sus declaraciones.
Usted siempre ha sido la que hace las preguntas, ¿cómo se siente ser la entrevista esta vez?
Horrible. De verdad que es bastante estar del otro lado de la cámara. Toda una vida haciendo entrevistas, haciendo preguntas, investigando, consultando y ahora que lo entrevistan a uno no es nada grato, bonito; bastante nerviosa.
¿A dónde nació Orfa Mejía?, ¿a dónde están sus raíces?
Yo soy de Catacamas, Olancho; olanchana de pura cepa al 100%. Nací en Catacamas hace bastante tiempo, mucho, mucho tiempo. Me gradué, hice la secundaria allá y luego los estudios universitarios en Tegucigalpa.
¿Allí es cuando decide venirse a Tegucigalpa, entonces?
En ese momento la única alternativa que había para estudiar en la universidad tras concluir sus estudios secundarios era Tegucigalpa, no había acceso a la educación superior como lo como lo hay ahora, que es muy bueno la educación superior se ha esparcido por casi todo el país. En aquel tiempo no, la única opción era venir a estudiar y después quedarnos a trabajar.
¿Cuántos años tenía cuando vino a Tegucigalpa?
18, creo. Estaba pequeña. Recién saliendo de la educación básica. Bachillerato en ciencias y letras en aquel tiempo.
Estudió bachillerato en ciencias y letras, ¿y la primaria dónde la estudió?
En Catacamas también, escuela Pedro Nufio, en Catacamas, Olancho, y en la secundaria en Instituto 18 de Noviembre, también en Catacamas, Olancho.
¿Cuando vino a Tegucigalpa tenía el apoyo y respaldo económico de sus padres?
De mis padres y de mi familia.
¿Y era un apoyo que le permitía sostenerse durante el mes?
En aquel tiempo era mucho más barato, mucho más accesible todo, y entonces, sí. Uno no vivía con todas las comodidades, pero sobrevivía.
Quienes la conocemos, Orfa, sabemos que usted es una mujer beligerante, rebelde, una mujer con mucho carácter. ¿Ha sido así desde pequeña?
Yo creo que es parte de la personalidad de cada quien. Y lo de beligerante, todo eso calificativo usted los dice. En la sala de redacción cuentan historias de su faceta como estudiante, siempre afín a las luchas sociales. Dirigentes estudiantil nunca fui, pero sí fuimos militantes en la Escuela de Periodismo del movimiento Ramón Amador, que era el movimiento del ala izquierda, militamos siempre en el Amador hasta los últimos momentos, creo que ahora ya no existe. Ahí militamos, conocimos mucha gente, hicimos muy buenos amigos que arrastramos desde aquel tiempo hasta ahora.
¿Por qué decide estudiar periodismo?
No sé, porque yo realmente no vine a estudiar periodismo... iba a estudiar Química y Farmacia. Es una diferencia de carreras abismal.Diferencia grande, abismal, pero la verdad de la verdad es que no sabía, no era buena para los números, para esas cosas. Luego terminé en periodismo. Me gustaba, desde muy pequeña tuve una relación bastante directa con la comunicación. Mi papá era un aficionado de la radio, mi papá se levantaba con su radio para escuchar noticias, se acostaba con su radio para escuchar noticias y yo creo que eso va influyendo en la vida de uno. Entonces, de ahí terminé estudiando periodismo.
¿A qué edad egresó de la carrera?
No, ya egresar y con título con título, fue bastante. No me acuerdo sinceramente, pero sí muchos años después de haber concluido los estudios, porque en aquel momento mientras estudiábamos se nos abrieron las puertas para trabajar. Entonces, estudiando y estudiando comenzamos a trabajar; después terminamos las clases de la carrera y se pasó mucho tiempo y que más hoy, que más mañana. Hacemos el examen, en este momento si hacía examen privado, y se hacía tesis, no estoy segura.Entonces, trabajando se iba postergando eso (de la graduación). En eso en la Universidad Nacional, cuando era rector, no me acuerdo del nombre ahora mismo, hizo una reforma que permitía que estudiantes egresados de todas las carreras que tuviéramos experiencia profesional, podíamos hacer un informe, como una monografía contando nuestras experiencias laborales y eso se presentaba, se validaba todo el proceso y accedía un título. Entonces, en ese momento ya era demasiado que uno no hiciera el tiempo para graduarse, entonces ahí hicimos todo el proceso. Éramos un montón, éramos muchos compañeros que estábamos ya ejerciendo la carrera, teníamos ya muchos años de ejercer la carrera y que no habíamos sacado nuestro título.
¿A dónde estaba trabajando en ese momento mientras estudiaba?
Yo empecé trabajando en radio. Yo estuve como uno un año, creo, en Radio Cadena de Noticias se llamaba, ya no existe RCN, y de ahí pasé a trabajar en Diario Tiempo, ya era reportera de Diario Tiempo, entonces, incluso cuando me graduo creo que estaba así, porque estuve en Diario Tiempo, estuve 14 15 años. Y siempre he trabajado en la prensa escrita. Después pasé a trabajar a Diario LA PRENSA. Volví a Diario Tiempo, de Diario Tiempo en esa etapa me fui a 4 años a las relaciones públicas del proyecto hondureño de educación comunitaria (Proheco). En ese periodo estaba iniciando ese ese proyecto con el Dr. Armando Uceda a la cabeza, que era viceministra de Educación, y Betina Hernández, que era la jefa coordinadora del proyecto. De ahí terminó ese período gubernamental y pasé a trabajar en Revistazo, que es el brazo informativo de la Asociación un para una Sociedad más Justa. Fui a EL HERALDO por primera vez, pero estando en EL HERALDO me salió la oportunidad de ir a la Agencia Centroamericana de Noticias (ACAN-EFE), que era una experiencia que yo no había tenido de trabajar en una agencia internacional de prensa, entonces me fui a trabajar con con ACAN-EFE y de ahí volví nuevamente a EL HERALDO y me quedé en EL HERALDO hasta el sol de hoy. Ya estoy cumpliendo 15 años.
¿EL HERALDO y LA PRENSA ahora?
Con EL HERALDO estoy cumpliendo 15 años. Y con LA PRENSA, desde que asumí la editoría de las páginas de Opinión, creo que ya son tres o cuatro años.
Usted ha pasado por todas las facetas o por las diferentes áreas o ramas del periodismo. ¿De todas esas áreas, qué es lo que más le ha gustado?
La prensa escrita.
¿Por qué?
Ese ese proceso del reporteo, que creo que ahora muchas personas no les gusta reportear, pero ese proceso del reporteo uno lo trae en la sangre, el estar en una sala de redacción, ver cómo se proyecta un día, seguir una noticia, ir, buscarla, profundizar, investigar y tener todos los todos los lados de una información y luego venir a una redacción, sentarse, tener toda la información, definir qué es lo más importante, que es lo más menos importante, sentarse, escribir una nota y al siguiente día verla reflejada en las páginas de un diario, es una sensación... y es lo bonito, es la es la la naturaleza del periodismo, es el periodismo en sí. Igual creo que es el mismo sentimiento que tienen los compañeros que trabajan para la radio, los compañeros que trabajan para la televisión. Ese sentimiento de ser un reportero, de ir, buscar la noticia.
¿Y hasta la adrenalina que se siente al reportear?
Cuando uno es reportero, uno tiene que estar preparado para ir a todos lados en cualquier momento y cubrir todo lo que es noticia y lo que se debe cubrir, y lo que las audiencias de nuestros medios están requiriendo.
¿Cuántos años lleva ejerciendo el periodismo?
Creo que tengo 40 ya. Toda la vida.
¿Qué experiencias le deja hacer periodismo?
El contar la historia diaria de un país, yo creo que eso es bastante. El sentirse parte de la historia, el escribirla, eso es bastante entonces.
¿Tiene alguna experiencia que usted considere que la marcó?Por ejemplo, el accidente de TAN-SAHSA, ese fue uno de los de los eventos que le marcan a uno la vida; otro evento que a mí como periodista... fue el huracán Mitch. Esa experiencia fue durísima, creo que para todos los hondureños verla, cubrirla, ver el dolor de los hondureños, la necesidad expresar, contar cada una de las cosas que estaban sucediendo con el país en este momento. Teníamos un país destruido, destruido por la naturaleza, entonces ese evento del huracán Mitch fue un evento que a uno lo marca. Lo marcan y le marcan a uno su carrera periodística.
En otra conversación, usted nos contaba que había estado cubriendo cuando quemaron la embajada en los años 80, que fue otra crisis en el país.
Sí, estábamos cubrimos ese ese evento con el periodista Héctor Amador, me acuerdo, trabajábamos para la radio, para RCN, y cubrimos ese evento de una manera bien atípica, porque la radio estaba comenzando, no era una radio que tenía en vivo ni nada de eso. Entonces lo cubrimos de una manera bien atípica desde un teléfono público. Mientras Héctor iba a reportear, a ver qué era lo que estaba pasando alrededor de la embajada, el iba y regresaba, entonces él se quedaba y yo le daba el teléfono, él se quedaba transmitiendo e informando de lo que estaba pasando y en ese momento yo iba... entonces yo me iba también a ver qué era lo que estaba pasando, era un momento conflictivo, era un momento de mucha tensión. Entonces estábamos frente a la embajada de los Estados Unidos. De repente había disparos, de repente heridos, de repente, fuego, humo. Entonces el teléfono público para que funcionara teníamos que echarle 50 centavos y la gente nos regalaba los 50 centavos y nos echaba la monedita de 50 centavos en el aparato telefónico que estaba a una cuadra de la Embajada Americana, siempre ahí la avenida de Los Próceres. Entonces, así lo cubrimos de una manera muy atípica... no era común, pero con el deseo de informar en ese momento nos rebasó y buscamos la manera, y vimos el teléfono, supimos que esa era la oportunidad y la agarramos; tuvimos una transmisión bastante larga.
¿Fue de las primeras así de alto impacto o no?
No, el el cubrir manifestaciones, el cubrir eventos que generaban alguna algún tipo de conflictividad ya era parte del ADN y era parte de la situación que se vivía en ese momento en el país, entonces no era como hoy, por ejemplo, ahora las nuevas tecnologías a uno lepermiten ver lo que está pasando por la televisión y, a veces, ni siquiera es necesario ir a una cobertura in situ, que deberíamos como periodista ir obligatoriamente a una cobertura in situ porque no es lo mismo verlo por la televisión que estar en lugar de los hechos.
Dicen que usted caminaba con una grabadora esas que eran grandísima, con su libretita y con su radio en mano.
Sí, el radio. Me decían mis sobrinos: "tía, usted parece vigilante". El radio en la mano, “¿para donde va”, me decían. Así como ahora andamos con el teléfono, andábamos con un radio, estábamos monitoreando permanentemente lo que estaba pasando alrededor de nosotros, la radio es más inmediata. Entonces, por la radio nos dábamos cuenta de los sucesos que estaban dándose en el país y de ahí se generaban las coberturas. Entonces, siempre andábamos con un radio... Yo todavía trabajo con un radio, yo no puedo. En la mañana me despierto, veo los noticieros, luego empiezo a trabajar y estoy con el radio encendido permanentemente.
Usted es de estas periodistas que les tocó vivir ese cambio de la máquina de escribir, a la computadora y al periodismo digital, ¿cómo fueron esos procesos?
Cuando nosotros iniciamos a hacer periodismo no teníamos alta tecnología, y alta gama eran nuestras grabadoras, que era una grabadora de cassette, no había teléfonos celulares. Habían redacciones, por ejemplo, que tenían walkie-talkies, pero los walkie-talkies eran para los los fotógrafos, para estar coordinando con ellos las movilizaciones, y uno se iba a trabajar y cuando regresaba lo que le esperaba era una máquina de escribir Olympia. Uno metía su página y esa nota iba al jefe de los editores, los editores agarraban la nota, la editaban y hacían las correcciones y regresaban, le decían a uno “hace estas correcciones” y luego otra vez a escribir. De ahí llegaron los años 80, creo, finales de los 80. Y, wow, llegaron las computadoras. Todo mundo asombrado. ¿Qué vamos a hacer con esto? Era este monstruo. Entonces, para uno era era era difícil hasta sentarse en las cajas de las computadoras y el teclado, porque el teclado era tan suavecito, y ver que lo que uno escribía aquí se reflejaba dejaba en una pantalla y que podía borrar, y que podía volver a escribir, y que no tenías que estar sacando la hoja del papel y tirándola a la basura. Entonces, no era fácil, teníamos que aprender a usar los comandos de control, no sé cuánto 1... 2... 3... para un acento, no era nada fácil. Pero nos fuimos acostumbrando a tal grado, que llegó un momento que ya no podíamos vivir sin las computadoras. Yo me acuerdo que habían compañeros que se resistían, se resistían y decían: "yo no uso esta cosa, no la uso", y al final todos la terminamos usando. Ha sido una generación de periodistas que hemos vivido de todo y hemos aprendido, y nos subimos a la ola de la tecnología y no nos quedamos atrás.
¿Fue muy difícil adaptarse?
Luego llegaron los teléfonos celulares. En un inicio no eran para todos. El que llama paga y el que recibe también; andar con un celular era realmente un lujo, un lujo porque las llamadas eran carísimas. Entonces, y si yo te llamaba, entonces yo pagaba el minutaje que hablábamos, pero si yo recibía una llamada, entonces era el que llamaba pague y el que recibe también la misma llamada, la pagábamos los dos, entonces era muy caro, luego entonces fue facilitando esto. Todas las generaciones de nosotros nos fuimos adaptando, nos subimos a la ola y no nos amilanamos, no le tuvimos miedo a la tecnología. Yo sí la sigo teniendo miedo a la a la a la televisión, nunca me gustó.
¿Qué secciones ha cubierto en estos 40 años en el periodismo?
Todo. Cuando uno trae el periodismo en la sangre no le gusta una cosa más que la otra. Lo primero que nos mandaban a hacer los los jefes era a cubrir la nota roja y las notas sociales.. y después había el cuento este de que si cubrías ya presidencial o si cubrías el Congreso, eran los periodistas top. Pero la verdad el que es periodista, el que trae el periodismo en la sangre, no es el mejor el que cubre la Casa Presidencial o el que cubre sucesos, no. Todos somos iguales y todos debemos tener las mismas habilidades y todos tenemos que tener el mismo conocimiento porque ¿qué va a pasar si usted mañana se encuentra X o Y funcionario, personaje y tiene la entrevista de su vida enfrente?, pero como no le interesaba ese tema, entonces usted no sabe ni qué preguntarle al personaje tiene enfrente. Entonces uno tiene que estar totalmente informado de todo.
63
años
tiene Orfa Mejía, editora de Opinión de EL HERALDO y LA PRENSA. Lleva 40 años ejerciendo la profesión
Usted cubrió economía, cubrió sucesos. Incluso a nosotros nos contaban que tuvo un accidente mientras iba a cubrir. ¿Nos puede contar cómo fue eso?
Era un 29 de septiembre, creo, estábamos cubriendo con Carlos Guillén, era mi fotógrafo, estábamos trabajando para diario Tiempo, íbamos a cubrir unos derrumbes que habían en esta Tegucigalpa nuestra,vulnerable de toda la . vida. Entonces era el día del cumpleaños de Tegucigalpa y ese día hubo unos derrumbes aquí en El Reparto. Entonces íbamos en una motocicleta que Carlos tenía, que era una motocicleta chiquita y andábamos nosotros en aquella motocicleta, ahí nos levantó un carro en una por el Honduras Maya, se nos atravesó un carro, nos levantó y yo salí volando, allá fui a caer al otro lado; Carlos no se cayó de la motocicleta. Y entonces ahí terminé con mi pie fracturado y esos son los gajes del oficio, como dicen.. hasta ahí llegó la cobertura de ese día, en mi caso, porque el periódico tuvo que enviar a un reemplazo de inmediato a hacer esa cobertura.
¿Dicen que allí la ayudó otro periodista?
Es el licenciado Ramiro Sierra, era director de la Escuela de Periodismo en ese momento, y un buen amigo, que recién murió Ramiro. Él estaba parado esperando que lo recogieran, porque ese día en el centro de Tegucigalpa había desfiles por las festividades. Entonces, había bastante tráfico y el licenciado Sierra estaba esperando a alguien o un taxi... me dice él después: "Yo lo miré, vea, allá viene la flaca." Me decían la flaca. Y entonces él nos estaba viendo que nosotros veníamos bajando la cuestecita del de Honduras Maya y cuando se nos atraviesa el carro, yo salgo volando. Ramiro fue el primero que nos fue a auxiliar. Incluso, Ramiro a la persona que iba manejando el carro lo obliga y le dice, "no, no, no, tenemos que llevarlos al hospital". Y entonces nos subimos al carro de la persona. No sé quién es, no me acuerdo absolutamente si era hombre o si era mujer. No me acuerdo. Pero me da risa porque estábamos a media cuadra del Hospital del Carmen, pero en el nerviosismo de todos a nadie se le ocurrió irnos a ese hospital. Pasamos por el Hospital Escuela y a Ramiro tampoco se le se le ocurrió que pudiéramos entrar al Hospital Escuela. No, él venía que nos traía a los centros de aquí de La Granja y hasta que llegamos allá. Hasta que llegamos allá. Pero después todo el mundo se reía y decía, "pero y por qué no se fueron al hospital el Carmen, porque no se quedaron en el hospital. Pero el nerviosismo de todos.
¿Y otra anécdota que usted recuerde de algún incidente que le ha pasado?
Una vez fuimos a La Mosquitia. Me acuerdo de eso, porque se los conté recién. Íbamos a una cobertura de una repatriación de refugiados de Honduras a Nicaragua, de unos campamentos que habían ahí en La Mosquitia. Y llegamos a La Mosquitia en una avioneta, aterrizamos y empezó a llover y entonces este cuando íbamos a regresar no pudimos porque había mucha lluvia y entonces nos quedamos a dormir allá en unas unidades militares, que era lo único que teníamos a mano porque no había hoteles ni nada, las condiciones de La Moquitia nunca han sido las mejores, en aquel tiempo tampoco lo era. Entonces, ahí nos quedamos una o dos noches. También con los compañeros de LA PRENSA, con Wilfredo, con Luis Sosa, también nos quedamos una vez durmiendo en la frontera con El Salvador, andábamos en una cobertura de unas incursiones en estos lados de los bolsones. No pudimos salir y ahí nos quedamos. Ese día yo me acuerdo que dormimos en una casa que estaba abandonada y entonces los muchachos, yo le digo los fotógrafos y los motoristas que eran los guardaespaldas uno, ellos decían, "usted se acuesta, duerma, trate de dormir un poquito y nosotros vamos a vigilar. No se preocupe, nosotros vamos a cuidar por mientras llega la luz del día y salimos de nuevo a Tegucigalpa”. Cosas así pasaban, uno se quedaba, que se le arruinaba el vehículo, que no tenía dinero para comer, que no le alcanzaba los viáticos... El periodismo también sirve para eso, uno hace muy buenos amigos.
¿En estos 40 años ha recibido alguna vez amenazas o intimidación?No, es mentira. He conocido los casos de compañeros y amigos muy cercanos, sí he estado con ellos, si he sido solidaria con ellos, pero yo personalmente no.
¿Ahora usted hace periodismo siendo la voz editorial de un medio, bueno dos medios de comunicación: EL HERALDO y LA PRENSA?
Es una es una transición, ya no estás en la calle, ya no estás buscando la noticia, pero estás del otro lado. Igualmente viendo qué es lo que está pasando a tu alrededor, siempre hablando con la gente, siempre teniendo tus fuentes, siempre dando desde el lado del análisis, coordinando con tus columnistas. Ya no es la misma adrenalina de ir a buscar todos los días la información, pero sí del otro lado, estar viendo viendo cómo están caminando las cosas en un país tan complicado como el de nosotros.
¿Por qué le decían la flaca?
Nunca fui gorda, entonces siempre flaca, entonces casi todos me decían la flaca. Tengo una amiga, la china, que no me dice más que flaca, flaca, flaca, flaca. Yo me llamo Orfa Sofía, pero todo el mundo me conoce por Orfa. Pero Faustino Ordoñez, creo que lo conocen, Faustino siempre me decía Sofía.
¿Sus papás siguen vivos?
No, ya murieron los dos. Constantino Mejía, mi papá, carpintero, y mi mamá, Luz Maradiaga Reyes, todos olanchanos de cepa.
¿Cree que los olanchanos son aguerridos?
Somos aguerridos, sí, somos aguerridos, pero somos muy buena gente. Somos aguerridos en el buen sentido, porque al departamento se le ha hecho una mala fama de que sí van, que la gente lo recibe mal; que que son de armas a tomar, y entonces yo creo que la violencia en el departamento es igual que en todos los departamentos del país. Que en Olancho hay gente enojada como la hay en otros departamentos del país, pero también estoy 100% segura que los olanchanos somos las personas más amables, más hospitalarias que hay en toda Honduras y la gente que va a Olancho que trata y mil se quedan.
¿Qué opinión tiene que Olancho se quería independizar?
Esas son bonitas historias. Uno de mis primos decía que tenía en la Kennedy la embajada. Y decía que “si van a Olancho deben ir primero a la Kennedy para que yo les dé el pasaporte”. Esa es una historia que no sé de dónde surgió. Claro, somos el departamento más grande de Honduras, somos más grandes que El Salvador, pero somos un departamento integrado a Honduras, somos hondureños y eso creo que nos hace sentir orgullosos a todos. Igual nos gusta ser olanchanos. Los olanchanos somos, antes que nada, olanchanos. Después somos de Catacamas, después somos de Juticalpa, de Manto, de Culmí, pero antes que todo, cualquier olanchano que le pregunte de dónde sos, él te va a decir primero soy olanchano y después de qué parte de Olancho.
¿Y hondureños, es decir, primero dicen somos olanchanos y después hondureños?
Somos olanchanos. Es una región rica, una región, es lo más bonito que tiene Honduras
¿Cuáles son los miedos más grandes de Orfa Mejía?
Los ascensores y los aviones.
¿Y cuando le tocaba viajar, por ejemplo, cuando fue a la Mosquita?Con todo el temor del mundo, bajando todos los santos. Los viajes largos sin dormir absolutamente nada. Yo admiro a la gente que se sube a un avión, duermen tranquilos y van felices. No, yo no puedo. Me tomo pastillas para dormir, no me duermen.
¿A Orfa le gusta bailar, cantar o hacer otra actividad?
Me gusta escuchar música. Yo digo que bailar, es que ahora con mis rodillas ya no me hace, pero yo no bailaba, brincaba.
A los 23 años tuvo a su primer hijo. Estaba pequeña, ¿cree que fue un embarazo adolescente como le dicen ahora?
A los 23, ¿qué le decían en el pueblo la gente? Te está dejando el tren. Pero ese es un decir de antes.. Los embarazos adolescentes son en adolescentes, y uno ya a los 23 años ya no es ningún adolescente, ya sos una mujer hecha y derecha, tenés que trabajar.
¿Qué edades tienen sus hijos?
El mayor tiene 40, es odontólogo, trabaja en Olancho; Julio César se llama el menor, tiene 24. Es ingeniero industrial, se acaba de graduar la semana pasada.
¿Usted es madre soltera?
Siempre.
¿Cómo es ser madre soltera al ejercer el periodismo?
Es una carrera totalmente demandante, igual que todas. Yo creo que las madres solteras tenemos los mismos retos seamos o no periodistas, igual pasa con aquellas mujeres que son de la limpieza, de una oficina, que son gerentes de banco, que están detrás del servicio al cliente en X o Y el lugar. Todas tenemos los mismos retos, todas tenemos los mismos problemas y todas salimos a trabajar todos los días. Todas salimos a trabajar y todas debemos salir a trabajar. Y lo vamos a hacer siempre hoy, mañana, y lo hicieron las que vienen atrás, es cuestión de supervivencia, es cuestión de tener las metas claras, ¿qué quiero yo? ¿Qué quiero en la vida? ¿Qué quiero yo con estos hijos míos? Los quiero ver profesionales o no los quiero ver profesionales, entonces uno sueña con que los hijos estudien, sean unos hombres de bien, entregarle a la sociedad, entregarle a la sociedad personas que aporten.
¿Cuántas veces se ha enamorado?
Pues yo creo que toda la vida estoy enamorada. Uno tiene que estar enamorado de la vida.
¿Y de otra persona?
Esos son sentimentalismos. Ay, que si me enamoro, que si no me enamoro. Usted va por la vida y la vive.
¿No se considera una mujer sentimental?
Sí, soy bastante sentimental, muy apegada con mi gente, muy pendiente de todos ellos, una leona con mis hijos, con los amigos de mis hijos, con mis sobrinos siempre pendientes, siempre queriendo que a todos les vaya a lo mejor, muy sentimental. Pero ese sentimentalismo del amor, el romanticismo ese, yo creo que la vida es la vida y hay que aprenderla a vivir, no echarse a morir si le fue bien o no le fue bien con X o Y persona. Usted tiene que seguir viviendo. Tiene que vivir, tiene que trabajar, tiene que hacer las cosas bien, y tratar de hacer las cosas lo mejor posible todos los días de su vida.
¿Alguna vez ha sufrido por amor?
Para nada.
¿Sus hijos nunca le dijeron que querían estudiar periodismo?
No, y si me hubieran dicho, les hubiera dicho que no, porque creo que el periodismo es una carrera bastante sacrificada y, entonces, ya es suficiente... Bueno, la verdad que en mi familia yo soy periodista; hay dos personas más. Mi hermana que vive en Nicaragua estudió periodismo y el hijo de uno de mis hermanos en San Pedro Sula. De los hijos míos no.
¿En su niñez fue muy traviesa?
Yo creo que todos hemos hecho más de alguna travesura, pero una que me acuerde de que haya sido brutal, de decir "uy, esto no lo he vivido”, no.
¿Alguna vez la acosaron?
Esa es otra de las cosas que yo nunca. Yo no sé, será que, y no digo que no exista porque sí existe, pero la verdad es uno también, yo creo que el que el carácter que uno tiene y la forma que uno es, y a mí alguien me decía o me insinuaba, no sé. Ya sabía que uhhh “meterse con esa flaca, no” Y entonces no, ni en la universidad ni en el colegio, yo tuve excelentes relaciones con mis compañeros.
¿Considera que ha sido una mujer adelantada a la época en la que usted vivió?
Creo que estuvimos del lado correcto y que hemos estado del lado correcto y que voy a seguir estando del lado correcto, del lado de la defensa de los derechos humanos, de los derechos de la gente, de luchar porque todos tengamos oportunidades, que las oportunidades que yo tuve de darle educación a mis hijos, los tenga la la la tengan todo la tenga todo el mundo, las oportunidades de dar la educación de calidad a las gente, acceso a la salud. No es estar o no estar adelantados, es de tener una conciencia social de que uno debe de estar del lado de quién lo necesita.
¿Tiene Orfa una ideología política?
Yo lo único que sé es que mis aspiración es que nosotros tengamos una sociedad justa, una sociedad con oportunidades, gobiernos que realmente se interesen por el desarrollo, de atender los problemas de la gente, las necesidades de la gente. Gobierno que roben menos, que la corrupción no nos robe los poquitos presupuestos que tenemos para atender las necesidades de esa población. Yo no sé si eso es tener ideología. ¿Qué ideología es? Esas son simplemente mis aspiraciones personales. Entonces que a uno lo etiquetan, ah, este es de izquierda es de derecha. Yo creo que hay gente de derecha que tiene las mismas aspiraciones que uno tiene, el de aspirar a un país mejor, más digno no es ser de izquierdas o de derechas.
¿Cuál es el legado que usted quiere dejar?
No, yo a mis hijos que caminen por la calle con la frente en alto y que sepan que tuvo una mamá trabajólica, que trató de hacer siempre lo mejor, de estar del lado correcto de la historia, que se sientan orgullosos de su mamá.
¿Y en el periodismo?
Seguir haciendo lo correcto, seguir hasta el último día de mi vida trabajando y dándole a este país lo mejor de mí desde las posiciones en que yo me encuentro.
¿O sea que usted en este momento no piensa ni en unos años dejar el periodismo?
Allá será el día que ya no pueda escribir, que ya no pueda pensar, que ya no pueda, pero yo no pienso retirarme del periodismo nunca.
¿Qué mensaje deja usted a estas generaciones actuales y nuevas que ejercen el periodismo?
El país necesita buenos periodistas. Periodistas que hagamos las cosas bien, que hagamos las cosas correctas, que hagamos las cosas éticamente correctas. El país necesita que esa nueva generación de periodistas asuman esa bandera, hagan el periodismo que el pueblo demanda, que se informe de todas las aristas, desde todos los lados, que le ganemos el juego a la desinformación. Que hagamos ese periodismo serio. Entonces es un reto grande el que tienen las nuevas generaciones de periodistas. Tenemos que volver a reportear de a pie, en la calle, ir, conocer de primera mano lo que está viviendo y sufriendo la gente.