Juan Ramón Durán: El maestro detrás de varias generaciones de periodistas

Impartió clases durante 35 años en la Escuela de Periodismo de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras

  • Actualizado: 31 de octubre de 2026 a las 00:00
Juan Ramón Durán: El maestro detrás de varias generaciones de periodistas

Tegucigalpa, Honduras. -Es difícil hablar de periodismo y no citar su nombre. Aquellos que pasaron por la Escuela de Periodismo de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), entre 1977 y 2012, seguramente lo recuerdan con la mayor de las estima.

Fue parte de la primera generación de graduados de periodismo de la UNAH. Sus colegas generacionales y quienes tuvieron la dicha de compartir en sus años de reportero lo catalogan como alguien excepcional; un profesional como pocos en el mundo de las comunicaciones en Honduras.

Es Juan Ramón Durán Gómez, conocido solo como el lic. Juan Ramón Durán, el eterno maestro de la clase de Periodismo Interpretativo, que también trascendió las fronteras nacionales por la calidad y exquisitez de sus piezas periodísticas.

Con él dialogamos sobre su trayectoria, sus aficiones y sus inicios en el denominado por Gabriel García Márquez como el mejor oficio del mundo: el periodismo.

Juan Ramón Durán se retira de la docencia universitaria de la UNAH

¿Dónde inició su carrera periodística? ¿Dónde fueron los primeros pininos, sí lo hizo siendo empírico o ya como un profesional?

Yo tuve la fortuna de ser estudiante "normalista", y en el año de 1969, la Asociación de Estudiantes de la Escuela Normal de Varones me encargó de que abriera un programa de radio en Radio América y un periódico impreso.

En su casa guarda los recuerdos de algunas figuraciones en los diarios nacionales y los reconocimientos que recibió en su trayectoria.

El programa radial en Radio América se llamaba La Voz del Normalista, y el periódico impreso se llamaba Adelante. Se imprimía en la Imprenta La República, del barrio abajo de Tegucigalpa; era el señor (Carlos) Colindres el dueño de la imprenta, quien me enseñó el olor a la tinta fresca. Me encantó la actividad.

La sorpresa mía es que a los dos o tres meses después de que salía el periódico cada mes, el poeta Óscar Acosta, jefe de redacción del diario El Día, publicó una entrevista que yo le había hecho al dramaturgo español Andrés Morris, quien se encontraba como profesor visitante en lo que ahora es la Universidad Pedagógica Nacional.

Y la sorpresa fue mayor cuando el poeta Óscar Acosta llegó a la Escuela Normal de Varones a buscarme. Me dijo: "Mire, vamos a publicar una de las entrevistas que usted ha hecho en el periódico de la Escuela Normal". Días después, yo iba a comprar el periódico al parque central. Al abrir el periódico, miré en la sección Artes y Letras de la Semana del diario El Día mi nota destacada ahí; entonces sentí una emoción extraordinaria.

Ahí cambié de opinión. Yo estaba interesado en estudiar medicina, a pesar de la pobreza de mi familia, pero entonces ahí opté por estudiar periodismo.

El legado perdura: Rinden homenaje a los maestros jubilados de la carrera de Periodismo en la UNAH

¿Cuándo comenzó a estudiar periodismo?

En esos días encontré a Armando Cerrato, que era dirigente estudiantil del Instituto Central de Varones. Me dice: Mirá, Juan Ramón, están dando becas en la universidad; vamos a hacer examen. Nos fuimos a la Facultad de Medicina a hacer el examen, y la directora del Servicio Social Universitario nos dijo: "Miren, muchachos, si van a estudiar una carrera técnica, tienen asegurada su beca".

La beca era de 75 lempiras mensuales, en esa época, que después teníamos que pagar a la universidad. Fuimos a hacer el examen, y nos dijo: "Los que van para periodismo, que se esperen"; éramos dos. (Sonríe). Entonces, ya nos quedamos tarde. Después nos dijo: "Miren, muchachos, cuenten con la beca", y empezamos a estudiar periodismo en febrero del año 1970.

Juan Ramón Durán ue parte de la promoción de maestros de educación primaria (1969) de la Escuela Normal de Varones Pedro Nufio.

¿Recuerda cómo se enroló en Diario Tiempo? ¿Es cierto que usted fue uno de los fundadores?

Sí. Era profesor nuestro de sociología don Ramón Oquelí, un extraordinario intelectual hondureño, y él nos dijo que un grupo económico de San Pedro Sula, integrado por el ingeniero Jaime Rosenthal, don Edmon L. Bográn y don Reginaldo Panting, pretendían fundar un periódico, y que querían saber si nosotros participaríamos de la iniciativa; fundamos Diario Tiempo el 11 de noviembre de 1970, y ahí comenzó mi carrera formalmente.

Él nos reclutó para diario Tiempo, a Armando Cerrato, Reinaldo Amador y a mí. Entonces, el licenciado Manuel Gamero, que era el director del periódico, nos llevó a su casa y nos dijo: "Bueno, vamos a hacer una prueba", y nos puso a redactar en una máquina.

Recuerdo que Reinaldo Amador y Armando Cerrato escribían con un dedo cada uno. Me senté; por suerte, yo había aprendido a escribir en máquina de escribir, yo escribía con los 10 dedos.

El licenciado Manuel Gamero me quedó viendo y me dijo: "¿Y dónde aprendiste a escribir en máquina?". Le digo: en la casa compraron una máquina de escribir y ahí aprendí.

Carrera de Periodismo de la UNAH reconoce a 10 profesionales que dignifican su labor

En Diario Tiempo éramos tres (reporteros), nada más; competíamos con equipos de redacción de diario La Prensa, que eran cinco o seis periodistas, y nosotros éramos jóvenes, inexpertos, con poco conocimiento de la realidad, que para un periodista eso es vital.

¿Qué fuentes le asignaron?

El licenciado Gamero me dio las fuentes más delicadas: que eran la Casa de Gobierno y la fuente económica. Pero luego, no recuerdo muy bien, tuvimos una discrepancia, y me mandaron a la nota roja, como castigo.

La persona que me sustituyó a mí en la cobertura de Casa de Gobierno y la nota económica se declaró que no podía cubrir eso, que era muy complejo, muy difícil; entonces me retornaron a la fuente de Casa de Gobierno y a la nota económica.

En su carrera docente, involucraba a sus estudiantes a hacer visitas a los medios de comunicación, para que fueran conociendo sus futuros campos de trabajo.

¿Le tocó cubrir entonces al general López Arellano?

Claro, y le voy a decir una cosa de López Arellano: tuvo un momento en que era un hombre conservador y se habló mal de él, pero después pasó a ser un hombre reformista, que evitó, por lo menos mediante las políticas públicas que él implementó, evitó una guerra civil como la que hubo en Nicaragua, en El Salvador, con las medidas de política social.

Yo, incluso, estuve tentado —porque me establecí una cordial relación con él, respetuosa, profesional— a escribir un libro sobre él, basado en el testimonio de él. Lamentablemente, en lo que comenzamos a conversar de la idea, él falleció ya.

Escuela de Periodismo hace realidad el sueño de modernizar su centro multimedia

¿Recuerda cuál fue su primer salario en Diario Tiempo?

Sí. Fueron 75 lempiras, primero, y a los dos o tres años nos subieron a 150. Don Jorge Larach, al fundar el diario La Noticia, nos ofreció 700 lempiras. Claro, para nosotros era un sueldo importante, y de los compañeros del grupo que quería fundar La Noticia, solo nos venimos Armando Cerrato, Rafael Lazzari, que cubría deportes, y yo.

En diario Tiempo estuve como cinco años. De 1970 al 75, más o menos. Establecí una excelente relación con don Manuel Gamero, que fue un periodista excelente, autodidacta y todo; un hombre con un conocimiento y un olfato para la información extraordinarios.

¿Por qué solo trabajó tres días en el periódico La Noticia?

Tres años después fundamos el periódico La Noticia (tras salir de Tiempo), que era del señor Jorge Larach, un periódico que nació para combatir el reformismo del general Oswaldo López Arellano.

Yo solo trabajé tres días en La Noticia, porque fui a hacer una cobertura de una reunión del general López Arellano con las centrales obreras, y ahí el general López Arellano anunció que iba a llevar la Reforma Agraria hasta las entrañas de las compañías bananeras de la costa norte.

Ya jubilado, la mayor parte de su tiempo se lo dedica a su familia, en especial a sus nietos.

Y yo era el único periodista que estaba escondido escuchando la reunión detrás de unas cortinas en el Estado Mayor Militar, aquí en el barrio Guacerique; voy corriendo al periódico y les digo: paren la edición. Era un periódico vespertino, y le dije a Paulino Medina, que era el jefe de redacción, que parara las máquinas porque tenía una noticia de última hora.

El periódico venía en avioneta de San Pedro a Tegucigalpa; lo imprimían en la imprenta de La Prensa. Voy al aeropuerto (Toncontín), entusiasmado a ver si venía mi noticia en primera plana; cuando llego al aeropuerto, desarmo un bulto de periódicos, abro el periódico y mi noticia no venía.

Llamo al periódico y me dice el jefe de redacción: "Mirá, se decidió, como la tenemos en exclusiva, publicarla al día siguiente".

Al día siguiente miro mi noticia en una columnita y miro el titular principal que decía: "Empresa privada condena anuncio de López Arellano".

Entonces hablé con el director del periódico, Amilcar Santamaría, y le dije: "Mire, a mí me contrataron de periodista, no de oreja, de chivato; así que le digo que yo me marcho", y salí del periódico (sonríe).

¿Fue director de prensa en Casa Presidencial, y en qué período de gobierno?

Sí, estuve cuando fundamos el Ministerio de Cultura, Turismo e Información. Yo fui el director de la Oficina Central de Información, el área de prensa.

Reclutamos a 12 estudiantes de periodismo para hacer la cobertura de las diferentes fuentes y emitíamos un boletín diario de como de 30 o 40 noticias diarias, y teníamos una cadena de Radio Nacional en la noche, a las 9:00 de la noche, de cinco minutos, donde se daba información de lo que es la labor del gobierno.

Confiesa que se dedica también a cuidar el jardín de la casa junto a su esposa.

Posteriormente, ya con los años, en 1994, fui secretario de prensa del doctor Reina (Carlos Roberto Reina Idiáquez). No por cuestiones políticas, porque yo no tuve militancia política en ningún partido, sino por una relación personal que establecí con el doctor Reina; yo lo entrevistaba a él como un político liberal, y acudimos a varias reuniones internacionales, a seminarios en Costa Rica, en Argentina, en Alemania. Él como abogado, conocedor de derechos humanos, y yo como periodista.

Y él me llamó a ocupar la Secretaría (de Prensa). Yo le dije: "Mire, doctor, yo no tengo ninguna participación política". Él me dijo: "El presidente nombra a sus ministros".

¿Cómo fue ese ingreso como catedrático a la Universidad Nacional Autónoma de Honduras? ¿Fue el Consejo Estudiantil el que decidió que usted fuera parte del conglomerado de maestros?

La sorpresa mía fue que la Asociación de Estudiantes de Periodismo y el director (de la Escuela de Periodismo) habían conversado. En esa época no había concursos para acceder a la docencia universitaria; entonces, entre ellos se hizo una reunión en la casa del director, en la colonia Miraflores.

Ramiro Sierra (catedrático de periodismo, ya fallecido) me dijo: "Mirá, Juan Ramón". Yo había tenido grandes diferencias con Ramiro Sierra, como estudiante. Él era del Frente de Reforma Universitaria y yo era del Frente Estudiantil Socialista. Nos mirábamos como gordos y flacos, en una pelea ideológica terrible.

Pero con Ramiro, al margen de esas cosas políticas, teníamos una amistad personal. Él era el contador del Colegio Médico de Honduras y quedó sin empleo. Me fue a buscar la esposa de él y con todo gusto le digo: "Pese a los problemas que hemos tenido en la universidad, que se venga a trabajar conmigo aquí en el Ministerio de Cultura y Turismo", y entró a trabajar.

En la universidad, él salió como líder estudiantil años después, y luego, conservando esa amistad que habíamos desarrollado, de entrada el director (de la Escuela de Periodismo) Óscar Reyes Baca me asignó cuatro materias, que para mí eran difíciles: periodismo gráfico, periodismo cinematográfico, psicología de la comunicación y sociología de la comunicación; complejas para mí, porque mi labor había sido periodística, reporteril.

Las primeras máquinas de escribir en la Escuela de Periodismo, ¿fue iniciativa suya?

El abogado Oswaldo Ramos Soto, que era líder del Frente Unido Universitario Democrático, porque como el periodismo era de izquierda, no simpatizaba mucho con nosotros; nos fuimos a hablar con él y nos aprobó un presupuesto de 20 mil lempiras para comprar las primeras 20 máquinas de escribir, en La Casa de la Música, que distribuía las máquinas Olympia.

También un excelente periodista, Vicente Machado Valle, era jefe de Relaciones Públicas del Banco Central de Honduras; él nos regaló otras máquinas de escribir del Banco Central de Honduras.

En esos estira y encoge de la vida estudiantil, ¿en algún momento se dio que algún alumno le pidiera puntos para pasar una clase?

Fíjese que no. Yo creo que uno se gana la respetabilidad. Lo importante para un docente universitario, además de compartir el conocimiento, es ganarse el respeto del estudiante, que lo que uno enseña corresponde a la realidad y le va a ser útil al estudiante. En mi caso, nunca.

Digamos, llegaron algunos colegas a decirme: Mirá, ayúdame a sacar el título rápido; algunos famosos colegas de esta época me pidieron que les diera el título de la licenciatura; yo les decía: "No, hombre, sacá las materias, gradúate y punto".

¿Alguna cipota le hizo una propuesta indecente?

A veces en la vida universitaria de los jóvenes, particularmente los más jóvenes, se confunden con una relación con su maestro. En algún momento sí hubo alguna confusión, pero afortunadamente se aclaró y yo no tuve, incluso, ninguna denuncia en el Comisionado de Derechos Humanos de la universidad, de que yo haya agredido o propuesto alguna cosa inmoral o indecente a una estudiante.

Tuvo cientos, si no es que miles de alumnos durante sus más de 30 años de catedrático. ¿Recuerda a alguno que lo haya marcado, por cualquier circunstancia que haya sido, y que usted lo recuerde hasta hoy?

Sí, hubo situaciones muy cómicas en la docencia.

Una vez la hija de un famoso periodista me presentó un reportaje sobre el VIH-SIDA, y yo lo elogié en la clase: qué excelente trabajo, que esto, que el otro. Yo estaba suscrito a la revista de El País, de España, y recibía la suscripción una semana después de que se imprimía en España; lo mandaban.

Como ahí tenía fotos de mujeres bellas, en las páginas centrales, a todo color de la revista, yo me llevaba la revista a la casa y la guardaba bajo llave. Cuando miré la revista, miré el reportaje de la hija del periodista, sobre el VIH-SIDA; lo había copiado íntegro de la revista.

Yo cometí el grave error de llamarle la atención en público. Le dije: "Mire, usted me engañó y ese reportaje fue fusilado", decíamos en esa época, cuando uno hacía el copy-paste de un reportaje. Cometí el error de llamar la atención en público, y la muchacha se marchó de la escuela. Después el colega me llamó y me dice: "¿Qué pasó con mi hija?", entonces ya le expliqué.

¿Fue difícil decir: hasta aquí llegó mi carrera como catedrático? ¿Se le hizo difícil tomar esa decisión?

Es que en la Universidad Nacional le dan a uno la oportunidad de retirarse voluntariamente a los 30 años de ejercicio docente. A los 35 años ya es obligatorio; a los 35 años le tramitan su jubilación.

¿Cómo fue ese día, ese último día de clase? ¿Qué rememora de ese día?

Sí, es doloroso. Llegaron los colegas de Telenoticias a hacer una nota de mi último día de clase, y los estudiantes, pues, llevaron un pastel y sí, al salir del aula yo sentí la tristeza. Esa de ya no volver.

Tomé la decisión de mantenerme a distancia de la universidad, pero he retomado vínculos con colegas, directores de la carrera que han tenido la gentileza de que vayamos a dar una charla o una conferencia ya en la universidad.

Tras varios años, más de una década de ese retiro, ¿qué es de Juan Ramón Durán un día normal?

Un día normal de mi vida es asistir a mis nietos. Tengo cuatro nietos, pero con tres de ellos de cercanísima la relación; incluso, los voy a recoger a la escuela, al colegio, y me dedico a escuchar música, leer y a ayudarle a sembrar plantas a mi esposa en el jardín (sonríe).

¿Cuántos libros ha leído en sus 75 años de vida?

Yo estaba enamorado de la bibliotecaria de la Escuela Normal de Varones (que tenía una biblioteca excelente), y por ver a la bibliotecaria me iba a leer a la biblioteca.

Me leí una cantidad de libros ahí, porque teníamos un horario de 7:00 a 12:00 (del mediodía) y de 2:00 a 5:00 de la tarde, y la biblioteca estaba abierta.

No me iba a almorzar a la casa, me quedaba las dos horas leyendo ahí y después de las 5:00 de la tarde, una hora más me quedaba en la biblioteca. Ahí me leí bastantes libros.

Posteriormente, ya solo leía libros de la profesión. Me gusta mucho la literatura latinoamericana y soy admirador profundo de García Márquez, de Julio Cortázar, de Juan Rulfo, de Ernesto Sábato; y los leí con pasión en su época cuando ellos estaban escribiendo, y luego por la labor docente.

Desde la parte redaccional y también en otras facetas del periodismo actual, ¿cree que la inteligencia artificial vino a fomentar la haraganería en las nuevas generaciones del periodismo o es una herramienta que lo revolucionará?

Es una herramienta maravillosa, pero el gran problema es como lo que pasó con las calculadoras digitales; que uno se sabía las tablas, sabía multiplicar, dividir; ya cuando sale el aparatito, uno no puede.

La inteligencia artificial tiene ese pecado. Que al muchacho le dejan una tarea en la escuela, y yo lo veo con mis nietos: "No, métete a Google, métete en la inteligencia artificial, ¿para qué te vas a complicar?". Entonces van generando una pasividad peligrosa.

Como dicen: cuando la neurona del cerebro no se usa, se deteriora, se atrofia. Y entonces ese es el problema de estas herramientas tecnológicas.

Por eso los grandes dueños de las tecnologías de la información no le dan teléfonos celulares a sus hijos, no le dan computadoras y los mantienen en los formatos tradicionales de las lecturas presenciales, la educación presencial y no digital.

¿Auguró usted en algún momento que se vendría esta generación de tanta tecnología en el periodismo?

Se visualizaba. Cuando se dijo que la radio iba a morir, porque salía la televisión. Después se dijo que la televisión iba a morir o que los periódicos iban a morir, porque surgían estas formas digitales; usted puede montar un periódico desde su casa y lo sube a un sitio en internet y ya, pero el problema es la credibilidad, la seriedad, el equipo de trabajo.

Por ejemplo, yo recuerdo a mi madre que decía: "Lo leí en EL HERALDO", era que tenía una fuente creíble; y en la época actual uno lee la información, con este problema de Irán, por ejemplo, en Ucrania y Rusia, y no mira la información y hay un nivel de desinformación extraordinario.

Pero el buen periodismo va a prevalecer y va a haber siempre un buen uso de las herramientas como la inteligencia artificial.

¿Qué consejo le daría como excatedrático a esas nuevas generaciones de periodistas que están saliendo de la universidad o que están próximas a salir?

Realmente, siempre los estándares y los valores son universales en materia periodística. Por ejemplo, un estándar profesional es la investigación. El periodismo no puede abandonar la investigación, sin dejar de ser periodismo.

Lamentablemente, se ven algunas deformaciones en nuestro medio, donde los compañeros se dedican más a la opinión, que a la información.

No debemos abandonar los estándares profesionales, y no es que uno se mantenga atado al pasado, sino, que son hechos, son situaciones universales, son eternas, digámoslo así, porque son el sustento de nuestra profesión.

Otro elemento es la honestidad; o sea, uno puede hacerse millonario en periodismo si se dedica a la extorsión y a la corrupción, pero también se puede recoger algún patrimonio con una actitud honesta.

Yo trabajaba en tres, cuatro lugares, simultáneamente, trabajaba en Radio América, en Diario Tiempo, comenzaba mi jornada a las 5:00 de la mañana monitoreando medios y terminaba a las 10:00 de la noche, mandando mis despachos al exterior, y nunca faltó nada en mi casa; pero claro, era un sacrificio.

Perfil:

Nació en Tegucigalpa, el 9 de marzo de 1951.

Maestro de educación primaria de la Escuela Normal de Varones Pedro Nufio, promoción 1969.

Egresó de licenciado en periodismo de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), en 1975.

Fue parte de los tres periodistas que fundó diario Tiempo, en 1970.

Primer reportero de la Agencia Centroamericana de Noticias-EFE, para Honduras (1975-1977).

Laboró más de 20 años para la Inter Press Service (IPS), de Italia.

Ministro de Prensa en el gobierno de Carlos Roberto Reina Idiáquez.

Maestro de la Escuela de Periodismo de la UNAH (1977-2012).

Únete a nuestro canal de WhatsApp

Infórmate sobre las noticias más destacadas de Honduras y el mundo.
Javier Flores
Javier Flores
Periodista

Licenciado en Periodismo, egresado de la UNAH. En la actualidad realiza la cobertura de la temática judicial para EL HERALDO. Profesional con 15 años de experiencia en el plano nacional.

Te gustó este artículo, compártelo
Últimas Noticias