Tegucigalpa, Honduras.- El destacado periodista y formador histórico de generaciones de comunicadores, el licenciado Ramiro Sierra Rodríguez, falleció la tarde de este domingo 4 de enero de 2026. Tenía 88 años.
La información la confirmó su hijo, el también periodista Mario David Sierra. Falleció de muerte natural tras padecer quebrantos de su salud en un hospital de la capital.
Uno de sus grandes amigos y compañero docente de las aulas universitarias, el licenciado Juan Ramón Durán, estuvo siempre pendiente de la salud del maestro Sierra Rodríguez.
“Vine al hospital a ver al Lic. Sierra, como habíamos quedado ayer con Lenin, uno de sus hijos y me encuentro con la infausta noticia que ya falleció. Aquí vamos a apoyarlos a ellos en esta dolorosa situación”, escribió Durán en un grupo de WhatsApp que lleva por nombre “Homenaje a Ramiro Sierra”.
Sierra Rodríguez, quien nació el 12 de octubre de 1937, fue un destacado periodista que fundó medios de comunicación como revistas con su propio dinero, pero su mayor legado son las decenas de generaciones que formó como catedrático de la Escuela de Periodismo de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, donde laboró por 37 años.
Ramiro Sierra Rodríguez fue también director de la Escuela de Periodismo en varios periodos por ocho años y desde allí impulsó reformas académicas. Ya se había retirado en jubilación de sus labores docente. Sierra introdujo las máquinas de escribir y la primera moderna sala de radio en la máxima casa de estudios.
Como catedrático demandó siempre la excelencia, la disciplina, el rigor y el compromiso que debe acompañar al ejercicio periodístico en defensa de los menos protegidos.
Ramiro Sierra trascendía su labor como catedrático y siempre abrazaba las buenas relaciones con sus alumnos con un humor y ocurrencias sabias que hasta en los pasillos daba lecciones no solo profesionales sino de vida.
Lleno de una cultura general, Sierra siempre motivaba a sus pupilos a buscar la excelencia y los provocaba para sortear retos y desafíos que en el momento parecían incómodos, pero que significaban aprendizajes.
Impartió las clases de Historia del Periodismo y allí era como un pez en el agua recitando nombres, fechas y acontecimientos nacionales e internacionales sin apoyarse en ningún material o libro. Sierra era una enciclopedia andante.
También se le recuerda por sus clases de Radio I y Radio ll, en las que no solo demandaba la redacción de notas con párrafos cortos, sino que exigía darle contexto y antecedentes a las mismas. Decía que si bien la voz de una persona era importante, la clave era la calidad de la nota periodística.
Pero Ramiro es recordado por su segunda gran pasión: el fútbol. Era el autodesignado entrenador de fútbol de la Escuela de Periodismo en los torneos académicos. “Soy Motagua hasta el día en que muera”, decía y aunque se molestaba en las derrotas, siempre apoyó al equipo de sus amores.
Llevó en varios momentos a la semifinal y final de fútbol a los estudiantes aglutinados en la Selección de la Escuela de Periodismo. Era normal que él pusiera dinero de su bolsa para comprar balones o simplemente llevar agua para los jugadores.
Ramiro perdía la cordura en los partidos de fútbol y como tal fanático y obcecado por la excelencia regañaba a todos por igual, ya sea en los partidos o fuera de la cancha. Sacaba sus insultos y sus letanías y no le importaba quién estuviera a su lado. Cada partido de fútbol era una final para él, por eso siempre exigía y exigía.
“Rambo”, como lo bautizaron sus alumnos, era más que fuerte y aguerrido y de allí le viene este sobrenombre, inspirado en las películas de Sylvester Stallone, pregonaba la acción inteligente, la respuesta oportuna, la coherencia de las acciones y la integridad de la conducta personas y profesional.
En una larga entrevista para el periódico capitalino La Tribuna, Sierra Rodríguez hizo varias confesiones y recordó sus orígenes como periodista.
Sierra Rodríguez era un hombre terco y obsesionado por un país mejor, mientras fumaba y soltaba el humo reclama que el periodista siempre debe estar en contra de la corrupción.
“Detesto la corrupción, nunca le agarré un cinco a nadie”, decía con firmeza y seriedad cuando uno se ponía a conversar sobre temas de país.
Fue un hombre de izquierda y se leyó todos los libros del marxismo. Y recordaba que hasta fue guerrillero.
“Le cuento, leí marxismo, anduve en una columna con Jorge Arturo Reina”, dijo en su momento. Fue precisamente Jorge Arturo quien lo empleó en la Imprenta de la UNAH y por eso estudio periodismo.
Dijo que siempre fue seguidor de los hermanos Reina, “después a nadie he seguido, ni siquiera a los Zelaya, no me gustan”. Aunque confiesa que votó a Libre en las elecciones desde que se creó esa institución política.
Ramiro Sierra Rodríguez estuvo casado con Annie Mejía de Sierra (QDDG), con quien procreó an Ana Bessie, Ana Vivian, Ramiro, Mauricio Lenín, Fernando (QEPD) y Mario David Sierra Mejía.
Desde EL HERALDO donde labora parte de esa generación que él formó van nuestras muestras de solidaridad, rogando para el bálsamo de la fe y la esperanza, abrigue a toda su familia.
En una conversación con el director de EL HERALDO, Carlos Mauricio Flores, en las oficinas del periódico, hace cinco años recordó sus pasos de docente y su vida de jubilado. Y siempre andaba en su bolsillo sus nuevos proyectos.
Y esa vez soltó una ristra de ideas para hacer un mejor periodismo y como siempre exclamó con firmeza “no suelte el dedo sobre la corrupción de mierda de este país”. Y se fue con su andar ya lento.
QEPD Ramiro Sierra Rodríguez.