Gustavo Armijo: "Todavía no encuentro un artista corrupto en Honduras"

“Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando”, repite citando a Picasso. Y así trabaja Gustavo Armijo, con café, música clásica y papel siempre a mano

  • Actualizado: 14 de febrero de 2026 a las 06:00
Gustavo Armijo: Todavía no encuentro un artista corrupto en Honduras

Tegucigalpa, Honduras.- Un saludo cálido, un alma de antaño en su cortesía. La mirada alerta, curiosa, tremendamente inquisitiva, con un punto de reserva que, en ocasiones, parece timidez pero es más bien distancia —quizás, la que necesita el artista para observar sin ser observado—.

Nos citamos con Gustavo Armijo (Comayagüela, 1945) en su taller y hogar al norte del centro histórico de Tegucigalpa. Entrar allí es como adentrarse en un espacio donde el tiempo se pliega sobre sí mismo.

Atleta en su juventud, fotógrafo por necesidad, dibujante por vocación, formado en pintura y grabado en la Academia de San Carlos de México y la Escuela Nacional de Bellas Artes en Honduras, autoformado en escultura por puro ímpetu creativo, Armijo ha construido en estas paredes un universo que respira memoria.

Atleta, fotógrafo, figurativo, grabador. A sus 79 años, Gustavo Armijo sigue transformando noticias en imágenes y la testarudez en método creativo.

Los bocetos se acumulan como testigos silenciosos de décadas de búsqueda, y cada rincón —planchas de grabado apiladas, esculturas en proceso, cuadernos repletos de ideas garabateadas al vuelo de una noticia o vivencias— guarda el rastro de una vida consagrada al oficio.


Aquí, en este espacio austero, riguroso, honesto, donde la creación se produce lejos de lo efímero, en ese silencio laborioso que caracteriza su temperamento reservado y su “testaruda” fidelidad al arte, se produjo esta conversación.

Más que una entrevista, fue una charla pausada con uno de los referentes de la plástica hondureña cuya andadura creativa supera las cinco décadas. Un diálogo que comenzó, como tantas cosas en su vida, con un pacto tácito: hablar con franqueza, sin poses, sin mitificaciones. Tal como él trabaja. Tal como él es.

Gustavo Armijo o la gráfica de la memoria

¿Cuál ha sido el mejor consejo que ha recibido? Mi padre tenía un dicho que decía: “Pobre pero honrado”. Así que la honradez es una cosa muy importante.

¿Cómo transcurren sus mañanas? ¿Cuál es el ritual que inaugura sus días? Tomar una pastilla en ayunas (risas), desayunar, compartir con la casa y siempre estar con papel y lápiz y recibiendo información, porque trabajo a base de ideas. Como Picasso dijo en un momento cuando le preguntaron sobre la inspiración: “Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando”. Trato de hacer bocetos de todo, desde una noticia buena a una negativa. Trabajo la idea y la transformo en imágenes y en series.

Nació en Comayagüela en un momento de transformación social y política. ¿Qué imágenes guarda de aquella infancia? En el barrio donde jugábamos todos los niños al bate, con pelota de trapo... Mi infancia se dividió en dos etapas: una en Comayagüela y otra cuando mis padres, por trabajo, se mudaron a la ciudad de La Paz. No recuerdo exactamente cuántos años viví allá, pero sí fueron años muy buenos. Estuve en la escuela y, sobre todo, crecí muy cerca del cine de pueblo que tenía mi padre. El cine influyó mucho en mi manera de pensar y de ver el mundo. Además, La Paz, con sus tradiciones, sus cuentos de miedo y de brujería, me marcó profundamente. Por eso el cine es tan importante para mí.

Armijo sigue transformando noticias en imágenes, ideas en series, la vida en arte. Sin jubilarse. Sin rendirse. Porque, como él mismo dice, ya es parte de su ser.

¿Ese fue el momento fundacional de su relación con el arte? Creo que sí, sí. Además que siempre me ha gustado el lápiz, el papel, rayar y toda cosa.

Los años setenta en México, en la legendaria Academia de San Carlos. ¿Qué supuso aquel periodo en la configuración definitiva de su identidad artística? Llegué con la ilusión del muralismo mexicano todavía en la cabeza. Pero México ya se estaba transformando. Ya no era el país de los grandes muralistas, sino la vanguardia de las nuevas artes que encabezaba José Luis Cuevas. Fue positivo porque me permitió ver no el arte tradicional mexicano, sino una revolución dentro del propio arte mexicano.

'El arte es la cara limpia de Honduras”

Usted vivió una década en Estados Unidos como migrante indocumentado, alejado de la creación artística. ¿Cuándo llegó la certeza de que el arte era su destino irrenunciable? Sí, era otro ritmo, era trabajo físico. Pero llegó el momento en el que mis hijos iban creciendo y mi esposa me dijo: “Tus hijos te necesitan”. Ya de regreso en Honduras, en los 80, me encuentro con Clara, mi esposa actual, que ha sido fundamental en mi obra, en mi desarrollo. Ella también me dijo: “Haz lo que te gusta.” Yo tenía unos 30 y pico, llegando a los 40.


En su obra se repiten ciertos símbolos: lobos, lunas, el alambre de púas. ¿Por qué? “Eso se lo dejo a los historiadores, a los psicólogos”.

Esa experiencia migratoria, ¿cómo se transformó posteriormente en materia creativa? Abordo ese tema porque lo viví, lo vi. Es bien difícil. Cada migrante es como una novela. Hay un poema de Bertolt Brecht que dice que cada emigrante anda con un ladrillo bajo el brazo para hablar cómo es su casa. Y cómo es su familia, su barrio, entonces las pláticas entre los emigrantes casi siempre es recordando el pasado. Sí, toco eso tanto en dibujo. Tengo una serie completa de migrantes.

" Su padre era de Cantarranas, perito mercantil y masón. Su madre, de San Marcos de Colón, “típicamente la mujer de San Marcos de Colón, blanca, bonita”, era ama de casa, afirma.
Gustavo Armijo

¿Cómo se produce ese tránsito de la noticia, de la lectura, a la imagen plástica? Siempre... Por ejemplo, hay noticias negativas. Y entonces trato de llevarlas a figuras. Por ejemplo, negativa fue en 2023 la masacre en la cárcel de mujeres. Entonces, tengo una serie sobre esa masacre porque fueron 36 mujeres que desaparecieron y se volvieron ceniza. La semana pasada en las redes sociales encontré una noticia positiva para Honduras. Por ejemplo, el nombre del río Ulúa. Entonces, se encuentra el nombre, pero se refiere a un barco, un barco mercante hondureño, con bandera hondureña que traslada de Europa hacia Israel cientos de mujeres, principalmente mujeres. Eso dentro del Holocausto que sufrió Israel. Entonces, trabajo así.

Honduras no es precisamente un mercado generoso para el arte. ¿Nunca sintió la tentación de hacer concesiones al mercado? Sí, sigo con mi testarudez. Hacer lo que a mí me gusta es... Si a alguien le interesa lo comercializamos. Y siempre hay, siempre hay algunos amigos hasta plazos y cosas así, le gusta y tal vez no tiene la condición económica y pues cada mes me van abonando algo y cosas así, pero sí, es una cosa bien positiva cuando alguien dice: “Me gusta tu trabajo, quiero tener tu trabajo”.

Conecta directamente su lenguaje plástico (figurativo, pero no mimético) con el momento biográfico del cambio de rumbo, es informativo y tiene ritmo.

En una ocasión afirmó que “el arte es la cara limpia de Honduras”. ¿Mantiene esa convicción? Sí lo sostengo, porque desgraciadamente la corrupción ha dado por todos lados. Y todavía no encuentro un artista corrupto (risas).

¿Percibe transformaciones en el tejido institucional que sostiene —o debería sostener— la práctica artística en Honduras? Espero que cambiemos. Siempre tengo ilusiones. Que se abran espacios de apoyo a los artistas, que se abran museos. La universidad acaba de empezar con una carrera ya a nivel universitario de artes. Eso es cosa positiva. Principalmente cada cuatro años me ilusiono de que va a haber un cambio, que va a haber un apoyo, que van a cumplir las promesas.

Si tuviese que condensar toda su trayectoria en un único adjetivo, ¿cuál elegiría? No sé si es buena o es mala... mejor se lo dejo a otros (risas).

¿Cómo le gustaría permanecer en la memoria? Como un hombre bueno

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Lourdes Alvarado
Lourdes Alvarado
Periodista

Licenciada en Periodismo por la UNAH. Content creator, proofreading, desarrollo en medios digitales, visuales e impresos.

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