Tegucigalpa, Honduras.- Llegó como jurado y se marchará, dentro de pocos días, habiendo sido también aprendiz. Invitado por la División Cultural del Grupo Financiero Atlántida, el curador, crítico e historiador del arte Óscar Manrique Ares (España) integró el jurado internacional de la 29 Bienal de Pintura del Instituto Hondureño de Cultura Interamericana (IHCI) y ahora imparte, hasta este viernes, “Construir miradas”, un taller de estrategias curatoriales a 30 artistas plásticos del país.
“Había mucha potencia, había muchas ganas también”, resume, en conversación con EL HERALDO, sobre las obras que tuvo frente a sí durante los días de curaduría y montaje de la bienal, en una región que percibe “a punto de explotar” en talento.
De la pieza que se llevó el Premio Único, firmada por Scarlett Rovelaz, no duda en decir que “podría estar en cualquier bienal del mundo ahora mismo”, y junto a Emin Banegas, ganador del Premio Novísimo, encuentra ahí la clave de lo que más le entusiasmó de la exposición: la pintura entendida “en un concepto mucho más expandido”, con la capacidad de “salirse de los límites del lienzo para generar algo más instalativo” sin abandonar el lenguaje pictórico, frente a una figuración de raíz surrealista que sigue siendo, para buena parte de la escena, la zona de confort.
Mirar antes de pintar
Para Manrique Ares, la mirada crítica es una condición de supervivencia cultural que se cultiva al salir del propio taller y entrar en contacto con otras exposiciones y otros lenguajes.
Ese mismo principio lo traslada al consejo que ofrece a los artistas que buscan profesionalizarse sin perderse en el mercado, animándolos a sacar del estudio “esas investigaciones que a lo mejor tienes miedo (de mostrar)”.
Como crítico, en cambio, se impone otro límite. La curaduría, destaca, proviene del vocablo cuidar —del latín curare— y, por ello, reivindica también el elogio, no solo el señalamiento.
Salir y volver
Esa misma visión, aplicada a Honduras, lo lleva a pensar en otros artistas del país —más allá de los premiados— que podrían insertarse en la escena española, y a un compromiso que no se agotará cuando regrese a casa.
Ocupar el espacio que se le ha dado implica “generar puentes reales entre España y Honduras”, y también aprender de un discurso centroamericano que considera tan sólido a nivel técnico como discursivo.
Sobre el futuro del arte hondureño es enfático en la internacionalización, bajo la condición de que los artistas que salgan regresen con esa experiencia, “no que salgan y se queden fuera (...) que vuelvan, tanto artistas como gestores y curadores”.
No es una idea abstracta, dice, España tiene puesto el ojo en Centroamérica, tanto por la migración artística que empieza a mirar hacia allá como por instituciones como el Reina Sofía, con un departamento especializado en arte latinoamericano desde hace años.
Honduras es el primer país de la región que visita en esta gira, después vendrán El Salvador, Panamá y México. “Para mí está siendo un regalo poder estar aquí, y agradezco el poder aprender y dialogar con artistas, profesores y curadores. Esto es un caldo de cultivo”, cerró.