Siempre

Los Confines, el festival literario embajador de Honduras para el mundo

El pasado mes de julio se celebró la sexta edición del Festival Internacional de Poesía Los Confines, un encuentro artístico en Gracias, Lempira, para creadores, editores y artistas. De regreso a nuestros respectivos países, los escritores extranjeros que lo visitamos nos convertimos en inevitables embajadores de la cultura hondureña para el mundo
29.09.2022

ESPAÑA.- Hace un año me desperté con un correo del Centro Cultural de España en Tegucigalpa en el que se me invitaba, en calidad de escritora extranjera, a un festival literario en Honduras.

Mes y medio después aterricé en San Pedro Sula, impactada por su bochorno cuando en Europa se intuía ya de forma irremediable el frío preconizador del invierno.

Era mi primera vez en Latinoamérica; me avergonzaba de poseer sobre la región centroamericana solo nociones vagas, adquiridas a marchas forzadas para preparar mi viaje.

Yo asistí a ese festival de octubre de 2021, el V Festival Internacional de Poesía Los Confines, que se levantó sobre las ruinas de la pandemia y combinó actividades presenciales y virtuales.

Lo que vi y viví allí dejó tal impronta en mí que regresé -tuve que hacerlo- para la siguiente edición, la sexta, el pasado julio. Algunos viajes te pasan por encima sin impacto, conservas de ellos cálidos pero borrosos recuerdos. Y luego hay otros viajes, muy escasos, viajes sin retorno.

El Festival de Los Confines es un punto de reunión para artistas y creadores, editores y académicos, un laboratorio de intercambio cultural e intelectual.

Durante unos días, Gracias, Lempira, y Copán Ruinas se convierten en el epicentro de la cultura hondureña, se homenajea a poetas y artistas plásticos consagrados como Livio Ramírez o Gustavo Armijo, se ofrecen talleres de creación, presentaciones de libros y conversatorios.

Cómo un festival de tal envergadura puede salir adelante en un país así es un misterio. O quizá no: a la justeza de los medios materiales se sobrepone la voluntad de un equipo humano entregado a la creencia de que no hay arma tan poderosa para el desarrollo como la cultura.

Yo lo vi en los rostros de los jóvenes asistentes a los talleres de escritura que impartí en la biblioteca Blue Lupin de Gracias.

Este espacio cultural es para ellos, para la juventud que construirá la Honduras futura.

No obstante, este evento no se queda en lo meramente nacional, en sus autores y editores, en el ombliguismo de las voces conocidas.

Va más allá, se esfuerza por atraer a creadores extranjeros, que aportamos la mirada ajena, un concepto ligado a la distancia, el asombro y la novedad, necesario para refrescar el proceso creativo de cualquier país.

A nosotros, los escritores extranjeros, nos posibilita también difundir nuestro trabajo internacionalmente. Y entre todos, locales y foráneos, demostramos que la literatura, por su esencia humana, derrumba fronteras geográficas y trasciende barreras lingüísticas.

Lo que no sabemos los escritores extranjeros que aterrizamos en Honduras es que el festival nos inocula un suave veneno: al regresar a nuestro hogar no podremos más que rememorar con nostalgia las instantáneas de aquellas jornadas y acabaremos convertidos en embajadores de la literatura y la cultura catrachas allá donde nos encontremos.

En Honduras la poesía predomina sobre cualquier otro género literario, como si fuera el modo natural de expresarse.

Felipe Rivera Burgos escribe fábulas luminosas.

Desde la intimidad y el lirismo de sus poemas, José Antonio Funes nos golpea el corazón.

La poesía de Iveth Vega se desvela filosófica y cosmológica, matemática en tanto que pugna por comprender las propiedades de lo abstracto.

He escuchado a pocos críticos de arte tan firmes y lúcidos como Carlos Lanza.

Los versos de José González parten de lo nimio para propulsarse hacia lo transcendente.

Y si escribir en Honduras es un acto de valentía, editar resulta una heroicidad no desprovista de cierta dosis de locura, como lo prueban Armando Maldonado o Giovanni Rodríguez.

A nuestro regreso los escritores extranjeros hablaremos de todo esto: se lo contaremos a los periodistas que nos entrevisten y a nuestros amigos editores -a quienes pondremos en contacto con editores hondureños-, lo plasmaremos en nuestras crónicas y en nuestros artículos de crítica literaria, el atardecer magenta sobre Celaque y el dulzor de los mangos se deslizarán sin remedio en los poemas que esbocemos.

De vuelta a Pamplona, la ciudad española en la que vivo, ceno con una amiga, le cuento mi viaje, le hablo de los escritores que conocí, le presto algunos de los libros que traje.

Tras la despedida, camino a casa por aceras limpias, sin temor a hacerlo sola y de noche. A mi alrededor todo es seguro, ordenado, pero aquí nadie me llama de vos, no hay nidos de oropéndolas colgando de los árboles ni perros mestizos a la caza de una caricia, las flores se marchitan y las personas deambulan con la mirada baja, atribuladas por el hartazgo de poseerlo todo.

Echo de menos mis trópicos, “mi país de guamil y sol ardiente”, como cantaba Guillermo Anderson, mi “Honduras, magnífica y terrible”, en palabras del poeta Jorge Federico Travieso.

Mis ojos han sido testigos del azul de Tela y del verde de Yojoa. Livio, Iveth, José Antonio, Felipe, Anarella, Néstor, Armando, Melissa, Salvador, Mercedes Sofía, Boris...: son como esas playas paradisíacas a las que solo es posible acceder en lancha desde el mar.

Yo he puesto mis pies en sus arenas, sus olas han golpeado mi cuerpo. Mi maleta permanece llena, mi viaje es sin retorno.

La autora

Margarita Leoz, escritora española invitada al V y VI Festival Internacional de Poesía Los Confines.

Nació en Pamplona en 1980. Es autora del libro de poesía “El telar de Penélope” (ganador del Certamen de Encuentros de Jóvenes Artistas de Navarra en 2007), de los libros de relatos “Segunda residencia” (2011) y “Flores fuera de estación” (Seix Barral, 2019), y la novela “Punta albatros” (Seix Barral, 2022).

Sus artículos y sus críticas literarias han aparecido en revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Revista 5W o Litoral. Algunos de sus cuentos han sido traducidos al inglés, al hebreo y al letón.

Ha sido seleccionada para el proyecto “10 de 30” de la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo), que elige a los diez mejores escritores menores de cuarenta años para promover su obra en el ámbito internacional.