Tegucigalpa, Honduras. Francisco Morazán fue un militar, político y paladín de la unión centroamericana. Sus triunfos en batalla lo convirtieron en una figura destacada de la historia de la región, pero sus memorias son el legado que mantiene vigente su pensamiento.
Desde el “Manifiesto de David”, publicado en 1841 en David, hoy Ciudad de Panamá, hasta su Testamento, Morazán dejó plasmadas reflexiones sobre los problemas, retos y desafíos de la Centroamérica de su época, así como sus ideales políticos.
En el marco del aniversario de su nacimiento, el 3 de octubre de 1792, y de la celebración del Día del Soldado Hondureño, EL HERALDO presenta una lámina gratuita y descargable denominada: “Legado de Francisco Morazán”.
La lámina ofrece un recorrido por los ideales unionistas del prócer, su pensamiento revolucionario, las reformas liberales que promovió y su respaldo a la educación, entre otros aspectos de su trayectoria, hasta llegar a su testamento.
Quién era Francisco Morazán
Francisco Morazán Quezada nació en la Villa de Tegucigalpa en 1792. Según el historiador hondureño Ismael Zepeda, fue político, militar y presidente de la República Federal de Centroamérica. También se desempeñó como ministro general del Gobierno durante la administración de Dionisio de Herrera y como jefe de Estado de Honduras.
Morazán organizó el Ejército Aliado Protector de la Ley para defender las ideas del federalismo. Posteriormente, fue electo jefe de Estado y nombrado comandante del Ejército.
El historiador Zepeda retrata algunos episodios de las batallas que contribuyeron a convertirlo en una figura militar de relevancia centroamericana. Entre ellos destaca su entrada triunfal en Ciudad de Guatemala el 13 de abril de 1829, fecha que fue declarada por la Asamblea de Honduras como fiesta Cívica de Primera Clase.
Durante los debates posteriores a la presentación del informe de aquella batalla, Zepeda detalla que algunos diputados compararon su capacidad militar con la del Libertador Simón Bolívar. Sus triunfos militares lo convirtieron en una figura emblemática del unionismo centroamericano.
Morazán fue presidente de la República Federal de Centroamérica entre 1830 y 1839 y también presidió El Salvador. En David, actualmente ciudad de Panamá, redactó una de sus memorias en 1841: "El Manifiesto de David".
Morazán escribió el Manifiesto de David, luego de su exilio indignado por las crueldades y persecuciones que sufrían sus partidarios por parte de Rafael Carrera y sus aliados Centroamericanos.
Ahí expresa sus más profundos sentimientos hacia el pueblo, hacia Honduras y Centroamérica y deja al descubierto sus deseos de compartir sus ideas de libertad y de independencia.
Posteriormente viajó a Perú para solicitar apoyo para la causa de la República Federal. Regresó a Centroamérica en febrero de 1842 y llegó a La Unión, El Salvador, a bordo del barco El Cruzador.
Sin embargo, las condiciones políticas del conservadurismo, afianzado en el poder en Guatemala, Honduras y El Salvador, impidieron una campaña militar exitosa. Morazán regresó entonces a Costa Rica.
A su regreso, en circunstancias marcadas por rencillas y traiciones, fue capturado y, tras un juicio sumario y condenado a muerte por fusilamiento en San José, Costa Rica, en 1842, según relata Zepeda en “200 Personajes”, coleccionable publicado por EL HERALDO en el marco del Bicentenario de la Independencia en 2021.
Según Zepeda, Morazán fue ejecutado el 15 de septiembre de 1842, aproximadamente a las 7:40 de la noche. El Gobierno de Honduras fue informado de su muerte mediante un despacho firmado en Trujillo el 27 de septiembre de ese mismo año.
Horas antes de su fusilamiento, Morazán dictó su testamento y expresó su voluntad de que sus restos descansaran en San Salvador. Un monumento conmemorativo en el Cementerio de Los Ilustres, inaugurado en marzo de 1882, fue durante décadas el lugar donde reposaron sus restos. Y hace unas semanas, fueron trasladados a un mausoleo ubicado a un costado del Palacio Nacional, en el centro histórico de la capital salvadoreña.
En la conmemoración del centenario de su fusilamiento en 1942, el entonces departamento de Tegucigalpa recibió el nombre de Francisco Morazán.
El Testamento de Morazán, redactado tres horas antes de su muerte, según el historiador Hondureño Miguel Calix, contiene palabras de hondo contenido, en las que además de clamar a Dios incita a los jóvenes a amar a la Patria.
“Incito a la juventud de dar vida a este país que dejo con sentimientos y deseo que imiten mi ejemplo de morir con firmeza antes que dejarlo abandonado al desorden en el cual se encuentra”, detalla un fragmento.
El pensamiento del prócer centroamericano permanece en sus escritos y documentos, entre ellos el testamento, donde dejó frases como: “Declaro que mi amor a Centroamérica muere conmigo...”.
Descargue aquí “Legado de Francisco Morazán”.