Podría un estudiante hondureño leer a Kafka o a Juan Ramón Molina, luego entender, interpretar y contarnos lo leído; o podría explicarnos la base de la teoría de los Conjuntos o el teorema de Pitágoras. Probablemente, no. Y si bajamos un poquito al origen de nuestro sistema decimal o al desarrollo de la literatura, quizás, tampoco.
En la vida diaria, en esa que enfrentamos como a un huracán, también nos toca hacer números para multiplicar el escaso salario, aprovechar las rebajas, pagar los impuestos, solicitar un crédito, abonar las facturas, entre otros dolores de cabeza; por eso es necesario tener una “alfabetización matemática”, que facilite moverse por las complicaciones de tener mucho o muy poco dinero.
Entretanto, la comprensión del idioma es todo, la supervivencia depende de que entendamos lo que nos dicen y hagamos entender lo que decimos. Cuando se conoce bien el idioma es más fácil comprender el entorno y adquirir conocimientos que mejoren la calidad de vida.
Pero lo que falla en la educación formal para que nuestros estudiantes nos dejen boquiabiertos, por todo lo que ignoran, es lo que ahora llaman “competencias”, un concepto que nace en el mundo empresarial y que encierra los conocimientos, habilidades, actitudes, sentimientos, creencias y valores, que una persona debe reforzar en la escuela, para lograr un desempeño personal y profesional adecuado y, sobre todo, feliz de hacer lo que hace.
Ahora el gobierno comenzó las evaluaciones de competencias en español y matemáticas que revelarán no solo lo que los estudiantes saben, sino, quizás lo más importante, lo que no saben.
POR QUÉ EVALUACIÓN EN ESPAÑOL. Algunas teorías científicas dicen que el hombre comenzó a hablar hace poco más de 40,000 años; primero imitando los sonidos naturales de los árboles, los ríos, la lluvia, el trueno y el volcán. Rápidamente pasó a los sonidos de los animales hasta lograr entenderse. Mientras, la teoría teológica considera que el habla fue otorgada por Dios a los hombres a través del alma.
De cualquier manera, el lenguaje vocal y gestual, aumentó inmediatamente la inteligencia y la evolución craneal, para dar espacio a un mundo de signos y sonidos, y de ahí a todo el desarrollo humano. Sin la lengua es posible que todavía estuviéramos en las cuevas manipulando trozos de piedras.
Así que el conocimiento correcto de la lengua, en el caso nuestro, el español, facilitará el aprendizaje de los hondureños. Desde los primeros años escolares el lenguaje expresivo y comprensivo le ayuda al niño a captar, analizar y sintetizar, para avanzar a otro nivel de educación. Quien no comprenda con precisión el idioma, seguro que se perderá la mitad de la misa y quedará rezagado respecto a sus compañeros y competidores.
Es evidente que en Honduras tenemos un problema terrible de desconocimiento del idioma; basta con escuchar un programa en la radio, ver la tele y leer los diarios, para enterarse que políticos, funcionarios, futbolistas, médicos, abogados, periodistas, entre tantos, atropellan el español, con el agravante de que no hay interés por mejorar la situación.
POR QUÉ EVALUACIÓN EN MATEMÁTICAS. Los sumerios dejaron grabados en piezas de arcilla registros matemáticos, tablas de multiplicar y ecuaciones; que heredaron después los babilónicos y luego los mezclaron con los conocimientos de los egipcios y los griegos, para crear las matemáticas helenísticas.
Pero el sistema chino de numeración es de lo más antiguos que se conocen y fue adoptado también por los japoneses. Los hebreos y los griegos utilizaron el alfabeto para escribir los numerales. En el siglo VI después de Cristo en India utilizaban nueve signos, que después de mezclarse con el imperio árabe nos dejaron los números que ahora usamos todos, el sistema decimal de 0 a 9, y derrumbaron en el siglo XVIII la numeración romana que ya solo sirve para numerar los siglos, los reyes, los papas y algunos relojes.
Desde esos tiempos se sabe que el aprendizaje de las matemáticas es fundamental para el dominio de otras ciencias y para resolver los problemas cotidianos. Está claro que los problemas del día a día se pueden solucionar por el lenguaje y el sentido común, pero si se conoce el álgebra será más fácil llegar a la solución.
El conocimiento de las matemáticas cambia hasta la percepción de las cosas, estimula la inteligencia. Sin embargo, desde siempre nos han enseñado a temerle, tanto como a los dentistas, y de esa falsa apreciación nos hemos quedado con lamentables índices, a tal grado, que cuando alguien es bueno en matemáticas lo consideran un genio, aunque solo aplique la simple lógica de una ciencia exacta.
POR QUÉ COMPETENCIAS. Los resultados de las competencias nos demostrarán cuánta comprensión tienen de su idioma materno los estudiantes hondureños y si son capaces de seguir las lecciones de los maestros, escritas o habladas, si pueden entender la lectura de un libro o de un diario, y si el manejo de la gramática y la ortografía les permite pasar a otras disciplinas intelectuales.
Tendrán la oportunidad de demostrar si comprendieron que el álgebra es el lenguaje de las matemáticas; quizás aprendieron a manejar la teoría de los conjuntos y el producto cartesiano; los números enteros y los racionales; la raíz cuadrada y las proporciones; o los conocimientos básicos de la geometría y la estadística. Un mundo completo para “pensar matemáticamente”.
Si aparte de demostrar sus deficiencias se corrigen todos los vacíos de los estudiantes y de los maestros, quizás en pocos años tendremos jóvenes capaces de gozar con el Quijote, de discutir un texto de Borges, o razonar sobre trigonometría y teoría de las probabilidades. A lo mejor de aquí derivarán grandes científicos, intelectuales, deportistas y hasta personas más felices.