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Louis Braille, una luz para los no videntes

Dedicó 30 años de su vida a la investigación y puso en práctica un método de lectura y escritura que hoy es utilizado por las personas ciegas

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19.02.2012

Aunque no recordaba haber tenido vista nunca, Louis Braille pudo ver normalmente hasta los tres años de edad. Nació el 4 de enero de 1809 en el pueblo de Coupvray, a unos 40 kilómetros de París; hijo de un guarnicionero. Hay informes que confirman que el pequeño se clavó en el ojo un instrumento afilado y puntiagudo de los que guardaba en el taller su padre. Rápidamente, la infección pasó de uno a otro ojo y en tan solo dos años el niño se vio rodeado de una completa oscuridad.

Por entonces los médicos aún no entendían las causas de las infecciones ni cómo manejarlas. Tendrían que pasar años hasta que el científico Louis Pasteur descubriera cómo se desarrollan y se transmiten las infecciones…

Y aún habría que esperar unos 100 años más para que Alexander Fleming descubriera la penicilina, el primero de los antibióticos.
LOCURA. Los invidentes en siglo IX eran considerados como los locos, una pesada carga. Durante siglos se pensó que la ceguera estaba relacionada con la falta de inteligencia, de allí que fueran marginados: los padres los mantenían a regañadientes y en el caso de familias pobres solían enviarles a un asilo.

Así pudo haber transcurrido la vida de Louis. Sin embargo, a los seis años la providencial llegada de un nuevo párroco y de un joven y entusiasta maestro de escuela cambiaron el curso de su vida, ambos comprendieron que ese niño despierto e inteligente, a falta de vista, había desarrollado extraordinariamente el oído y el tacto. Debía asistir a las clases y compartir con normalidad la vida escolar de los demás chicos del pueblo.

Colocado en un banco junto al maestro, Louis entendía y memorizaba instantáneamente todo lo que escuchaba, enriqueciendo su imaginación con la descripción de lugares o hechos históricos que se les relataban.
AYUDA. En 1819, a la edad de diez años, sus dos providenciales tutores le consiguieron una plaza, incluso una modesta beca que pagara su estancia en la Institución Real para Niños Ciegos de París. Un edificio lóbrego en el que Louis ingresó esperanzado, pero también angustiado… ¿Le resultaría difícil moverse, entre extraños, en ese lugar desconocido?

Los profesores impartían oralmente la lección y, para su gran asombro, había algunos libros especialmente preparados para ciegos. Louis empezó a aprender a leer. Se trataba de un método desarrollado por Valentine Haüy, el fundador del colegio, que consistía en presionar un papel fuerte sobre unos caracteres de plomo, de gran tamaño para hacer letras en relieve. Todo ello producía unos libros grandes y pesados, pero la lectura era muy lenta; como cada letra era tan grande cuando llegaban al final de una frase, a menudo no recordaban el comienzo.
DESCUBRIMIENTO. Se le daba muy bien la artesanía: cestería, tejer, fabricar zapatos.
¡Y sobre todo la música!, la flauta, el piano… Louis tenía talento y descubrió que la música le producía un gran placer.

Hacia 1821, visita el colegio un capitán de artillería del ejército del rey trayendo una propuesta interesante: había inventado una forma de escribir usando combinaciones de puntos y rayas en relieve para que las órdenes militares pudieran ser leídas en plena oscuridad. El sistema fue llamado escritura nocturna, o sonografía.

¡Puntos! Los alumnos se dedicaron con entusiasmo a practicar con este nuevo invento. Louis estaba maravillado, pues ahora no solo podrían leer, sino también escribir, pero cuanto más lo dominaba se daba cuenta de que aún presentaba problemas: eran representaciones de sonidos. No de letras… y a los trece años comenzó su búsqueda con gran imaginación y un tremendo empeño, aprovechando ratos libres y las vacaciones de verano, cuando comenzó el nuevo curso, en octubre, su alfabeto estaba ya terminado.

Acababa de lograr lo que él siempre llamó el pequeño sistema de escribir mediante puntos, sin sospechar que con el paso de los años su pequeño sistema sería el alfabeto internacional de las personas ciegas, mundialmente conocido como Método Braille. Era, sin duda, el amanecer de una nueva época.

Nunca dejó de trabajar para perfeccionarlo; más adelante incluiría números, signos matemáticos y notas musicales. Pero tendrían que pasar por muchos años hasta que fuera adoptado oficialmente, incluso por la propia institución.
MENTOR. En 1826, con la edad de 17 años, pasa de ser estudiante a convertirse en un excelente profesor de ciegos: enseña álgebra, gramática y geografía a los alumnos más pequeños. A los 19 es nombrado oficialmente profesor de la institución. Su talento para la música le llevaría, años más tarde, a ser organista en varias iglesias de París.

De salud delicada, durante los primeros años de la década de 1830 Louis enfermó a menudo. Aquel insalubre colegio, en el centro de una sucia y atestada zona de París, le generó una tuberculosis que iría evolucionando hasta acabar con su vida.
PRUEBAS. No fue fácil la victoria. Las dificultades vinieron al comienzo de 1840 en la persona de un nuevo director del colegio que se empeñaba en que los ciegos tenían que utilizar el mismo alfabeto que los videntes, con los tipos en relieve. Como nuevo inquisidor, mandó quemar todos los libros impresos con el sistema de puntos, y se propuso que los alumnos aprendieran a leer de nuevo, acostumbrándose a tamaños y formas completamente diferentes.

Pero los muchachos se aferraron obstinadamente al Braille. Se enseñaban unos a otros en sus ratos libres y lo usaban para apuntes y su propia correspondencia. El nuevo director prohibió que lo utilizaran, y ellos se negaban a abandonarlo, insistiendo que era mejor cualquier otro sistema.

El reconocimiento oficial no llegó hasta febrero de 1844, fecha de la inauguración de un nuevo colegio construido por el estado. Para sorpresa de Louis, en el discurso inaugural se supervisaron unas demostraciones ante el público que demostrarían lo eficaz del sistema.

Una niña ciega escribió en Braille un poema que le fue dictado por uno de los asistentes. Otra niña que no había estado presente entró y leyó con fluidez el papel escrito. Luego, el director hizo que uno de los profesores escribiera un compás musical dictado por uno de los asistentes. Otro alumno ciego entró en la sala y lo leyó sin cometer ninguna equivocación. La lectura y escritura se realizaba con gran facilidad y rapidez. El público estaba impresionado y estalló en grandes aplausos. Louis Braille comprendió que la batalla estaba definitivamente ganada.

Murió el 6 de enero de 1852, dos días después de su 42 cumpleaños. Perseverante y metódico, con un prodigioso poder de concentración, sus treinta años de esforzada investigación habían hecho más por las personas ciegas que siglos de caridades y limosnas.

Braille murió con tanta sencillez como había vivido, desconocido por sus contemporáneos, pero solo tres décadas su nombre sería reconocido en el mundo entero, siento comparada la trascendencia de su invento al de la impresora de Johannes Gutenberg.