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Elena Poniatowska, la princesa polaca, es premio Cervantes

La escritora mexicana de origen polaco, cuya pluma expresa dilemas y realidades humanas y retrata a mujeres atípicas, audaces, desafiantes, valientes y luchadoras, recibirá la presea máxima de las letras iberoamericanas.

30.11.2013

En sus libros hay rebeldía, hay mujeres desafiantes y bravas, hay admiración por las madres valientes, hay reivindicación de aquellas mujeres olvidadas, atípicas y audaces. Y lo hace a su estilo, el de una escritora excepcional, cuyos textos, según el mexicano Carlos Monsiváis están plasmados en “el modo en que su presencia en los lectores se da siempre en forma de diálogo”.

Elena Poniatowska, la escritora que convirtió a México en su patria desde que tenía 10 años, la mujer cuya pluma expresa dilemas y realidades de diversos tipos de personas, algunas marginales y desposeídas, otras privilegiadas y artistas, muchas luchadoras y gente común y corriente, pasó de ser la princesa polaca a la reina cervantina.

La autora de “Lilus Kikus” ,“Leonora” y “La noche de Tlatelolco” será reconocida el 23 de abril de 2014 con el premio Cervantes, considerado el Nobel de Literatura en español.

PRINCESA REAL. No es raro ni ninguna broma que su nombre de pila sea Hélène Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska Amor.

Y menos, como dice entre líneas un artículo de la edición española del diario ABC, si su padre es el príncipe Jean Joseph Evremond Sperry Poniatowski, descendiente de la familia del rey Estanislao II Poniatowski de Polonia.

Elena Poniatowska nació princesa y, con el anuncio de que acaba ser electa premio Cervantes, ya es una reina.

Pero su vida estuvo lejos de cualquier palacio. Hija de una mexicana exiliada que tuvo que dejar su tierra cuando Pancho Villa y sus muchachos se hicieron dueños del país balacera a balacera.

Más tarde, ya en México y luego de huir de la Europa en ruinas de la Segunda Guerra Mundial, sus padres la enviaron a estudiar a Estados Unidos en 1942 y a su regreso comenzó en 1954 una carrera en el periodismo que la llevó a trabajar en diarios como “Excélsior”, “Novedades” y “La Jornada”.

Ahí en las salas de redacción de estos medios escritos descubrió paralelamente una vena literaria que tras su primer libro, “Lilus Kikus” (1954), la convirtió en una de las escritoras mexicanas contemporáneas más comprometidas y “una de las voces más poderosas de la literatura en español en estos días”, según el jurado del Cervantes.

Y es que, como reza un artículo de la publicación digital Proceso.com.mx, Elena Poniatowska es una mujer inconforme y valiente. Por eso escribe sobre mujeres atípicas y audaces como Jesusa Palancares, Tina Modotti, Elena Garro y Leonora Carrington; y también escribe sobre mujeres olvidadas (como Angelina Beloff), sobre las empleadas del hogar, las costureras y las soldaderas de la Revolución.

Según la publicación, la creatividad y el talento narrativos posibilitan a quien escribe enunciar lo que tiene que decir: su propia verdad. Esa “verdad” de Elena ha cobrado forma en sus varias expresiones literarias: novelas, cuentos, ensayos, reportajes, entrevistas y crónicas. Simone de Beauvoir decía que “una escritora es ante todo una mujer que ha consagrado su vida a la escritura y que no ha tenido lugar para otras ocupaciones llamadas femeninas”.

Pero este no es el caso de Elena Poniatowska. Tuvo tres hijos, ha atendido a un marido exigente y le roba tiempo a sus obligaciones femeninas, familiares y políticas para escribir.

Además, la política le importa mucho y le ha implicado recibir varios tipos de agresiones. Pero esto es superado por su compromiso con diversas causas feministas.

Pero como dice el sitio almería.es, ni las causas por las que ha peleado a lo largo de su vida ni la aristocracia polaca y cosmopolita que arrastra su apellido han impedido que se cuele en las vidas de quienes la leen y no ha entorpecido su capacidad para percibir las injusticias y desigualdades que generamos y traducirlas en libros.

“Con su periodismo literario ha rescatado el testimonio vivo de la mujer campesina, la lavandera o la costurera y lo ha elevado a los universales del conocimiento”, detalla la publicación.

Y es que, en sus crónicas, en sus cuentos o entrevistas, hay una reivindicación constante de la justicia. Y siempre ha estado en medio de hechos importantes de la historia política y literaria de iberoamérica.

Si no, solo hay que recordar cómo aquel día 12 de febrero de 1976, en que Poniatowska fue testigo en la capital mexicana del soberano golpe a la mejilla que Mario Vargas Llosa le propinó a su entonces ya examigo Gabriel García Márquez. A la escritora le tocó pedir un filete para colocórselo a Gabo sobre las huellas de aquella histórica trompada.
Pero no solo Gabo y Llosa, o Fuentes y Monsiváis han formado parte importante en la vida de Poniatowska, “entre 1959 y 1960, Elena conoció a un tal Maqroll, de profesión naviero, al que visitaba en la cárcel todos los domingos, pues el tal Maqroll (otros apuntan que se llamaba Mutis) estaba en prisión después de ser detenido por la Interpol. Quién sabe si entre ellos hubo un romance a la marinera, repleto de tatuajes, y si él, hermoso y rubio como la cerveza, llevaba en el brazo tatuado un nombre de mujer, quizá Elena”, detalla el artículo de ABC.es.

Aunque esas historias quedaron para la imaginación, ya que en 1968 Elena Poniatowska se casó con el astrofísico Guillermo Haro.

LA INTENSIDAD DE SU OBRA. Pero no se puede navegar por la vida de la escritora polaca sin conocer sus libros.

Según el novelista mexicano Juan Villoro, su obra más influyente es sin lugar a dudas “La noche de Tlatelolco”, retrato coral del movimiento estudiantil reprimido por el presidente Gustavo Díaz Ordaz en 1968.

El libro es el resultado de dos años de intensa búsqueda en los que Elena visitó a los estudiantes y maestros presos en la cárcel de Lecumberri (el mismo sitio donde años antes Álvaro Mutis y el líder ferrocarrilero Demetri Vallejo le habían contado sus historias). “Ahí conoció a la generación más discursiva de México, capaz de diseñar el futuro a fuerza de palabras. Oyó con paciencia a líderes que podían hablar cuatro horas de corrido y entresacó las frases que nuestra memoria volvería célebres. No solo armó el libro con pluma; lo hizo con tijera. Siguiendo la técnica de Rulfo en Pedro Páramo, construyó un tapiz de voces sueltas. Las palabras que alguien escribió de prisa en un muro o cantó en una manifestación se mezclaron con las declaraciones de los presos. El resultado fue la gran caja negra de una ignominia”, continúa Villoro en un artículo publicado por El País en su edición digital.

El periodista detalla que el momento en que el gobierno del PRI silenciaba lo ocurrido, Elena ejercía el oficio que aprendió desde niña: oía a quienes no tenían derecho de expresión. “Si Carlos Monsiváis entendió la crónica como una oportunidad de editorializar la historia y combinar los hechos con las opiniones, Elena Poniatowska la entiende como un radar de voces que no deben perderse”, retrata Villoro.

Pero un libro que demuestra el talento de Poniatowska para hacer biografías-entrevista es su obra de ficción más reciente, Leonora, que aborda la vida y la mente de la pintora, escultora y escritora surrealista Leonora Carrington. En forma excepcional, la novelista investiga el inconsciente y aun los delirios de su protagonista. “No busca la escabrosa intimidad a la que aspiran ciertos retratos de celebridades, sino ser fiel a una estética que creyó en la libertad del pensamiento más allá del trabajo censor de la consciencia”.

La octogenaria escritora, que de niña pasaba ratos en la azotea de su casa oyendo platicar a las empleadas del hogar y contemplándolas en sus arreglos y que más tarde convirtió en líneas para sus libros, será la cuarta mujer que se alce con el premio Cervantes.

“El oído de Poniatowska merece declaraciones exclusivas de Cervantes. A fin de cuentas, el primer novelista moderno confiaba más en las palabras de los otros que en la suya. No se veía como padre sino como padrastro del Quijote. Ante la imposibilidad de ese encuentro ultraterreno, celebremos que Elena Poniatowska también merezca el Premio Cervantes”, apunta Villoro.