Honduras

Honduras: Servidores de Dios y el prójimo en La Paz

Niños, jóvenes y ancianos son beneficiados con las obras de los religiosos católicos. Las obras del padre Patricio Larrosa han sido ejecutadas en las zonas más postergadas.

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10.01.2013

SERIE 4/5

Pasan parte de su tiempo pastoral sanando las necesidades físicas e intelectuales de miles de niños y jóvenes de comunidades pobres.

Educación, salud, nutrición y prevención de violencia son algunas de las áreas donde han concentrado su aporte.

También le han apostado a la protección de ancianos y niños huérfanos con el fin de ofrecerles mejores condiciones de vida.

Su centro de trabajo han sido las comunidades de extrema pobreza del departamento de La Paz, sitio donde el sacerdote Patricio Larrosa ha marcado su legado de trabajo.

El religioso trasladó desde su natal España su entrega y amor al prójimo para centenares de familias de varias aldeas de La Paz, a través de la Asociación Colaboración y Esfuerzo (Acoes).

El programa inició en 1996 en la zona y se ha centrado en apoyar comunidades de la etnia lenca a través de varios programas educativos, construcción de viviendas y entrega de víveres, entre otros.

Entre sus obras destacan las Casas Populorum, que significan progreso para los pueblos, que funcionan en los municipios de Marcala y Florida, Opatoro.

En la casa de Marcala se alberga a 30 jóvenes que cursan estudios de secundaria. En su estadía en el hogar los beneficiados se involucran en labores agrícolas como la siembra de granos básicos y hortalizas y la cría de peces.

En estas casas se brinda educación gratuita todo el año a los adolescentes de escasos recursos económicos. A la fecha en varios departamentos del país el presbítero ha logrado construir once casas para hospedaje de jóvenes estudiantes.

Viviendas

Los proyectos de vivienda se han ejecutado en El Carrizal y Valle de Ángeles, Opatoro, con un total de 25 viviendas.

En el año 2000 ejecutó el segundo proyecto habitacional con 50 casas en la comunidad de Los Naranjos, Santa Elena.

También se ha llevado a cabo la construcción de un centro infantil, San Cayetano, en El Rifle, y un centro de salud en Valle de Ángeles, ambas comunidades de Opataro.

Otro de los programas del clérigo es la dotación de materiales educativos, actividad denominada Becas San Miguel, por medio del cual los becados reciben cada año una mochila, material escolar, uniforme, za­patos y un complemento para el uniforme de educación física.

La construcción de kínderes es otro de los programas a través de los cuales se les brinda, además de la educación, el desayuno y almuer­zo diario a niños entre dos y seis años.

Los ancianos no han sido olvidados por el sacerdote y, al igual que en otras ciudades, decenas de personas de la tercera edad han sido favorecidas con la dotación de alimentos y víveres.

Se estima que la cobertura de este programa abarca 44 comunidades rurales de los departa­mentos de Choluteca, Comayagua, Copán, El Paraíso, Francisco Morazán, La Paz, Lempira y Olancho. Por año se destinan 243,296.43 lempiras para el programa de ayuda a las personas que tienen más de 60 años y residen en condiciones de pobreza.

Voluntarios

De acuerdo con el clérigo, su labor no hubiese podido concretarse sin las personas que lo han apoyado en su iniciativa de ayuda para los más necesitados.

“El reconocimiento no es para mí, es para las personas que de forma anónima y voluntaria hacen posible que se logren estas obras sociales”, dijo Larrosa.

Según el religioso, en la actualidad cuenta con unos 200 jóvenes voluntarios que se suman a la labor de preparación de los paquetes de ayuda, así como las entregas.

“En el país los jóvenes aparecen como villanos, pero hay un alto porcentaje que se dedican a hacer el bien”.

“Desde el principio empezaron a venir amigos a Honduras, quienes al volver a España crearon asociaciones de voluntarios y el 100 por ciento de la ayuda la mandan al país”, comentó al religioso.

Entre sus colaboradores destacan sus amigos de la provincia de Granada, Huéneja, Huéscar, Motril, Almuñecar, La Herradura, Illora y Guadix. También los grupos de colaboración de Fuengirola, Cádiz, Almería, Cádiz, Sevilla, Barcelona, Cornellá, Pamplona, Zarautz, Coruña, Vigo, Madrid, Tres Cantos, Badajoz, Gran Canaria, Valencia, Gasteiz, Tenerife y Toledo.

Compromiso con los niños

La ternura y bondad femenina a favor de los menos desposeídos, en especial los niños huérfanos, salen de los brazos y el corazón de sor Edith Hernández.

La religiosa mantiene un hogar para niños desamparados en la ciudad de La Paz.

El proyecto de sor Edith se denomina Casa Hogar San José, la cual fue fundada en 2004, en donde cuida como suyos a 15 niños que fueron abandonados por sus padres.

Para iniciar, la alcaldía de La Paz le facilitó una vivienda temporal. De forma posterior se trasladó a un abandonado inmueble donde por muchos años funcionó la escuela parroquial Nuestra Señora de la Merced.

La casa hogar es sostenida por medio de donaciones de personas e instituciones locales.

“Es ayuda que Dios manda por medio de personas de buen corazón que dan víveres, dinero y provisiones”, explicó Hernández.

Los menores que llegan a la casa hogar son, en su mayoría, remitidos por las autoridades de la fiscalía.

Entre los quehaceres de los niños está leer la Biblia por la mañana y antes de acostarse; algunos asisten al kínder y los que se quedan participan en las actividades diarias del centro.

La religiosa es originaria del municipio de Cane, La Paz. Estudió para monja en El Salvador y ocupó diversos cargos, además, fue estudiante y maestra del instituto Santa Clara, de La Paz.

Luego de residir unos años en Estados Unidos descubrió su verdadera vocación: ayudar a los desamparados.

“Es algo que Dios puso en mi corazón, inspirado en la madre Teresa de Calcuta y el papa Juan Pablo II y por esta razón puse una renuncia a la Congregación Franciscana de la Inmaculada Concepción en 2003 y me dediqué a esto”, expresó.

Sor Edith recordó que los primeros dos niños que atendió eran hijos de una joven adicta a las drogas, y que con el transcurrir del tiempo la demanda creció.

En la actualidad está por desarrollar el proyecto de construcción del edificio donde funcionará el hogar para los niños sin padres biológicos que están bajo el cuidado de la religiosa consagrada.

“Dejaré esta labor hasta que no tenga fuerzas y confío en que llegará otra persona para continuarla”, concluyó.

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