Daniel Ortega, un pragmático exguerrillero marxista volcado al cristianismo, es el gobernante que más años ha ocupado el poder en Nicaragua, en periodos alternos desde 1979, y aspira a un nuevo récord gracias a una reforma a la Constitución que suprime las restricciones a la reelección presidencial.
La modificación, que requiere ser aprobada en dos legislaturas, recibió la primera votación favorable este martes y todo hace pensar que será ratificada sin tropiezos, el año próximo, por un Congreso en el que Ortega dispone de más de dos tercios de los 92 escaños que lo integran.
De esta manera, el político de 68 años, la mitad de ellos dominando la vida política del país más pobre de América, después de Haití, podrá aspirar a un cuarto mandato en 2016.
A las críticas de sus adversarios políticos, que lo acusan de tirano y le reprochan su intención de perpetuarse en el poder, Ortega responde que 'es el pueblo el que tiene que decidir' y que 'no se puede limitar al pueblo el derecho' a elegir a sus gobernantes.
Nacido el 11 de noviembre de 1945 en el pueblo minero La Libertad, en el centro del país, Ortega ha pasado de guerrillero marxista a político pragmático; de los trajes verde-olivo y las arengas anti-imperialistas, a las camisas blancas y la invocaciones a Cristo.
El papel protagónico de Ortega inició con el triunfo de la revolución en 1979, primero como miembro de una junta de gobierno y luego como presidente a partir de 1985, cargo que debió ceder en 1990 tras perder las elecciones ante Violeta Barrios de Chamorro.
Tras 16 años en la oposición, Ortega asumió de nuevo el poder en 2007 para un periodo de cinco años y en 2012 renovó el mandato por igual lapso.
La propaganda oficial que dirige su esposa Rosario Murillo le identifica como 'Daniel, presidente de los pobres', y a esa imagen responden muchas de las políticas de su gobierno.
Militantes sandinistas reparten en su nombre hojas de zinc, paquetes de comida, cocinas de gas, viviendas y lotes, títulos de propiedad, con fondos de la generosa cooperación venezolana estimada en unos 500 millones de dólares anuales.
Pero estos paliativos no han cambiado en el fondo la realidad social del país, en el que un 42,7% de la población vive en la pobreza y más del 50% está desempleada o subempleada.
Como presidente, Ortega tiene pocas apariciones públicas, generalmente de noche; no da conferencias de prensa y gobierna desde su casa, en una zona residencial al oeste de la capital, protegida por altos muros y militares armados que vigilan desde torretas.
Ahí, también funciona la secretaria del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).
En las carreteras se alzan enormes vallas con la imagen de un Ortega sonriente y con la mano alzada, que parece estar saludando a transeúntes y conductores.
Pero cuando el gobernante se desplaza por la ciudad en un carro Mercedes Benz, que él mismo conduce, es protegido por una caravana de unos 15 vehículos con sirenas, que corren a gran velocidad por las calles, previamente despejadas por la Policía.
De estatura promedio, un poco de sobrepeso y avanzada calvicie, Ortega cuida su privacidad al extremo que nadie sabe cuál es su comida favorita o los libros que lee, y a diferencia de otros mandatarios de la región, no está en las redes sociales como Facebook o Twitter.
'El comandante Ortega', como le dicen sus seguidores, es padre de nueve hijos, de los cuales seis son con su esposa Rosario Murillo y tres de anteriores matrimonios de la primera dama, entre ellos Zoilamérica Ortega, que en 1998 le acusó de abuso sexual desde que tenía 11 años, lo que la familia niega.
A Ortega y familia se les vincula a negocios relacionados con el turismo, medios de comunicación, combustible, pesca, transporte, entre otros negocios impulsados al amparo del poder y la millonaria cooperación que ha recibido de Venezuela.