Entre las espesas montañas del municipio de Cedros se esconde el caserío El Chagüite, una pequeña comunidad de viviendas escasas y pobladores laboriosos.
La distancia de 30 kilómetros con la civilización hace que la comunidad permanezca condenada al olvido por parte de la autoridades locales.
Pero Don Lápiz y Don Borrador, los dinámicos personajes de La Maratón del Saber, nunca se olvidan de los estudiantes de este humilde sector.
En los 10 años de la campaña el equipo de EL HERALDO conoce muy bien sus necesidades, por eso nos internamos de nuevo en la comunidad para equipar a los estudiantes.
Al estacionar el vehículo en la entrada de la escuela José Cecilio del Valle, nos sorprendió el silencio en que permanecían las dos aulas de adobe que conforman el centro educativo.
Concentrados en ejercicios de matemáticas y caligrafía encontramos a los 118 escolares que se mostraron sorprendidos cuando irrumpimos en los salones de clase.
Al conocer el motivo de nuestra visita, Wilson Arteaga dejó de lado su diminuto pedazo de lápiz carbón de apenas seis centímetros para escuchar la buena nueva. “¡Hoy estrenaremos cuadernos y zapatos!”, dijo con un brinco de alegría.
Su entusiasmo contagió a sus compañeritos quienes casi de inmediato salieron al patio para recibir el material educativo.
Para conocerlos un poco más y llenar sus corazones de alegría organizamos una pequeña competencia de atletismo.
Como gacelas le ganaron una y otra vez la carrera a Don Lápiz y Don Borrador.
Después de la jornada de diversión iniciamos la ansiada entrega.
¡Qué lindos cuadernos!
Los maestros Juan Padilla y María Medina organizaron en filas a los estudiantes para que recibieran los cuadernos, kits de lápices y libros Aprende Conmigo.
Los niños irradiaron felicidad cuando observaron los modernos cuadernos con carátulas traslúcidas de vehículos de carreras y las niñas comentaban la belleza de los dibujos rellenos con escarcha de sus libretas.
El equipo de EL HERALDO se encargó de distribuir en las manos de cada uno de los estudiantes el material indispensable para su formación.
Con la entrega de los zapatos la emoción de vivió al máximo. Los escolares se sentaron en filas en las gradas de la escuela para ser calzados.
Uno por uno fueron llamados para cambiar las viejas sandalias y botas de hule por unas cómodas zapatillas negras.
Y en otros casos, muchos por primera vez calzaron sus pies desnudos y curtidos por la tierra y el lodo, después de caminar hasta dos horas para llegar a su centro de estudio.
María de Jesús Soto, una pequeña de ocho años que cursa el segundo grado, esperaba ansiosa su turno.
Cuando se leyó su nombre corrió ansiosa para recibir su par de zapatos nuevos. “Están lindos... ¡Muchas Gracias..!”, fueron sus palabras de agradecimiento.
En el proceso de calzado, encontramos muchos piecitos llagados por el uso de botas de hule sin la protección de calcetines. Los pies descuidados fueron confortados con suaves calcetines de algodón.
Cada pequeño se trasladó a su hogar con sus brazos cargados de cuadernos y sus pies seguros y el rostro cargado de felicidad al saber que su permanencia en la escuela estaba garantizada.
Hasta los maestros recibieron cuadernos únicos para realizar sus planificaciones de clases.
Un detalle merecido, pues se mudan al pueblo cada domingo y caminan dos horas por un empinado camino para llegar hasta los hogares donde les dan posada.