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Guardar el dinero en la ropa interior, esconder los celulares en los calcetines y obviar el uso de carteras son algunas de las estrategias que utilizan los más de 700 mil usuarios del transporte público para no ser asaltados.
Sin embargo, ni las más insólitas medidas de seguridad han librado a los usuarios de convertirse en víctimas de la delincuencia común.
Marcelina Reyes, una pasajera que a diario utiliza hasta cuatro unidades de transporte para trasladarse de su hogar al trabajo, conoce bien estas formas de evadir a los delincuentes.
Y aunque se ha vuelto una experta en librarse de cuantiosas pérdidas, asegura que si sumara el costo de cada cosa que le han arrebatado, ya habría comprado su auto propio, pues lleva 30 años movilizándose a bordo de las unidades.
“Si apenas me rosa una persona cuando voy de pie, ya tengo temor, en mi vida ya perdí la cuenta de las veces que me han asaltado en los buses o taxis y cada que vez me subo en una unidad rezo hasta 50 Padres Nuestros para alcanzar la serenidad”, comentó.
Doña Marcelina es solo una de los miles de relatores de batallas ganadas y perdidas contra los asaltantes en las unidades de transporte público.
De acuerdo al último estudio de movilidad realizado por la Alcaldía, el 100 por ciento de los usuarios del buses, taxis o rapiditos han sido asaltados en más de una ocasión este año.
El estudio para la Implementación del Plan de Movilidad Urbano Sostenible y el Trans 450 revela que el 80 por ciento de los pasajeros se sienten inseguros en estas unidades.
La ola expansiva de actos delictivos campea en cualquier tipo de medio de movilización público en la capital.
Para el caso, el 59 por ciento de los usuarios de taxi han sido despojados de sus pertenencias al menos una vez y el tres por ciento cargan sobre sus espaldas más de tres asaltos.
La historia es similar en los buses de servicio rápido y regular, donde el 48 por ciento de los pasajeros han sido asaltados al menos una vez y el 10 por ciento en más de tres ocasiones.
De acuerdo a la frecuencia en los asaltos, el informe establece que al año se perpetran en las unidades de transporte medio millón de asaltos.
La mayoría de estos asaltos se produjeron, especialmente, en los modos de bus regular y rapidito.
Según Isabel Loyola, experta en movilidad y asesora en la ejecución del estudio, la red actual de transporte público en el Distrito Central presenta un conjunto de deficiencias que la convierten en un modo de transporte ineficiente, inseguro y poco atractivo para los capitalinos.
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Materias pendientes
Pese a que las autoridades de la Dirección General de Transporte (DGT) garantizaron -cuando introdujeron las 250 unidades del servicio rápido- una mayor seguridad, la situación no ha variado.
Asimismo, en febrero pasado se instalaron 186 cámaras en los buses de la Asociación de Transportistas de la UNAH (Astraunah), como parte de un programa piloto de resguardo, que se estimó sería ampliado a todo el país.
Con este sistema de seguridad se logró captar algunos hechos delictivos abordo, pero hasta la fecha aún no se conoce de delincuentes procesados gracias a esta evidencia.
Las autoridades de la DGT aseguraron que se solicitaría una reforma al Código Penal a fin de lograr que las imágenes se tomaran como prueba fehaciente para arrestar a los asaltantes, pero la iniciativa solo se quedó en palabras.
A finales de septiembre, para acallar las quejas de indefensión de los usuarios, las autoridades retomaron la vigilancia de las unidades de transporte por militares.
El programa se lanzó en 20 rutas de la capital, pero a dos meses de la ejecución, los capitalinos se quejan por la desaparición de los elementos del Ejército y la Policía Nacional.
Rodrigo Varela, un capitalino que habita en La Travesía, donde se inauguró el programa, comentó que con suerte una vez por semana ve un policía o soldado en los buses.
Ante la queja el ministro de Seguridad, Pompeyo Bonilla, aseveró que el programa de seguridad esta vigente y que cualquier denuncia del usuario debe ser investigada.
“Es una responsabilidad que se dejó a las Fuerzas Armadas, pero si la gente se queja de ausencia de elementos será un tema que se replanteará en el Consejo de Seguridad Nacional”, aseveró.
Mientras tanto la población aguarda por un plan de seguridad integral en el transporte urbano.
Usuarios a merced de otro aumento disfrazado
La improvisación continúa llevando a las autoridades de la Secretaría de Obras Públicas, Transporte y Vivienda (Soptravi) a realizar pruebas y errores para mejorar el sistema de transporte público.
Como nueva alternativa de movilización, el titular de esta dependencia, Miguel Ángel Gámez, anunció en una radio local, la introducción de una nueva flota de buses.
Las 1,200 unidades que serán importadas de Corea del Sur tienen la capacidad de trasladar a 60 pasajeros, pero de ellos solo 14 podrán viajar sentados.
“Estas unidades solo tienen una hilera de asientos que se van a destinar a personas de la tercera edad, mujeres embarazadas y personas discapacitadas”, explicó.
Los demás pasajeros viajan en estas unidades a pie, sostenidos de unos tubos que cuelgan del techo de las unidades.
A juicio de Gámez, la ventaja de este servicio es que son unidades de buena calidad y los pasajeros viajarán en ambiente climatizado.
El costo para cambiar la actual flota de unidades en la capital es de 700 millones de dólares, que equivalen a 14 mil millones de lempiras, que serían adsorbidos por los transportistas que deseen adquirir las unidades.
Pero al hacer el cambio los usuarios deberían pagar 7.00 lempiras, es decir que la tarifa sufriría un incremento de 3.00 lempiras.
Nuevamente, los empresarios del transporte tratarían de hacer que los usuarios les financien el cambio de las unidades.
Gámez detalló que se espera introducir las primeras unidades a finales de este año, las cuales comenzarían a operar en enero de 2013.